sábado

LECCIONES DE VIDA (10) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


2 / LA LECCIÓN DEL AMOR (1)

El amor, ese sentimiento que nos cuesta tanto definir, es la única experiencia verdaderamente real y duradera de la vida. Es lo contrario del miedo, es la esencia de las relaciones, el núcleo de la creatividad, la gracia del poder, una parte compleja de quienes somos. El amor es el origen de la felicidad; es la energía que nos concreta y vive en nuestro interior.

El amor no tiene nada que ver con el conocimiento, la educación o el poder, pues está más allá del comportamiento. También es el único don de la vida que no perdemos nunca. Y, por último, es la única cosa que podemos dar de verdad. En este mundo de ilusiones y sueños, en este mundo vacío, el amor es la fuente de la verdad.

Sin embargo, a pesar de su poder y grandeza, es difícil de alcanzar. Algunas personas dedican su vida a buscar el amor. Tenemos miedo de no conseguirlo nunca, de encontrarlo para después perderlo o no hacerle caso; tememos que no sea duradero.

Creemos saber cómo es el amor porque nos hicimos una idea de él cuando éramos niños. La representación más común es el ideal romántico, la creencia de que, algún día, encontraremos a ese ser especial y entonces nos sentiremos completos, todo será maravilloso y viviremos felices para siempre. Pero, como es lógico, cuando en la vida real tenemos que añadir detalles que no son tan románticos, cuando descubrimos que la mayor parte del amor que damos y recibimos es condicional, se nos rompe el corazón. Incluso el amor que sentimos por nuestras familias y amigos y el que recibimos de ellos se basa en expectativas y condiciones. De forma inevitable, esas expectativas y condiciones no se cumplen, y los detalles de la vida real se convierten en la trama donde se tejen nuestras pesadillas. Descubrimos entonces que tenemos amistades y relaciones sin amor, y despertamos de nuestras ilusiones románticas en un mundo que carece del amor que esperábamos cuando éramos niños. Más tarde, adoptamos la visión adulta del amor y lo vemos todo de una forma realista y amarga.

Afortunadamente, el amor verdadero sí es posible. Podemos sentir aquel amor que soñábamos. Ese amor existe, pero no la manera como nos hemos acercado a él. El amor verdadero no se encuentra en nuestro sueño de encontrar a nuestra media naranja o al migo del alma. La plenitud que buscamos está aquí y ahora, con nosotros y en nuestro interior, en la realidad. Sólo tenemos que recordar.

La mayor parte de nosotros deseamos un amor incondicional, un amor que surja por ser quienes somos más que por lo que hacemos o dejamos de hacer. Si tenemos suerte, mucha suerte, quizás hayamos sentido unos minutos de ese amor en nuestra vida. Por desgracia, la mayor parte del amor que experimentamos está sometido a muchas condicionantes. Somos amados por lo que hacemos por los demás, por el dinero que ganamos, por lo divertidos que somos, por nuestra forma de tratar a nuestros hijos y de cuidar a nuestra casa, etcétera. Nos resulta difícil amar a las personas simplemente por ellas mismas. Es como si buscáramos excusas para no amar a los demás.
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