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INGENIERO ELADIO DIESTE SAINT MARTIN - EL SEÑOR DE LOS LADRILLOS


Nació el 1º de diciembre de 1917 en Artigas. Como proyectista de Puentes y Estructuras trabajó en el Ministerio de Obras Públicas y en la Comisión de la Represa del Rincón del Bonete (RIONE). Según lo ha señalado el arquitecto Mariano Arana en la colección Sumarios (volumen Vlll, año 4 Nº  45, julio de 1980, Buenos Aires) “sus experimentaciones iniciales en bóvedas de ladrillo se remontan al año 1945, a raíz de su ocasional colaboración con Antonio Bonet, y desde entonces su indagación en torno al uso de la cerámica armada no ha cesado.
“En el correr de estos últimos treinta anos ha llegado no sólo a imponerlo como material conceptualmente nuevo, sino también a ensayar su muy variada gama de posibilidades constructivas y estructurales. Vigas muro de ladrillo armado, superficies alambradas, cáscaras auto portantes de simple y doble curvatura salvando luces de considerable extensión con secciones transversales de sorprendente esbeltez, y sencillez de procedimientos constructivos, constituyeron recursos en los que Dieste fue adquiriendo una seguridad creciente (…)”  “Convencido de que no bastaba la tenacidad del investigador de laboratorio para analizar la potencialidad de sus audaces concepciones, se aventuró como constructor a llevarlas a la práctica, demostrando su validez teórica, su economía y su positiva eficacia.”
La importancia de su obra ha concitado el interés internacional, distinguiéndose como creador de relevancia en América Latina en el campo de su especialidad. Entre sus obras principales cabe señalar las siguientes: Depósito del diario “El País” (1956); Iglesia parroquial de Atlántida (1958); Planta de montaje de la empresa TEM (1960); Iglesia de San Pedro, en Durazno (1967-71); Gimnasio Hebraica-Macabi (1968); CALNU (1968-69), con bóvedas construidas hasta 23 metros de alto, pilares y molde de la misma altura; Parador Ayuí (1976), de 21 metros de altura y cúpula cónica auto comprimida por sus volados; Depósito del Puerto de Montevideo (1978), Planta Industrial de “Refrescos del Norte S.A.” (Salto), 1978-79; Silos horizontales de sección parabólica en Young y Vergara; Silos para Saman, Cooperativa de Young, Terminal de Ómnibus de Salto, Planta de industrialización de frutas de la empresa Masaro, próxima a Joanicó y las obras realizadas en Brasil (Mercado de abastecimiento en Porto Alegre, Brasil 1969) y el de Maceió, en las cercanías de Recife (1971). Es asimismo socio de ICLA Ltda., coproyectista de obras de Salto Grande. Algunas de sus obras han sido realizadas en colaboración con el ingeniero Montañez. Eladio Dieste Saint Martín se graduó en 1943 con el título de ingeniero en la Facultad de Ingeniería de Montevideo, en la que luego ejerció la docencia, desde ese mismo año y hasta 1973 -año en que fue intervenida la Universidad- como profesor de “puentes y grandes estructuras” y director del Taller de Ingeniería Civil (seminario de Proyectos de Investigación). Ha dictado conferencias en Argentina en varias facultades de Ingeniería y Arquitectura (en Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Tucumán y en el Bouwcentrum de Buenos Aires) y fue enviado por la UNESCO a distintos países de América.
Es autor de diversas publicaciones, entre ellas una completa reseña sobre sus trabajos, titulada ” La cerámica armada”, editada por “formas para la construcción”, Nº  5, octubre de 1982, Buenos Aires. Su personalidad ha merecido una obra de Juan Pablo Bonts, publicada en la colección “Arquitectos Americanos Contemporáneos”, de la Universidad de Buenos Aires.

EL CATÁLOGO

El catálogo de la exposición del uruguayo Eladio Dieste tiene dos tomos: si el primero documenta los edificios, el segundo se dedica íntegramente a los métodos de cálculo. Este gran arquitecto es ingeniero, y su obra muestra con elocuencia el esplendor de las formas generadas por la lógica estructural, haciendo buena la convicción clásica y arcaica de que la belleza habita en la verdad. Este constructor menudo, dulce y sabio ha levantado en Uruguay, Argentina y Brasil un conjunto de hangares, de almacenes y de iglesias que constituyen uno de los episodios más afortunados y emocionantes de la arquitectura contemporánea de América Latina. Producidas por la reunión de la sensibilidad y el cálculo, las cáscaras cerámicas de Dieste cubren fábricas, mercados o templos con superficies ondulantes, luminosas y cálidas que salvan distancias improbables: la reunión del ladrillo y el acero en la cerámica armada engendra una familia insólita y seductora de formas surreales y sensatas.
A Dieste le gustaba citar a su profesor de Análisis Matemático en la Universidad de Montevideo: “el teórico que fracasa en la realidad es porque no es suficientemente teórico”. En su caso, el éxito técnico, económico y estético de sus bóvedas de doble curvatura y sus láminas plegadas tiene sin duda un fundamento teórico; pero un fundamento que, lejos de ser exclusivamente matemático o estructural, se sitúa más bien en el terreno general de las convicciones intelectuales y morales. La elegancia delgada de sus cubiertas interminables, la opulencia escultórica de sus muros reglados y la luz rítmica de sus interiores sagrados o industriales no proviene sólo del cálculo ingenieril; apoyándose en él, se apoya aún más en la certeza de que proyecto y construcción son inseparables, en el convencimiento de que materiales y formas se eligen en función de procesos y destrezas, y en la fidelidad tenaz a una ética de lo necesario que rechaza lo superfluo con indignación técnica y estética. Dieste muestro con su obra que no hay nada más práctico que una buena teoría; pero una teoría que en su caso es casi un credo.



MAESTRO CONSTRUCTOR                                                    -

De las ondas de anémona de la iglesia de Atlántida -su primera obra arquitectónica, terminada en 1960- a los muros grávidos como odres del centro comercial de Montevideo, finalizado en 1985, hay un cuarto de siglo de experiencias en paredes de superficies regladas y láminas plegadas, que incluye todos sus edificios religiosos. Entre las cejas esbeltas y aéreas de la fábrica TEM de 1962 y la cubierta de 50 metros de luz construida en 1979 sobre un almacén del puerto de Montevideo se encuentra la mayoría de sus bóvedas de doble curvatura, categoría donde se inscribe la vasta superficie de cáscaras del mercado de Porto Alegre y el inmenso volumen catedralicio del silo horizontal de Young en Río Negro. Y del modesto local para la venta de automóviles de 1964 al exquisito pabellón de deportes del Club Remeros de 1980 se extienden sus bóvedas autoportantes, una colección de marquesinas de cerámica armada a la que pertenecen las livianas terminales de autobuses de Salto y los colosales hangares del metro de Río de Janeiro.

En conjunto, más de un millón de metros cuadrados cubiertos con sobria economía y expresiva elegancia por un maestro constructor que es también un maestro de vida. La suya propia, que se inició en 1917 en Artigas, Uruguay, y que tuvo la fortuna de contar con una etapa de sólida formación politécnica y humanística en Montevideo, ha tenido relación con España en diferentes momentos de su transcurso.
A través de su amistad con Joaquín Torres García, el pintor uruguayo de padres catalanes que repartiría su biografía entre ambos lados del Atlántico, en un primer periodo; por medio después de su colaboración con Antonio Bonet, el arquitecto barcelonés que se exilió en Argentina y Uruguay, y que le indujo a trasladar su experiencia de las cáscaras de hormigón a la cerámica, según el modelo tradicional de la bóveda catalana; y como permanente consecuencia de sus orígenes gallegos, que el trato con su pariente el poeta Rafael Dieste, exiliado en Buenos Aires, y los frecuentes viajes a su casa familiar en Rianxo no harían sino acentuar.
Estos intensos vínculos con España, alimentados en los últimos años por numerosos cursos y conferencias en diferentes ciudades de la Península, cristalizaron inesperadamente en el encargo insólito de construir tres facsímiles de sus iglesias en la madrileña diócesis de Alcalá. Así, en Mejorada del Campo se levanta ya una réplica, algo reducida de escala, de la iglesia de San Pedro, que Dieste realizó en Durazno hace 25 años; en Alcalá de Henares está en construcción una segunda versión de la iglesia de Malvín en Montevideo; y en Torrejón de Ardoz se iniciará pronto la reproducción de la iglesia de Atlántida, su proyecto primero, el más difundido, y acaso también el más inspirado de cuantos construyese este ingeniero gallego y uruguayo, cuya obra ejemplar no merece el desconocimiento que hace de ella un continente sumergido. La belleza habita en la verdad y bajo el agua.

UNA TÉCNICA LÍRICA

Las delgadas cáscaras de Eladio Dieste no sólo consiguen salvar grandes luces con espesores inverosímiles, sino que poseen un refinamiento espacial, cromático y rítmico que atestiguan la sensibilidad artística de este calculista y constructor: la proeza técnica del ingeniero es también el logro plástico del arquitecto.

El catálogo que acompaña a la exposición divide sus proyectos en tres categorías: paredes regladas, bóvedas gausas y bóvedas autoportantes. Pues bien, en sus muros ondulantes de superficies regladas, como los del centro comercial de Montevideo, la destreza constructiva se acompaña de una expresividad escultórica que es a la vez primitiva y manierista; en sus formidables bóvedas de doble curvatura, como las que delimitan la inmensa nave del silo horizontal de Young, la audacia estructural es comparable sólo a la sutileza arquitectónica; y en sus marquesinas en voladizo, como las de los hangares del metro de Río de Janeiro, la racionalidad funcional y económica es inseparable del placer visual de la repetición y del ritmo.

Fuente:  AV Monografías – Anuario Yearbook, España 1998
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