jueves

IDEA VILARIÑO - JULIO HERRERA Y REISSIG: ESTE HOMBRE DE TAN BREVE VIDA (15)


En Desolación absurda la noche está también hecha de cosas que se mueven como seres animados, que bostezan, rezongan, obedecen, fingen, acechan, pero, pese a eso, corresponde más bien al Et noctem quietam concedet Dominus… que encabeza la parte V de La torre de las esfinges. Esas tres noches tienen un espectador y un intérprete; se animan bajo el ojo de una conciencia vigilante y simpática. En los tres poemas aparece la imagen de su espíritu atravesando telarañas de prejuicios, ideas hechas, supersticiones, creencias, enigmas. Completamente transfigurada y traspasada a su realidad de paisaje en los otros poemas, en La vida guarda la forma de una comparación dentro de la cadena alegórica: “Y en su estupendo camino / perforar cual ígnea mosca / la inmensa tela de araña / de los cometas del Sino”; en Desolación absurda pasa “el meteoro / como metáfora de oro / por un gran cerebro azul;” / en La torre “se suicida en la extraña / vía láctea del meteoro / como un carbunclo de oro / en una tela de araña”. Esto en la versión definitiva; en los borradores escribe se desangra por se suicida, mostrando así mejor que la idea era el esfuerzo del espíritu desgarrándose, atravesando vallas, y mosca, como decía en La vida, por carbunclo. También depende en La vida de la alegoría lo relativo al inconcebible Abstracto: “A su divino contacto / llenábanse de monólogos / los tenebrosos ideólogos / del inconcebible Abstracto”, y se independiza en La torre, en “Todo es póstumo y abstracto / y se intiman los monólogos / los espíritus ideólogos / del inconcebible Abstracto”. La atracción erótico tanática del demonio vital, creador y devorador halla expresiones parecidas: “me espeluzna tu erotismo / que es la pasión del abismo / por el Ángel Tenebroso”, se lee en Desolación; y, en La torre: “Es un cáncer tu erotismo / de absurdidad taciturna / y florece en mi saturna / fiebre de virus madrastros / como un cultivo de astros / en la gangrena nocturna”. El antecedente está también en La vida, aunque sin el paralelismo formal, especialmente en los versos que dicen: “…un sordo placer / fúnebre me avasallaba / y sentí como una cava / en lo más hondo del ser”.
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