domingo

CONDE DE LAUTRÉAMONT (ISIDORE DUCASSE) 75 - LOS CANTOS DE MALDOROR


CANTO SEGUNDO

16

Ya es hora de ponerle frenos a mi inspiración, y de hacer una pausa en el camino como cuando se observa la vagina de una mujer; conviene examinar el trecho recorrido para partir luego de un salto impetuoso, los miembros ya descansados. Hacer una tirada de un solo golpe no es fácil, y las alas se fatigan mucho en un vuelo elevado, sin esperanza ni remordimiento. No… no conduzcamos aun más profundamente la jauría salvaje de picos y excavaciones de las minas explosivas de este canto impío. El cocodrilo no cambiará una sola palabra del vómito salido del interior de su cráneo. Tanto peor si alguna sombra furtiva, estimulada por el loable designio de vengar a la humanidad injustamente atacada por mí, abre subrepticiamente la puerta de mi cuarto, y rozando el muro como el ala de una gaviota, hunde un puñal en las costillas del saqueador de restos celestiales. Da lo mismo que la arcilla disuelva sus átomos de ese modo o de otro.
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