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SAÚL IBARGOYEN DESDE MÉXICO - ARTES POÉTICAS Y MÁS


(La Abeja Dorada / México / noviembre 1998)

A MODO DE TESTIMONIO

El poeta ni puede dar testimonio de la poesía, como una flor no puede darlo de su tallo, su raíz o su perfume. La invoca, sabiendo (o no) que no es necesaria, pero sí tan inevitable como el amor o como los pájaros. Y esa invocación adviene del mismo modo que el viento: dando cauce al ímpetu del aire. La estructura profunda de la poesía es desconocida o intuida apenas por su creador; la manera de renovar ese misterioso es ars poética, conocimiento, camino, atisbo del origen.

El poeta no debe volverse hacia las cálidas tinieblas que lo esperan; debe, sí, alejarse, deposeerse, consumirse en la ajenidad de su propia salvación. Es decir: no su sangre, no su carne, no su tiempo, sino su verbo. Su verbo, hijo como él, de lo efímero, para que permanezca -tal vez- en la sangre, en la carne y en el tiempo de los hombres.

Rivera, Uruguay, 1964


DE LA POESÍA

La poesía es fruto vivo, dimensión indefinible. Es inútil limitarla en actos académicos, en exhaustiva disección, en minucia exquisita, en fatigosos rastreos estéticos o antropológicos, en fichas y cintas magnéticas de confección cuidadosa. Su presencia equivale a la de un dios: es una ausencia ofreciendo luz y tinieblas.

Y los poetas, que con fuego antiguo encienden su antorcha indeclinable, que la inventan cuando todo vacila o muere; los poetas no vienen a traer la tinta, sino la sangre, no vienen a traer la paz, sino la espada.

Los datos de la realidad son cada vez más complejos, desbordan nuestros ojos; debajo de nuestra piel crecen los misterios, el espacio aumenta su estatura, y vemos acumularse injusticias, y hombre, y muertes. Pero el poeta asume, a través de una brizna de hierba o de una gota de sangre, todas las destrucciones vegetales que subyacen el mundo, toda la injusticia, toda la muerte, toda la sangre.

Así, la poesía es fuego devorante: la mano del poeta -ceniza, hueso, sombra- se calcina en ese avance, y, transformada en ausencia, vive en el silencio o el fragor o el susurro del Verbo.

Todo el sistema está preparado, construido contra el Verbo: hongo atómico, burocracia, corrupción, dictadura, coca-cola. El poeta es carne agónica del Verbo: el nombre esencial, que da necesidad y obligación, participación y libertad; que ilumina, que castiga, que perdura, está en su boca. Y eso habrá de salvarlos.


Montevideo, 1963


ARTE POÉTICA 97

Poeta, joven o no, nacido o no, pero aquí.
Si procuras sólo palabras, estas se frenarán por más que escribas. En cada adjetivo, en cada partícula del idioma de todos, está tu lenguaje propio y, con él, muchas voces que debes escuchar y traducir cuando escribas.
Un solo verso es la vida: lo que eres y lo que estás siendo y lo que serás y lo que fuiste -tu identidad nunca completa e irrenunciable-; un solo verso, sí, debe definirse al mover en ti tu entera existencia; definirse en cada sílaba que contigo calle y cante.
Entra en ti misma/o con la difícil libertad de cualquier luz en cualquier aire: este sigue la curva del tiempo y aquella la curva del espacio, en una huida constante que sugiere liberaciones y regresos. En lo hondo verdadero de ti, que puede estar a flor de piel, busca imágenes, sensaciones, silencios; busca tus asombros de la niñez; busca lo nuevo de tus huesos con sus células nuevas; busca los colores de cada sueño, el temblor de cada encuentro, lo oscuro de una angustia, la fuente de dolor personal y de la especie; busca la raíz de tus miedos y tus iras; busca tu invencible memoria.
No busques palabras: si te encuentras en ti y para ti, te encontrarás con los otros, y las palabras habrán de encontrarte y abrazarte: así es la Poesía.


México, DF, VI / 97
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