domingo

MERCEDES MORÁN - SENTIRSE BIEN


por Fabiana Scherer
(La Nación / 10 de julio de 2011)
PRIMERA ENTREGA
Hubo un tiempo en el que Mercedes Morán se identificaba con la diosa Afrodita, esa mujer que tanta fascinación le causaba y a la que le dedicó varias páginas en Las diosas se desnudan, libro que coescribió con su amiga Betty Couceiro. Hoy la Morán, de 55 años, dice estar más cerca de Hestia, diosa de la cocina, más precisamente del fuego que da calor y vida a los hogares. "Paso más tiempo en la cocina que en el dormitorio -dice, y deja escapar una sonrisa picarona, como la de una adolescente-. Hay algo en el ambiente que me fascina."
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¿Cocinás?
Siempre me gustó cocinar, pero ahora me relaciono de otra manera, me preocupa lo que comemos. Mi hija menor (Manuela, de 16 años) decidió dejar de comer carne, lo que me obligó a pensar en una dieta que tuviera todos los nutrientes que ella necesita. La verdad es que estoy muy cocinera.
¿También decidiste dejar de comer carne?
Como muy poca carne. Lo que intento es tener una dieta balanceada. Es importante tener conciencia de lo que nos metemos en el cuerpo. Nos alimentamos muy mal. Miro con desconfianza el mundo de los supermercados, el de los congelados. Estoy cambiando mi criterio de alimentación, me vuelco más por lo orgánico. Prefiero ir al almacén, a la carnicería, a la verdulería. Todo el tiempo estoy tratando de salirme de lo macro para volver a una escala más humana, y lo estoy adoptando en mi vida. En vez de elegir grandes ciudades, para vacacionar busco lugares pequeños. Me hace bien, necesito de esa conexión con el otro, me tranquiliza.
Dice que cuando los años pasan uno necesita sentirse en paz consigo mismo y con los otros. La búsqueda de la felicidad se hace más intensa. "No quiero sonar solemne ni nada que se le parezca, pero hay un momento en tu vida en que la idea de la muerte empieza a estar más cerca, no somos inmortales, y uno empieza a tomar conciencia de que el camino de la vida es este. Por eso es tan importante sentir paz, felicidad, y hacerle caso a lo que nos hace sentirnos bien.
¿Qué te hace sentir bien en este momento?
Por suerte muchas cosas, pero por sobre todo mi nieta, Ema (hija de María). Algunas amigas, que también son abuelas, me lo habían anticipado; lo que se genera con la gorda es una felicidad automática. Es mágico. Cuando llega a casa todo se transforma, tiene una energía única, te rejuvenece. La estoy disfrutando mucho. También disfruto ver a mi hija en el rol de madre, es una experiencia increíble. Es una madre tan hermosa, tan relajada. Ser abuela es una tarea tan liberadora, puedo darle todos los gustos, seducirla para que me adore (se ríe). Uno ya no tiene esa responsabilidad de la crianza, esa cosa tan pesada de poner límites. La verdad es que me siento liberada.
Confesa exploradora del universo femenino, la mujer que alguna vez fue Roxy en Gasoleros, Chechu en Culpables y Tali en La Ciénaga, sólo por nombrar algunos de sus personajes inolvidables, sonríe frente a la idea de que Ema extendió el mismísimo universo femenino de las Morán, ese que estaba copado por sus tres hijas (Mercedes y María, de su primer matrimonio, y Manuela, de su relación con el actor Oscar Martínez). "Mi vida siempre estuvo marcada por vínculos femeninos y sí, la saga continúa con Ema, lo que me permite seguir explorando todos los roles: el de madre, el de hija, el de esposa y ahora el de abuela."
Una necesidad que también saciás desde lo profesional...
Es lo que me empuja a meterme en la piel de diferentes mujeres, porque como actriz voy más allá de lo que cuenta la historia. A mis personajes los armo a través de los vínculos. Porque creo que la vida es así, que si hay algo que nos define es con quién estamos, con quiénes compartimos, cómo nos comportamos, qué tipo de amiga tenemos, qué tipo de pareja tenemos, qué tipo de madre, hija y abuela somos. Cada personaje me sirve para reflexionar sobre mi vida misma. Cuando miro hacia atrás descubro que siempre elegí inconscientemente personajes que me ayudaron a echar luz sobre determinados asuntos. Recuerdo que el primer personaje que hice en teatro (La influencia de los rayos gamas sobre las caléndulas) exploraba el vínculo con la madre (una especie de Agosto, obra que adaptó y protagonizó, ver aparte) y me ayudó a comprender un montón de cosas de la relación con mi mamá. De alguna manera se me revelaban cuestiones que ni siquiera había visto en terapia, y yo me analicé por muchísimos años. Salirte de vos y meterte en otra cabeza es genial, te permite tomar distancia. No hay duda de que es un valor agregado de esta profesión que adoro.
La noche anterior a que nos reuniéramos para la entrevista, Mercedes soñó con la nota. "Se lo dije recién a Emmanuel (el maquillador). La nota era esta, con ustedes, pero de la nada me decían que la idea era que estuvieran todos los que fueron mis hijos en la ficción -cuenta con sorpresa-. Y aparecían todos. Eran como quince chicos. Estaban Nicolás Cabré, Julieta Zylberberg, Leonora Balcarce. Cuántas veces fui madre."
¿Y qué significa ser madre en la ficción?
Qué el tiempo pasa y que ya no te llaman para hacer escenas de intimidad, escenas que siempre me pusieron nerviosa, en ese sentido fue un alivio. Además, ser madre me obligó a trabajar este vínculo y echar luz sobre mi rol en la vida real.
En tu caso, fuiste madre muy joven, a los 19 y a los 21. Y luego encaraste un embarazo a los 39...
Cuando fui madre de mis primeras hijas rondaba los 20 años; cuando fui madre de la tercera, tenía 20 más. En todo hay pros y contras. Supe ser una madre joven, más cercana a mis hijas, con menos miedo, con mucha más energía. A los 39, lo fui por tercera vez, obviamente no tenía esa energía, pero sí más paciencia, tuve más miedos, pero ya era un poco más sabia. Es cierto que los años me separaban mucho más, pero también es cierto que a los 20 quería comerme el mundo y estaba tras la conquista de cosas que me alejaban literalmente de ellas más tiempo que ahora. Todo momento tiene su luz y su sombra. No creo en eso de que una cosa sea mejor que la otra. Todo es un aprendizaje. También es cierto que en la medida que vas cumpliendo años hay cosas que sentís que son más preciosas que otras.

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