viernes

URUGUAY COMO PROBLEMA - ALBERTO METHOL FERRÉ


NOVENA ENTREGA

4. La necesidad de trascender al Uruguay (1)
Así retomamos el hilo y nos preguntamos, ¿puede el Uruguay prescindir de obras como la del Salto Grande? Pero esto no es más que la formulación particular de la cuestión más general: ¿puede el Uruguay actual desarrollarse solo? ¿Puede el Uruguay industrializarse con sus solas fuerzas? ¿Somos un país viable, con futuro propio, tal como hemos sido?
Nuestra viabilidad estuvo en vilo durante los tiempos revueltos. Luego la preocupación cesó, en la armonía de la economía “uniconcéntrica” de la protectora Albión. Comenzaron las resquebrajaduras. Heredero se hizo el vigilante de las condiciones de viabilidad que efectivamente se realizaban. Pero ahora, casi de sopetón, la preocupación vuelve. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué?
Aparte del hecho, de por sí sintomático, que desde los ámbitos universitarios se pregunte: “¿Cuáles son las posibilidades de independencia real, si es que existen, de un país como el Uruguay?”, cosa que hubiera sido sentido como blasfemia ridícula pocos años atrás, es más, que ni siquiera se hubiera planteado, hay como dos símbolos extremos de esa congoja de lo que el tiempo y el viento no se ha llevado. Nos referimos a Ángel Floro Costa y Carlos Quijano, las dos puntas que se atan nuevamente.
En tiempos de Latorre, Ángel Floro Costa escribe su celebre “Nirvana”. El Nirvana mentaba ese ser imposible del Uruguay independiente. Ángel Floro Costa se afiliaba a la dirección unitaria y colorada cuyo adalid era Juan Carlos Gómez, que aspiraba a la reunificación del Uruguay con la Argentina. Y profetizaba angustiado que el Uruguay solitario se precipitaba en la insignificancia histórica, marginal para siempre, condenado a vegetar tristemente o a la absorción paulatina por el Brasil: el destino a solas nos deparaba la pobre inmovilidad del no-ser, el Nirvana. En realidad, Costa sentía el “Nirvana” de su propia línea histórica, el acabamiento de una de nuestras posibilidades fundamentales, que era ser Banda Oriental. Pues lo que resultó, a partir de ese momento, contemporáneo de Latorre, fue lo contrario: la próspera consolidación del Uruguay: el temido experimento venía a ser un éxito durable. El Uruguay imposible resultó posible. Y fue una posibilidad realizada, a satisfacción de los uruguayos. Le sucedió el ser uruguayo, repleto, y no nada.
Pero ahora pareciera que la historia se repite, al cabo. El Uruguay actual se siente obturado, cavila por la persistencia de su posibilidad. La historia latinoamericana, concorde a los tumbos, se interioriza, deja las vías paralelas de la extraversión. Un nuevo Imperio vigila los movimientos y nuevos acontecimientos cambian las condiciones generales. Así, recientemente Carlos Quijano volvía a preguntarse inquieto por la viabilidad del Uruguay. Era una respuesta que venía postergando desde 1952, desde un artículo titulado “El cuarto de los juguetes”, si la retentiva no me es infiel. Ahora nos lo dice tajante: “El Uruguay no tiene posibilidades de un desarrollo autónomo y cuanto hemos intentado -sobre todo en los últimos años- a veces con heroísmo, otras con sagacidad y cuanto intentemos, tiene el signo de la precariedad, y está condenado a la frustración. Es endeble e incompleto”. Allí están a la vista, signo de los nuevos caminos históricos, ALALC, el Mercado Común, CEPAL, CELAM, las guerrillas, la FIP, la revolución de liberación nacional latinoamericana tanteando en ciernes, la industria pesada, etc. ¿Qué hacer? ¿Qué políticas de recambio? Quijano termina como Floro Costa, agobiado por el Nirvana, aunque a veces le ponga el nombre consolador de Revolución. Tan visceralmente arraigado está en el Uruguay que acaba, que el uso de la Revolución como mito, le permite desde esa altura abstracta encubrir su crítica, hecha verdaderamente desde el mismo Uruguay solitario que afirma no puede continuar, de todo aquello que se mueva en el sentido de romper el status vigente. Quijano expresa hoy, como nadie, ese Nirvana que amenaza al Uruguay, tardía resurrección de Ángel Floro Costa al revés. El uno sufría por la Banda Oriental, y su espejo invertido el Uruguay. El otro padece la contradicción, por el Uruguay a secas.

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