HOLLYWOOD
RICARDO AROCENA
El teléfono descolgado oscilaba como un péndulo, proyectando cadenciosas sombras en la pared del cuarto. Era lo único que no yacía inerte en la patética escena. El brazo extendido de Norma Jean, a centímetros del cable, era índice de que la mujer había intentado que la socorrieran, pero los hechos mostraban que el esfuerzo había sido en vano. Esta vez no habría más oportunidades, el estereotipo y símbolo sexual conocido como Marilyn Monroe, había dado su golpe de gracia a la sensible muchacha.
El sol rutilaba aquella mañana de agosto sobre la elegante vivienda de Beverly Hills cuando ingresando en la habitación, los agentes del orden presenciaron el que lamentablemente sería el último acto de la célebre diva. Con un simple vistazo adivinaron los últimos momentos de aquella mujer lacerada, que había intentado, otra vez sin éxito, ser escuchada. Cuando fueron a colgar el receptor constataron que del otro lado del tubo el insondable vacío era lo único que se percibía.
Así había sido la vida de una de las mujeres más hermosas del siglo: nada más que un imposible aislamiento. Por eso a nadie extrañó que fueran tan pocos los que acompañaron al féretro a la última morada. Uno de sus contados amigos tiempo después recordaría de Marily Monroe que: "todo la asustaba, sentía terror por la gente y por el mundo, por eso fue traicionada y usada como objeto".
Marilyn había sido una construcción de la industria cinematográfica, que precisaba, según lo reconoció públicamente el cineasta John Houston, una "rubia fuera de serie, sensual, provocadora, y que además tuviera cara de ángel", para convertirla en uno de los mitos vivientes de la sociedad de consumo.
"Hollywood le dio la vida y le causó la muerte", titularía la prensa de la época, haciéndose eco de lo que pensaba todo el mundo. Es que la fina sensibilidad de la Monroe, no había soportado que se la condenara a no ser mucho más que una mercancía. Habían invertido demasiado en ella: su cara, sus gestos, sus modales, su cuerpo, fueron "producidos" con el objetivo de hacer dinero. Pero también como forma de promover el complejo sistema de normas que componen el denominado "estilo de vida americano".
Justamente Marilyn encontró la muerte cuando ya no soportaba el rol que se le asignaba de "muñeca un poco tonta", siempre dispuesta a mostrar sus atributos corporales a través de una pantalla cinematográfica, a embelesados espectadores que la admiraban como "mujer ideal".
Es en un marco conflictivo, pautado por la crisis de Berlín, la carrera armamentista y la realización de pruebas nucleares en lo internacional; y las tensiones raciales, el crecimiento del papel de los medios de comunicación y el auge de la sociedad de consumo, en lo nacional, que Marilyn Monroe había llegado a la cúspide. La actriz, junto con otros integrantes del mundo del espectáculo, pasa a ser interlocutora del "establishment", el cual en alianza con la gran industria, apostaba a robustecer el statu quo dominante.
Desde los centros de poder se impulsaba el fortalecimiento de "los valores y creencias establecidos, para que influyan las actitudes públicas de tal manera que produzcan ciertas consecuencias en el mercado". Desde su óptica los medios de comunicación, entre ellos el cine, eran "un vehículo importante para la consecución de estos fines". Pero a Marilyn Monroe ser parte de ese engranaje le costó demasiado.
Conmovido ante la tragedia, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal escribiría tiempo después en su Oración por Marilyn: "Señor, quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar y no llamó (o tal vez no era nadie o era alguien cuyo número no está en el directorio de Los Ángeles), ¡contesta Tú el teléfono!"
TIEMPOS DE CINE
A partir de la prosperidad de "los locos XX", Hollywood desplaza a la producción cinematográfica extranjera y conquista los mercados europeos y latinoamericanos. Es la era del productor y la vedette, de las fabulosas campañas publicitarias y de los ídolos fabricados, que suben y caen, a ritmo vertiginoso.
En el firmamento fulgura el seductor Rodolfo Valentino, quien conmueve a las mujeres de los cinco continentes con su perfil latino. Pero desde sus inicios el desarrollo del cine se ve limitado por un denso entramado de intereses, que entorpecen su crecimiento artístico. Entre los perjudicados estuvo el propio Carlitos Chaplin, que fue resistido por Hollywood por haber realizado películas como "Tiempos modernos", filme que critica la alienación que provoca la sociedad industrial.
En 1927, con el objetivo de mejorar las relaciones entre los diferentes actores vinculados al cine, se forma la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que tiene entre sus tareas más publicitadas la entrega de los Oscares. Desde entonces, cada año se desata a nivel de la opinión pública mundial, la polémica sobre quién es el merecedor de la dorada estatuilla y sobre la conflictiva relación entre arte e industria.
Hacia la década del treinta, Will H. Hays, denominado "El zar del cine", logra que se censuren determinados temas, escenas o tratamientos. Desde hacía tiempo Hollywood había abandonado "el arte por el arte" y se había transformado en una fábrica de hacer películas, que tenía entre sus ostensibles objetivos, acumular poder y dinero.
Creadores de talla universal pasan a ser postergados, como ocurrió con Serguei Eisenstein, entre otros. El genial Orson Welles vivió en conflicto permanente con la industria cinematográfica, a tal punto que su película "El Ciudadano", le significó un calvario. Este filme, uno de los mejores de la historia del cine, "asombrosa muestra de hondura dramática y sapiencia formal", al decir de los críticos, hacía referencia a uno de los hombres más poderosos del momento, William R. Herst, influyente propietario de la más importante cadena de medios de comunicación de los EEUU.
El cineasta lo presenta como un individuo enfermo de poder, que manipula como nadie a la opinión pública. Las salas de cine se niegan a exhibir la película, que solamente logra hacerse conocer en pequeños teatros independientes y su realizador pasa a ser relegado. No obstante, con el correr de los años, Welles logra hacerse un lugar en la mejor historia del cine de todas las épocas, con trabajos como "El proceso" y "Macbeth", entre otros.
Culminada la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría llegó a Hollywood. Con el ascenso de Joseph Mc Carty al Senado de los Estados Unidos, se instala la caza de brujas en la sociedad norteamericana. Autores de cine y teatro como Clifford Odets y Arthur Miller, entre otros, fueron perseguidos. Decenas de actores, cineastas, guionistas, etc., perdieron sus empleos. Algunos, como Joseph Losey, emigraron a Europa, otros, como Dalton Trumbo, debieron trabajar bajo seudónimo. Aquel dramático período de la historia fue llevado al celuloide en películas como "El testaferro", en la que actúa nada menos que Woody Allen, representando a un personaje que pone su firma en guiones realizados por gente proscripta.
Hollywood en un principio criticó al maccartysmo en nombre de la libertad de conciencia, pero luego prefirió amoldarse a las nuevas normativas, por razones económicas y políticas. Eran tiempos en los que los reputados analistas Norman Cousins y Eric Johnston sostenían que el cine debía ser considerado un "instrumento de la política exterior" y que debía responder a las "exigencias del gobierno de los EEUU".
GLOBALIZACIÓN Y CULTURA
La UNESCO ha alertado que con las tecnologías modernas ya no se necesitan invasiones armadas para dominar otra nación, porque se lo puede hacer a través de la radio, el cine, la TV, discos, vídeos y "otros medios que tienen gran impacto sobre todo en la juventud", y que tienden a borrar las tradiciones de los países más débiles, imponiéndoles costumbres y normas de conducta.
En una reunión realizada en Túnez hace más de una década, un grupo de cineastas árabes y africanos reclamaron la protección del cine ante los riesgos de la globalización y denunciaron el dominio del sector audiovisual de parte de los EEUU. Además reclamaron el rechazo a la inclusión de la cultura y de la creación intelectual y artística en cualquier tipo de acuerdo sobre libre comercio que se realice a escala internacional.
Desde el surgimiento del cine, Hollywood ha ejercido un control prácticamente absoluto de los mercados latinoamericanos, con películas que por lo general hacen una "apología de la violencia, el sexo y el delito", según se ha venido denunciando desde innumerables ámbitos. La distribución de estos materiales en los últimos cincuenta años ha estado controlada por la "Asociación de exportadores", que está integrada por la Metro Golding Mayer, Century Fox, C.B.S., Paramount y Warner BROS.
Puede que los cambios tecnológicos y la irrupción del cine nacional estén revirtiendo las tendencias, pero en el Uruguay durante muchos años solamente hemos podido acceder en materia cinematográfica a menos del diez por ciento de lo que se produce en el mundo. Apenas hemos tenido contacto con "la producción cinematográfica de las majors, y unas pocas películas europeas, también distribuidas por la gran industria transnacional", de acuerdo a los estudios que sobre el tema se han realizado.
En otras palabras, por mucho tiempo, solamente se estrenaron filmes distribuidos por Hollywood y no mucho más. Esas producciones por lo general fueron de "mero entretenimiento", con películas más o menos iguales unas a otras y carentes de cualquier contenido artístico y cultural. Gran parte del cine mundial sigue siendo desconocido por el espectador de estas latitudes, con todo lo que eso significa para la cultura de nuestro país y la formación de su gente.
El teléfono descolgado oscilaba como un péndulo, proyectando cadenciosas sombras en la pared del cuarto. Era lo único que no yacía inerte en la patética escena. El brazo extendido de Norma Jean, a centímetros del cable, era índice de que la mujer había intentado que la socorrieran, pero los hechos mostraban que el esfuerzo había sido en vano. Esta vez no habría más oportunidades, el estereotipo y símbolo sexual conocido como Marilyn Monroe, había dado su golpe de gracia a la sensible muchacha.
El sol rutilaba aquella mañana de agosto sobre la elegante vivienda de Beverly Hills cuando ingresando en la habitación, los agentes del orden presenciaron el que lamentablemente sería el último acto de la célebre diva. Con un simple vistazo adivinaron los últimos momentos de aquella mujer lacerada, que había intentado, otra vez sin éxito, ser escuchada. Cuando fueron a colgar el receptor constataron que del otro lado del tubo el insondable vacío era lo único que se percibía.
Así había sido la vida de una de las mujeres más hermosas del siglo: nada más que un imposible aislamiento. Por eso a nadie extrañó que fueran tan pocos los que acompañaron al féretro a la última morada. Uno de sus contados amigos tiempo después recordaría de Marily Monroe que: "todo la asustaba, sentía terror por la gente y por el mundo, por eso fue traicionada y usada como objeto".
Marilyn había sido una construcción de la industria cinematográfica, que precisaba, según lo reconoció públicamente el cineasta John Houston, una "rubia fuera de serie, sensual, provocadora, y que además tuviera cara de ángel", para convertirla en uno de los mitos vivientes de la sociedad de consumo.
"Hollywood le dio la vida y le causó la muerte", titularía la prensa de la época, haciéndose eco de lo que pensaba todo el mundo. Es que la fina sensibilidad de la Monroe, no había soportado que se la condenara a no ser mucho más que una mercancía. Habían invertido demasiado en ella: su cara, sus gestos, sus modales, su cuerpo, fueron "producidos" con el objetivo de hacer dinero. Pero también como forma de promover el complejo sistema de normas que componen el denominado "estilo de vida americano".
Justamente Marilyn encontró la muerte cuando ya no soportaba el rol que se le asignaba de "muñeca un poco tonta", siempre dispuesta a mostrar sus atributos corporales a través de una pantalla cinematográfica, a embelesados espectadores que la admiraban como "mujer ideal".
Es en un marco conflictivo, pautado por la crisis de Berlín, la carrera armamentista y la realización de pruebas nucleares en lo internacional; y las tensiones raciales, el crecimiento del papel de los medios de comunicación y el auge de la sociedad de consumo, en lo nacional, que Marilyn Monroe había llegado a la cúspide. La actriz, junto con otros integrantes del mundo del espectáculo, pasa a ser interlocutora del "establishment", el cual en alianza con la gran industria, apostaba a robustecer el statu quo dominante.
Desde los centros de poder se impulsaba el fortalecimiento de "los valores y creencias establecidos, para que influyan las actitudes públicas de tal manera que produzcan ciertas consecuencias en el mercado". Desde su óptica los medios de comunicación, entre ellos el cine, eran "un vehículo importante para la consecución de estos fines". Pero a Marilyn Monroe ser parte de ese engranaje le costó demasiado.
Conmovido ante la tragedia, el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal escribiría tiempo después en su Oración por Marilyn: "Señor, quienquiera que haya sido el que ella iba a llamar y no llamó (o tal vez no era nadie o era alguien cuyo número no está en el directorio de Los Ángeles), ¡contesta Tú el teléfono!"
TIEMPOS DE CINE
A partir de la prosperidad de "los locos XX", Hollywood desplaza a la producción cinematográfica extranjera y conquista los mercados europeos y latinoamericanos. Es la era del productor y la vedette, de las fabulosas campañas publicitarias y de los ídolos fabricados, que suben y caen, a ritmo vertiginoso.
En el firmamento fulgura el seductor Rodolfo Valentino, quien conmueve a las mujeres de los cinco continentes con su perfil latino. Pero desde sus inicios el desarrollo del cine se ve limitado por un denso entramado de intereses, que entorpecen su crecimiento artístico. Entre los perjudicados estuvo el propio Carlitos Chaplin, que fue resistido por Hollywood por haber realizado películas como "Tiempos modernos", filme que critica la alienación que provoca la sociedad industrial.
En 1927, con el objetivo de mejorar las relaciones entre los diferentes actores vinculados al cine, se forma la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, que tiene entre sus tareas más publicitadas la entrega de los Oscares. Desde entonces, cada año se desata a nivel de la opinión pública mundial, la polémica sobre quién es el merecedor de la dorada estatuilla y sobre la conflictiva relación entre arte e industria.
Hacia la década del treinta, Will H. Hays, denominado "El zar del cine", logra que se censuren determinados temas, escenas o tratamientos. Desde hacía tiempo Hollywood había abandonado "el arte por el arte" y se había transformado en una fábrica de hacer películas, que tenía entre sus ostensibles objetivos, acumular poder y dinero.
Creadores de talla universal pasan a ser postergados, como ocurrió con Serguei Eisenstein, entre otros. El genial Orson Welles vivió en conflicto permanente con la industria cinematográfica, a tal punto que su película "El Ciudadano", le significó un calvario. Este filme, uno de los mejores de la historia del cine, "asombrosa muestra de hondura dramática y sapiencia formal", al decir de los críticos, hacía referencia a uno de los hombres más poderosos del momento, William R. Herst, influyente propietario de la más importante cadena de medios de comunicación de los EEUU.
El cineasta lo presenta como un individuo enfermo de poder, que manipula como nadie a la opinión pública. Las salas de cine se niegan a exhibir la película, que solamente logra hacerse conocer en pequeños teatros independientes y su realizador pasa a ser relegado. No obstante, con el correr de los años, Welles logra hacerse un lugar en la mejor historia del cine de todas las épocas, con trabajos como "El proceso" y "Macbeth", entre otros.
Culminada la Segunda Guerra Mundial, la guerra fría llegó a Hollywood. Con el ascenso de Joseph Mc Carty al Senado de los Estados Unidos, se instala la caza de brujas en la sociedad norteamericana. Autores de cine y teatro como Clifford Odets y Arthur Miller, entre otros, fueron perseguidos. Decenas de actores, cineastas, guionistas, etc., perdieron sus empleos. Algunos, como Joseph Losey, emigraron a Europa, otros, como Dalton Trumbo, debieron trabajar bajo seudónimo. Aquel dramático período de la historia fue llevado al celuloide en películas como "El testaferro", en la que actúa nada menos que Woody Allen, representando a un personaje que pone su firma en guiones realizados por gente proscripta.
Hollywood en un principio criticó al maccartysmo en nombre de la libertad de conciencia, pero luego prefirió amoldarse a las nuevas normativas, por razones económicas y políticas. Eran tiempos en los que los reputados analistas Norman Cousins y Eric Johnston sostenían que el cine debía ser considerado un "instrumento de la política exterior" y que debía responder a las "exigencias del gobierno de los EEUU".
GLOBALIZACIÓN Y CULTURA
La UNESCO ha alertado que con las tecnologías modernas ya no se necesitan invasiones armadas para dominar otra nación, porque se lo puede hacer a través de la radio, el cine, la TV, discos, vídeos y "otros medios que tienen gran impacto sobre todo en la juventud", y que tienden a borrar las tradiciones de los países más débiles, imponiéndoles costumbres y normas de conducta.
En una reunión realizada en Túnez hace más de una década, un grupo de cineastas árabes y africanos reclamaron la protección del cine ante los riesgos de la globalización y denunciaron el dominio del sector audiovisual de parte de los EEUU. Además reclamaron el rechazo a la inclusión de la cultura y de la creación intelectual y artística en cualquier tipo de acuerdo sobre libre comercio que se realice a escala internacional.
Desde el surgimiento del cine, Hollywood ha ejercido un control prácticamente absoluto de los mercados latinoamericanos, con películas que por lo general hacen una "apología de la violencia, el sexo y el delito", según se ha venido denunciando desde innumerables ámbitos. La distribución de estos materiales en los últimos cincuenta años ha estado controlada por la "Asociación de exportadores", que está integrada por la Metro Golding Mayer, Century Fox, C.B.S., Paramount y Warner BROS.
Puede que los cambios tecnológicos y la irrupción del cine nacional estén revirtiendo las tendencias, pero en el Uruguay durante muchos años solamente hemos podido acceder en materia cinematográfica a menos del diez por ciento de lo que se produce en el mundo. Apenas hemos tenido contacto con "la producción cinematográfica de las majors, y unas pocas películas europeas, también distribuidas por la gran industria transnacional", de acuerdo a los estudios que sobre el tema se han realizado.
En otras palabras, por mucho tiempo, solamente se estrenaron filmes distribuidos por Hollywood y no mucho más. Esas producciones por lo general fueron de "mero entretenimiento", con películas más o menos iguales unas a otras y carentes de cualquier contenido artístico y cultural. Gran parte del cine mundial sigue siendo desconocido por el espectador de estas latitudes, con todo lo que eso significa para la cultura de nuestro país y la formación de su gente.
























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