
HUGO GIOVANETTI VIOLA
En ocasión del bicentenario de nuestro amanecer revolucionario que se festeja este año, ofrecemos un adelanto de la novela YO EL PROTECTOR / MEMORIAL PERSONAL DE PEPE ARTIGAS, de próxima publicación.
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En ocasión del bicentenario de nuestro amanecer revolucionario que se festeja este año, ofrecemos un adelanto de la novela YO EL PROTECTOR / MEMORIAL PERSONAL DE PEPE ARTIGAS, de próxima publicación.
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Capítulo 34
Yo aprendí dende mozo a gritar a lo indio y podía espantar mesmo a un tigre cebado, pero cuando el chasquero se me apareció en Santa Fe con la anunciación enviada por Perico Viera del zarpazo de Asencio, sentí que lo que clarinaba en mi terreiro era el it de la Luz.
Y que ahora le tocaba a los maturrangos tomar el triste partido de la desesperación.
Lo admirable es que según el letrado sorianense Ricardo Arocena, sumado a las partidas recién en Mercedes junto con los Gadea, la cosa arrancó en los campos de Tomás Rodríguez y Lorenzo Gutiérrez, dos vecinos estragados por las humillaciones que hospedaron a Viera y a Benavidez y la tarde anterior al alzamiento saborearon un pericón con el mocerío del pago.
A la verdadera vida se la sirve bailando.
Rodríguez había pleiteado con un currutaco que quiso arrebatarle la estancia denunciando que allí se les daba amparo a gauderios transitorios, lo que se consideraba un grave delito.
Y se ve que después de ganar esa cuereada se animó a imponer Patria.
Lo mismo que en las insurrecciones de Belén y Casablanca, mis soldados de chuza y bola cometieron dulce desacato de madrugarme.
Demoré tres semanas de marcha forzada en llegar a Buenos Aires y la Junta me recibió con honores, aunque en La Gaceta no se debió alardear pregonando que el vecindario oriental llevaría el temor y el espanto hasta los umbrales del gallegaje.
Claro que si pensamos en los desmanes que hubo que rectificar después de la toma de Santo Domingo, no les faltó razón.
¿Pero siempre se olvidan de lo hermoso?
En diciendo Artigas en la campaña todos tiemblan, cacareó el desmadrado pazguato de Salazar.
Pero por amor también se tiembla, carajo.
Al final tuve que advertir yo mismo que aquella soldadesca sin experencia de guerra ni armas calificadas tocaba la terrible alternativa de vencer o morir libres.
Lo que les hacía falta era la espesura de aquel cielo más alto que yo aprendí a olisquear despatarrado en las tolderías.
Esto no era regolución de banquete ni nombrete.
Dizque en Mercedes los rebeldes designaron al patricio Reyes como parlamentario y el hombre se fajó y le reclamó al Comandante la entrega de la Plaza con el desgaire y el desembarazo de un completo militar, haciéndole creer que las tropas sitiadoras eran regulares.
Y les dio tres minutos para rendirse.
Inmediatamente se cambiaron de bando veinte voluntarios hijos del país y los nuestro les advirtieron que se señaran el sombrero con un pañuelo blanco para no ser agredidos en caso de que cundiera un enfrentamiento armado.
Una delicadeza.
























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