martes

PRIMERO HAY QUE SABER SUFRIR


(SIDA + VIDA)

HUGO GIOVANETTI VIOLA

(primera edición web de una nouvelle publicada en 1997)

TERCERA ENTREGA

FEBRERO

1 / COCA corrió a abrir la puerta junto con Mario y al enfrentar el rostro vinoso de Gutiérrez le ordenó al chiquilín que saliera a jugar.
-Pase -le digo. -Pase. Y que sea la última vez que se me cuelga del timbre como un energúmeno porque no le abro nunca más en la perra vida. ¿Entendió?
El hombre sesentón largo y peinado con jopo avanzó un par de metros y se ajustó los lentes antes de declamar:
-Energúmena será la milonguita que a usted se le ocurrió que había que alimentar a ver si el pobre Paco reventaba contento. Pero quiero advertirle que YO NUNCA ESTUVE DE ACUERDO CON ESTA PORQUERÍA.
-Baje inmediatamente la voz o le parto la cabeza de un florerazo. ¿Entendió o está sordo?
-Lo único que yo sé desde el tiempo del ñaupa es que una pepa suelta es peor que una bomba atómica. ¿O no se acuerda de lo que pasó cuando la hija de Suárez se puso a ventilarla en el escalón de abajo? Casi tuvimos que llamar a los bomberos, doña.
-Eso no se lo discuto -se me salen los ojos como a la Susan frente al camionero. -Pero esto es muy diferente, Gutiérrez. En primer lugar: yo propuse prepararles la comida a Paco y a Marito. Y sin poner un vintén: paga Paco. Y en segundo lugar-
-Sí, pero terminamos alimentando a la muñeca brava. Porque ya hace dos semanas que la que lo acompaña al baño y le da de comer en la boca y lo hace llorar a gritos es la chirusa, doña. Eso lo escucho yo. Ya no se puede ni dormir ni vivir con esa vergüenza arriba.
-Piqueselás, Gutiérrez.
-Sí: me las pico, doña. PERO QUE QUEDE CLARO QUE ESTO ES PUTERÍO PURO. YO DIGO LA VERDAD!!!! Y agárreme a florerazos nomás, que van a terminar presas todas juntas: todas las alcahuetas y la calientamachos en una misma celda.

2 / MARIO prefirió subir a su apartamento. Ya debe haber pintado lo mejor de su vida. El chiquilín acercó su oreja a la puerta y oyó descerrajarse una especie de ronquido-llanto hirvientemente flemoso y enseguida a Baloma:
-Mirá, vos no sabés quién soy. Todavía no sabés ni quién soy: y así va a ser imposible que me pintes de verdad aunque vivas cien años. Yo soy el alma que sobrevivió a los esqueletos abrazados del Tano y la Colorada. Soy un huevo celeste. Soy la libertad.
-Basta -lloriquea el Otro. -No doy más.
-¿Qué decís?
-Que no doy más, hermana. ¿Precisás que te ruegue?
-Ahá. Lo único que querés es verme toda, cerdo.
Mario se tapó la cara con la visera. Papá no dice nada.
-Verme toda, seguro. Cerdo de poca fe: querés ver para creer.
-Yo no quiero creer.
-Jamás existió un hombre en ninguna de las galaxias que no quisiera creer: ese fue el primer mensaje que recibí en Buenos Aires a los seis años. ¿No querés manosearme, también? El sargento que me adoptó me manoseaba cada vez que mamá se le entrompaba por llegar borracho. Hasta que la gran perra nos pescó y se acabó el toqueteo. Okey. Y ahora se acabó la fabulosa serie de La maja en bikini, maestro Rey. Sos igual que cualquiera. En Valizas organizan excursiones hasta Punta del Diablo para junarme un poco. Pero vos podés ver todo lo que hay que ver.
Mario se sacó la gorra y se contorsionó para clavar un ojo celeste en la cerradura. Pero se para frente al ventanal y no distingo nada. Baloma demoró mucho rato en recitar:
-Aquel hervor de amor / devorando los árboles / y el verdor de tu pena desnuda / frente al reino.

3 / SHIRLEY llamó por teléfono a Coca fumando en la oscuridad, como todas las tardes al volver del trabajo. Si pudiéramos entender lo que pasa allá arriba.
-Kaput -cruzó enseguida la mujer rolliza, terminando de abrocharse el batón colorinchudo que usaba eventualmente sobre el traje de baño. -Gutiérrez armó un relajo de la masita y nos quedamos solas. Ya se echó para atrás hasta Magela.
-Y yo acabo de pelearme del todo con Joaquín. Se mudó para el fondo.
-¿Y Ariel le presta el rancho? -me mira con rabia Coca.
-Supongo que no tiene más remedio.
-Por lo menos Thelma y Louise no dependían de nadie -suspiró la mujer que conservaba un filo de belleza indeleble y respingado.
-Si pudiéramos entender lo que pasa allá arriba.
Y de repente escucho las zancadas de Ariel y me siento de un salto. El muchacho entró jadeando y apenas saludó con una inclinación de cabeza antes de encerrarse en la cocina.
-Atendelo tranquila -se levanta Coca. -Y cruzás cuando puedas. La cena ya debe estar pronta: Mario quedó encargado de apagar el horno. Angelito.
Shirley encontró a Ariel con la frente apoyada en el ventanal que daba al fondo y dijo:
-Cómo anda Paco.
-Baloma no quiso abrirme -contesta sin moverse. -Pónganle la comida en el suelo y avisen con un golpe, nomás. Están muy concentrados.

4 / ARIEL terminó de tocar por tercera vez la introducción de Nothing else matters y su padre comentó:
-Adoración. Eso es lo que te pasa. Che: ¿y el marido y el hijo de la Coca no patean nunca por todo este quilombo? ¿Soy el único Judas, carajo?
Ahora lloramos de la risa y siento que el corazón me brilla como un durazno en almíbar y me sirvo más whisky.
-Dejá con esos tipos -jadeó dificultosamente Ariel. -Esos tipos no nacieron. La vida es la joyería y el estadio y algún video con hembras que le pescan a la Coca.
-¿Y Mario? ¿Va a seguir viviendo allí sin poder ver ni al padre?
No le sé contestar.
-Toca la adoración otra vez, Arielito -pidió el hombre despatarrado sobre la cama turca: -¿Sabés quién me enseñó que eso que tenés adentro se llama así? Tu madre.
-Entonces levantá campamento ya mismo y andá a pedirle perdón como Dios manda.
-¿En pedo? Me echa del todo. Che: ¿y lo que está pintando Paco vale la pena? ¿Puede pintar en forma?
-No sé -me cuesta horrores traducir la verdad. -Por ahora es un bajón. Pero a lo mejor cambia.
El hombre se incorporó para manotear la botella y sonrió ambiguamente.
-Toca otra vez -me pide.

5 / COCA apretó los botones del portero eléctrico y le ordenó a Mario que dejara de jugar al Nintendo inmediatamente y fuera a darse una lavada general porque venía visita. Ahora sí que se armó. La mujer demoró en abrocharse el batón hasta que oyó cerrar el agua del lavatorio.
-Tatiana -dice al abrir. -Me agarraste cambiándome. Qué contás, corazón.
-Permiso -ronqueó la mujer treintañera de ojos muy almendrados y pelo cortado al ras: -Vengo a pedir disculpas.
Está flaca, no linda.
-Pasá -sonrió Coca, henchida por una mansedumbre más flameante que tensa. -¿Cómo andan los gurises?
-Bien. ¿Y Mario?
-Ya viene. Está viviendo aquí.
Todavía no va a darle el ataque, pobrecita.
-Paco está pintando mucho y preferí traérmelo -explicó Coca. -Así que ahora soy yo la que pide disculpas. Ni siquiera me preocupé en conseguir el teléfono de tus padres. Preferí que volvieras por tu cuenta.
-Te agradezco. Recién ahora funciono. Dopada, pero funciono. ¿Mario extraña mucho?
Le miro el fondo del corazón y tiene un color de océano más divino que nunca, así que digo:
-Claro. Nunca comenta nada, pero vive esperándote.
-¿Y Paco todavía tiene fuerza? ¿De verdad?
-Parecería que sí -Coca desvió los ojos hacia el corredor y agregó con dulzura: -Después hablamos de eso.

6 / MARIO avanzó descalzo sobre la moquette color vino. Está más linda que antes. Después del abrazo y los besos silenciosos el chiquilín quedó parado entre la palidez de las piernas de la mujer-muchacha.
-Tus hermanos te extrañan -dice mamá. -¿Querés que te lleve a verlos?
El chiquilín espesó una mirada perruna y sacudió negativamente la cabeza.
-Y papá -me pregunta recién ahora, clavándome las rodillas. -¿Qué piensa?
Mario dejó caer hacia delante la melena amielada por el atardecer y dijo:
-Yo no me voy hasta que él no se vaya.
-¿Te preparo un cafecito, Tatiana? -frota el encendedor la Coca. -¿O querés pomelo fresco?
-Y pensás que tu padre va a poder seguir pintando mucho tiempo más -preguntó la mujer, apenas quedaron solos.
-No sé -siento que es imposible zafar.
-Y qué se le ocurrió pintar ahora, si se puede saber.
-Mejor es no saber.
Ahora sí que sonamos.
-Pero qué pasa en este edificio del diablo -ronqueó Tatiana, aflojando las piernas para presionar al chiquilín frontalmente. -HABLEN CLARO, CARAJO!!!!
-Está pintando a la novia de un muchacho de aquí enfrente -le explica la Coca desde el corredor. -Tranquila, mija.
-YO SABÍA!!!! OTRA PUTITA!!!! YO SABÍA QUE DEBÍA TENER ALGUNA PUTITA GUARDADA!!!!
-Pero ella no lo va a abandonar -retrocedió Mario hasta rozar el batón colorinchudo. -Y además vino a enseñarle cosas.
-ENTONCES QUE ME LAS ENSEÑE A MÍ TAMBIÉN, POR LO MENOS!!!! -sale corriendo mamá con nosotros atrás, justo cuando entra Shirley al edificio.

7 / SHIRLEY le devolvió una mirada de horror a la mujer rolliza y no se atrevió a meterse en el ascensor con Tatiana, pero subió hasta el quinto piso saltando los escalones como en una carrera de obstáculos. Cuando llego la encuentro llorando sin hacer ruido frente al cartelito que dice NO MOLESTAR y cierro la puerta del ascensor para que pueda subir la Coca.
-PERO YO NUNCA FUI UNA PUTITA!!!! -aulló de golpe Tatiana. -Y TE QUISE TE QUISE TE QUISE TE QUISE PORQUE LA PRIMERA VEZ QUE ME DESNUDÉ ME MIRASTE COMO SI TUVIERA PUESTO UN TRAJE DE NOVIA!!!!
Adentro no se oye nada.
-MUESTREN EL CORAZÓN!!!! -Tatiana se agachó y empezó a flexionarse con las manos trenzadas en la nuca. -NO SE ESCONDAN!!!! ENCAREN!!!!
Quién se anima a calmarla. Coca salió del ascensor pero quedó estaqueada cuando se abrió la puerta y apareció Baloma, recortada sobre la marea malva del anochecer.
-Se fue -dice la muchacha.
El palier estaba apenas alumbrado por el ventanuco del ascensor, y el vellón de Baloma reverberaba. Entonces vuelve a agarrar el pestillo y explica:
-El odio se fue.
La puerta se cerró. Tatiana se levanta sin limpiarse la cara y nadie vuelve a hablar hasta que llegamos abajo y ella se despide de Mario y de nosotras.

8 / ARIEL estaba sentado en el pasto observando las estrellas y el follaje interior del gran tilo del fondo. Ya se acabó febrero. Una de las hojas amarillas se posó sobre el pecho del muchacho como una fruta ingrávida. Y entonces veo a Baloma saliendo de la cocina y no entiendo quién le abrió.
-No me abrió nadie -contestó la muchacha, torciendo levemente la cabeza. -Tus padres están en la hamaca. ¿Y esa hoja?
-Te la regalo.
-¿Te acordás cuando me regalaste la oreja de negro para la suerte?
Y se me sienta al lado y me abraza y siento llover todo el pelo en mi espalda.
-Mañana acompaño a Paco a internarse -demoró en informar Baloma.
No me pongo ni contento ni triste.
-Les alcanza la plata -preguntó Ariel.
-Nos sobra. El hermano de Tatiana parece hermano de él.
-¿Terminó de pintar?
-Terminó.
Y de golpe me tapa la boca y recita:
-Hubo un bosque donde nos atrapamos. / Qué lentísimos niños espesaban / el rosedal del sueño. / Y respiramos sin rasgar el aire.
-Andate -dijo Ariel, desprendiéndose de la muchacha. -Andá con él, Baloma. Y si precisás cualquier cosa llamá aquí o al trabajo a la hora que haga falta. Pero poné distancia, hermana. Por favor.
Ella besa la hoja y dice:
-Falta poco.

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