jueves

OSHO / LA SEMILLA DE MOSTAZA

SEGUNDA ENTREGA

Capítulo 1 (II)

El reino de los cielos no puede ser explicado directamente, inmediatamente. Es imposible. A menos que llegues ahí no hay manera de decir nada. Cualquier cosa que se diga estará errada. La verdad no puede ser dicha. Entonces ¿qué están haciendo continuamente por muchos años Jesús, Lao Tse y Buda? Si la verdad no puede ser dicha, ¿qué están haciendo? Ellos están tratando de explicarte, a través de unos símbolos que tú conoces, algo que no puede ser explicado; tratando de explicar lo desconocido en términos de lo conocido. Esto es la cosa más difícil en el mundo -parábolas, mitos, historias.

Y hay gente tonta que trata de analizar un mito, de disectarlo y de decir que: "Este es un mito, no es la verdad". Lo analizan y disectan, le hacen una cirugía al mito y después dicen: "Esto es un mito, no es historia". Nadie jamás ha dicho que eso es historia, y el mito no puede ser disectado porque es simplemente simbólico.

Es como si hubiera un hito y una flecha, y en la flecha estuviera escrito "Nueva Deli", y cortas la piedra y cortas la flecha, y la pintura y los químicos y todo lo que está ahí, y dices: "Algún tonto ha hecho esto -¡Nueva Deli no está ahí!".

Los mitos son hitos, son flechas señalando lo desconocido. No son las metas, simplemente indican. Eso es el significado de la pregunta de los discípulos: "Dinos cómo es el reino de los cielos". No podemos preguntar qué es el reino de los cielos. Observa la calidad de la pregunta: no podemos preguntar -eso será demasiado, preguntar qué es el reino de los cielos. No podemos esperar la respuesta para eso. Sólo podemos preguntar como qué es eso... lo cual significa: "Dinos algo que conozcamos que sirva como una indicación, de tal forma que podamos tener un vislumbre".

Es como el ciego preguntando cómo es la luz. ¿Cómo puedes preguntar qué es la luz cuando eres ciego? Si preguntas, la misma pregunta anula la respuesta. No puede ser respondida. La luz puede ser conocida -necesitas ojos. Pero, "¿como qué es la luz?" significa: "Di algo en el lenguaje del ciego".

Todas las parábolas son verdades en el lenguaje del ciego; todas las mitologías son verdades vestidas en el lenguaje del ciego. Así que ¡no las disectes! No encontrarás nada ahí. Son tan solo indicaciones. Y si confías, las indicaciones son maravillosas.

En un templo en el Japón no está la estatua de Buda. La gente entra y pregunta "¿Dónde está la estatua?". No hay estatua, pero en el pedestal hay un dedo señalando hacia el cielo -y eso es Buda. El sacerdote dirá: "Esto es Buda". No sé si es que el sacerdote lo entiende o no -ese dedo señalando a la luna. ¿Qué es un Buda? ¡Simplemente un dedo señalando a la luna!

Los discípulos preguntan cómo es el reino de los cielos: "Dínoslo en una parábola, en una historia en la cual nosotros, niños, podamos entender. No sabemos, no tenemos ninguna experiencia, di algo que nos pueda dar un vislumbre".

"Jesús les dijo: Es como una semilla de mostaza -más pequeña que todas las semillas, pero cuando cae en la tierra fértil produce un gran árbol y llega a ser el refugio de todos los pájaros del cielo".

Esto, la semilla de mostaza, Jesús lo ha usado muchísimo, por muchas razones: uno, la semilla de mostaza es la semilla más pequeña. Dios es invisible, más pequeño que lo más pequeño. ¿Desde dónde puedes ubicarlo? En el límite está la semilla de mostaza, la más pequeña; más allá de la cual no serás capaz de entender, porque más allá está lo invisible. La semilla de mostaza es el límite, lo más pequeño en el mundo de lo visible -puedes verla pero es muy pequeña. Si vas más allá, entrarás en el mundo de lo sutil, más pequeño que lo más pequeño; esto existe en el límite.

Y esta semilla de mostaza no sólo es la más pequeña, sino que tiene una cualidad muy misteriosa: cuando crece se convierte en el árbol más grande. Así que es una paradoja: la semilla es la más pequeña y el árbol es el más grande. Dios es lo invisible y el universo es lo más visible; el universo es el árbol y Dios es la semilla; Dios es lo no manifestado y el universo es lo manifestado.

Si partes una semilla no encontrarás el árbol; podrás disectarla pero no encontrarás un árbol escondido ahí. Y podrás decir que no hay árbol y que la gente simplemente era tonta hablando de un gran árbol escondido en la semilla; no hay nada.

Esto es lo que los analistas siempre han estado haciendo. Tú les dices que esta flor es bella; la llevarán al laboratorio y la disectarán para buscar dónde está la belleza. Encontrarán los químicos y otras cosas, la disectarán y la examinarán y en muchos frascos etiquetarán los distintos fragmentos de una flor -pero no habrá un sólo frasco en el cual se encuentre la belleza. No, saldrán del laboratorio y dirán: "Deben haber estado en una ilusión, soñaron -no hay belleza. He disectado toda la flor, nada se ha omitido y no hay belleza".

Hay cosas que pueden ser conocidas sólo en su totalidad; no las puedes disectar. Son más grandes que sus partes, éste es el problema -un problema básico para los que están en busca de la verdad. La verdad es más grande que la unión de todas las partes. No es simplemente la suma de las partes, es más grande que todas las partes.

Una melodía no es simplemente la suma de todas las notas, de todos los sonidos. No, es algo más grande. Cuando todas las notas se unen se crea una armonía, se manifiesta una armonía que no existía en la notas separadamente. Te estoy hablando a ti: puedes disectar mis palabras, todas las palabras pueden ser encontradas en el diccionario; pero tú no puedes encontrarme en el diccionario. Y podrás decir: "Todas las palabras están ahí, así que ¿para qué preocuparse?".

Sucedió una vez: Mark Twain fue a escuchar a un amigo que era sacerdote. El amigo había insistido por muchos, muchos días. Era uno de los más grandes oradores, un orador muy poético y era muy respetado. Cada vez que él hablaba la iglesia se repletaba; pero Mark Twain nunca venía a escucharlo. El amigo insistió una y otra vez, entonces Mark Twain dijo: "Muy bien, iré este fin de semana". Para ese domingo preparó lo mejor; todo lo que era bello en su mente lo preparó, porque Mark Twain iba a ir. Y Mark Twain se sentó al frente y el sacerdote dio el mejor sermón que jamás haya dado. Le dio toda su energía y estaba realmente hermoso, fue una sinfonía, fue una poesía. Pero poco a poco fue tornándose temeroso, aprensivo, porque Mark Twain estaba sentado ahí como si estuviera muerto. Ni siquiera un rayo de satisfacción había en su cara. La gente aplaudía tantas veces, estaba extática, y sólo Mark Twain estaba sentado ahí sin dar ninguna indicación de que lo hubiera impresionado en alguna forma, ni negativa ni positivamente. El permanecía indiferente -y la indiferencia es más mortal que la actitud negativa. Porque si estás en contra, por lo menos tienes una actitud; si estás en contra le das cierto significado. Pero si estás indiferente, estás diciendo que eso es absolutamente inútil, ni siquiera vale la pena estar en contra.

Luego terminó el sermón. Mark Twain regresó en el carro con el sacerdote. El sacerdote no podía preguntar; permanecieron en silencio. Justo cuando Mark Twain estaba saliendo del carro el sacerdote dijo: "No has dicho nada sobre mi sermón". Mark Twain dijo: "No es nada nuevo. Tengo un libro en mi casa y simplemente lo has copiado de ahí. Este sermón es una copia y no me puedes engañar. Puedes engañar a esos tontos ahí en la iglesia. Yo soy un hombre de letras y estudio, y por coincidencia sólo ayer en la noche estuve leyendo ese libro".

El sacerdote no lo podía creer. El dijo: "¿Qué estás diciendo? No lo he copiado de ninguna parte. ¡Es imposible!". Mark Twain dijo: "Todas las palabras que has dicho están ahí y mañana te enviaré el libro". Llegó el día siguiente; le envió una copia de un gran diccionario y le dijo: "¡Ahí puedes encontrar todas las palabras!".

Esto es la mente del analista. Él puede matar una poesía inmediatamente. Puede decir que es tan solo un arreglo de palabras. No puede ver entre las palabras, no puede ver entre las líneas -y la poesía existe ahí. Y la belleza existe ahí, y el éxtasis y Dios y todo lo que tiene significado siempre existe entre las palabras, entre las líneas. La semilla de mostaza es la más pequeña y contiene lo más grande. No puedes ver a Dios porque él es lo más pequeño -la semilla de mostaza- pero puedes ver el universo. Y si el universo está ahí, la semilla debe estar ahí. ¿Cómo puede haber un árbol sin su semilla? ¿Puede haber un árbol sin su semilla? Ya sea que la puedas ver o no, ese no es el asunto. ¿Puede haber este universo sin una causa final? ¿Sin su fuente? El Ganges está ahí -¿puede existir el Ganges sin tener una fuente? Y este vasto universo -¿y crees que pueda existir sin una fuente?

No sólo este vasto universo... sino tal armonía en él, tal sinfonía universal, tal sistema universal. No es un caos -tanta disciplina en él, todo en su sitio correcto. Y aquellos que saben bien, dicen que este es el mejor de todos los mundos posibles; nada puede ser mejor que esto.

Debe haber una semilla, pero la semilla es muy pequeña, más pequeña que la semilla de mostaza. La semilla de mostaza es usada como un mito, para indicar. Ellos eran pescadores, labradores y jardineros que preguntaban, y ellos entendían la parábola, la parábola de la semilla de mostaza.

Si tú la disectas te la perderás. Si disectas la religión, te la perderás; bien la puedes ver directamente sin disectarla o no la puedes ver. Hay una forma que utiliza la confianza: en la semilla no puedes ver al árbol, pero puedes ir y sembrar la semilla en la tierra -esto es lo que la confianza hará. Dirá: "Bien, esto es una semilla; confío en que se convertirá en un árbol e iré y la pondré en la tierra. Buscaré un terreno apropiado y protegeré la semilla. Y esperaré y oraré, y amaré y esperaré; soñaré...".

¿Qué más puedes hacer? Puedes sembrar la semilla y esperar y soñar, y esperar y orar. ¿Qué más puedes hacer? Entonces repentinamente un día, una mañana, despertarás y la semilla se ha convertido en algo nuevo, los germinados han brotado de la tierra. Ahora la semilla ya no es más una semilla -se está convirtiendo en un árbol. Está floreciendo.

¿Qué sucede cuando una semilla se convierte en árbol? Eso también se convierte en parte de la parábola. La semilla tiene que morir -sólo entonces puede convertirse en árbol. Dios ha muerto en el universo; no puede permanecer aparte, está en el universo, está disuelto en él. Por eso es que no puedes encontrar a Dios. Vas a los Himalayas, a la Meca, a Kashi, o a cualquier parte que quieras: no lo encontrarás en ninguna parte, porque él está aquí, ¡en todas partes! -así como la semilla está ahora en todo el árbol. No puedes encontrar la semilla; la semilla ha muerto en el árbol y se ha convertido en el árbol. El Dios ha muerto en este universo, en esta existencia, y se ha convertido en el cosmos.

Él no es algo separado. No es como un carpintero que hace algo y permanece separado; eso no es posible. Es como una semilla: el árbol crece de ella, pero entonces, ella desaparece en el árbol. Podrás encontrar de nuevo a Dios sólo cuando este árbol desaparezca.

Los hindúes han venido diciendo que puedes encontrar a Dios -al principio de la creación, o que lo puedes encontrar al final de la creación. Al principio, cuando el mundo no existía, la semilla estaba ahí, pero tú no estabas presente -porque tú eres parte del árbol, tú eres las hojas del árbol. O él estará en pralaya cuando todo el mundo se disuelva, cuando el árbol llegue a envejecer y muera. Y esto es lo que está sucediendo con todo árbol: cuando el árbol envejece brotan nuevas semillas de nuevo, millones de semillas.

En pralaya encontrarás millones de dioses de nuevo, pero entonces tú no estarás presente, ese es el problema. Sólo hay una manera de encontrar a Dios: si lo puedes encontrar aquí y ahora en cada hoja, sólo entonces podrás encontrarlo. Si estás buscando una imagen en particular, un Krishna, o un Rama, entonces no lo encontrarás. Ellos también son hojas -por supuesto más bellas, más vivas, más verdes, porque ellos han realizado a Dios, que está en todo.

Cuando Jesús dice: "El reino de los cielos es como la semilla de mostaza", está diciendo millones de cosas. Eso es la belleza de una parábola; no dices nada, no dices mucho y dices muchas cosas. Cuando la semilla muere, el universo está ahí; cuando la semilla muere, el árbol está ahí. Este es el reino de Dios; aquí está el reino de los cielos. Y si lo estás buscando en alguna otra parte, estás buscando en vano. Si quieres estar en el reino de Dios, tú también vuélvete como una semilla y muere: repentinamente el árbol estará ahí. Ya no más estás tú; está Dios. Nunca encontrarás a Dios si tú eres. Dios no está ahí porque la semilla está. Cuando tú desaparezcas, Dios estará ahí; así que realmente no hay un encuentro.

Cuando tú no eres, Dios está -el vacío en tu mano, entonces Dios está ahí, no más tú... entonces Dios está ahí. De nuevo una paradoja: la semilla contiene al árbol, pero la semilla también puede matar al árbol. Si la semilla se vuelve demasiado egocéntrica, si la semilla piensa: "Yo soy suficiente", y si la semilla comienza a tener miedo de la muerte, entonces su misma envoltura será su prisión; entonces su misma cáscara, que estaba protegiendo al árbol antes de que llegue al terreno apropiado, se convertirá en su prisión -y entonces el árbol morirá en la semilla.

Ustedes son como semillas que se han convertido en prisiones. Un Buda es una semilla, un Jesús es una semilla, que no es una prisión: la semilla, la cáscara ha muerto, ahora el árbol ha brotado.

Él les dijo: "Es como una semilla de mostaza -más pequeña que todas las semillas, pero que al caer en tierra preparada produce un gran árbol y llega a ser refugio para todos los pájaros del cielo".

".. pero al caer en tierra preparada..." Una tierra apropiada es necesaria. Que muera la semilla no será suficiente -puedes morir sobre una piedra, entonces no habrá árbol, simplemente será muerte. Tienes que encontrar el terreno apropiado, la tierra correcta, ese es el significado del discipulado. Esto es un entrenamiento; el discipulado es un entrenamiento, un aprendizaje para convertirse en un terreno preparado, apropiado. La semilla está ahí pero la tierra apropiada no ha sido encontrada. Tú tienes al árbol dentro de ti, el Maestro sólo puede darte la tierra apropiada. Puede prepararte, -puede sacarte la mala hierba, puede hacer que la tierra sea digna de recibir. Puede enriquecer la tierra con fertilizantes -es un jardinero.

Tú contienes todo, pero aun así necesitarás de un jardinero; de otro modo irás tirando las semillas en cualquier parte. Ellas pueden caer en el camino de cemento y morirán ahí, o caerán en la vereda y la gente las pisará y morirán. Es necesario alguien que te proteja cuando estés muriendo. Mira: Cuando nace un niño es necesario una obstetriz. Nadie dice que será bueno sin una obstetriz. Es necesario una obstetriz porque el momento es muy delicado. Pero aun más grande es el momento cuando nace la verdad; más grande es el momento cuando Dios nace en ti -más grande que todos los nacimientos. El Maestro no es más que una obstetriz.

De otro modo muchas cosas son posibles: puede suceder un aborto, el niño puede morir antes de que nazca. El Maestro está para proteger, porque el nuevo brote es muy delicado, vulnerable -cualquier cosa le puede suceder. Es muy peligroso. Pero si confías... y la confianza es necesaria, no hay otra manera. Si dudas, entonces te contraerás y la semilla nunca morirá; si confías, la semilla muere. La semilla no puede conocer al árbol, ese es el problema. La semilla quiere estar segura de que: "Si muero me convertiré en un árbol" -pero ¿cómo puedes darle certeza a la semilla?

Esto es lo absurdo de la fe. La fe es absurda. Quieres tener certeza de que: "Puedo llegar a ser un sannyasin, puedo renunciar a todo, estoy listo para morir; pero ¿cuál es la garantía de que cuando la semilla ya no sea, aparezca el árbol?". ¿Quién puede darte la garantía y cómo puede ser dada? Y aun si se da la garantía, la semilla a quien se le dio la garantía no estará presente. ¿Y qué garantía puede demostrar a la semilla que cuando ya no esté ahí, el árbol estará en su lugar? Ninguna garantía es posible.

Por eso es que la fe es absurda: creer en aquello en lo cual no se puede creer es el significado de la fe -creer en aquello que no puede ser creído; no hay manera de creerlo pero aún lo crees. La semilla muere en profunda confianza; el árbol nace. Pero una tierra preparada es necesaria, un terreno apropiado es necesario. Todo el discipulado es sólo para llegar a ser un terreno preparado.

"... produce un gran árbol y llega a ser refugio para los pájaros del cielo".

Y cuando tu árbol realmente ha crecido, cuando se ha convertido en un "árbol búdico", entonces millones de aves que están en búsqueda vienen y toman refugio. Bajo Jesús, muchas "aves del cielo" toman refugio; bajo Buda, muchas "aves del cielo" toman refugio. Aquellos que están en búsqueda de lo más profundo, para ellos ese árbol -el "árbol búdico", el "árbol crístico"- se vuelve un refugio y ahí podrán sentir el palpitar de lo desconocido. Ahí podrán confiar, ahí podrán llegar a la comprensión de lo desconocido y ahí podrán dar el salto.

El reino de los cielos es como la semilla de mostaza... Tú eres el reino de los cielos, tú eres como la semilla de mostaza. Estate listo a morir, ¡prepárate para tu muerte!

Por supuesto, temblarás de miedo y aprensión. El salto va a ser difícil. Muchas veces podrás regresar, muchas veces llegarás al mismo borde y voltearás y escaparás, porque hay un abismo. La semilla sólo puede conocer el abismo, la semilla no puede conocer el árbol; no hay manera para que la semilla pueda ser testigo de la germinación del árbol; no hay manera. La semilla tiene que morir y creer en lo desconocido -que eso sucederá.

Si estás listo a morir, sucederá. Anda y siembra las semillas en la tierra: cuando el árbol haya salido, entonces excava la tierra y ve dónde está la semilla; ha desaparecido, ya no está ahí. Anda y excava en un Buda, en un Jesús -no encontrarás al hombre, a la semilla. Esto es el significado de que Jesús es el hijo de Dios, ya no más hijo de José el carpintero. Porque la semilla salió de José el carpintero y de María, y ahora la semilla ha desaparecido, la cáscara ha desaparecido -y este árbol nunca vino de lo visible, es de lo invisible.

Mira a Jesús: la semilla ya no está presente, sólo Dios está. Estate listo a morir para que puedas renacer. Abandona la mente, el cuerpo, el ego, la identidad -de pronto encontrarás que algo nuevo está creciendo dentro de ti: te has convertido en un útero, -estás encinta. Y estar espiritualmente encinta es el pico de la creación, porque tú te estás creando a ti mismo a través de eso. Nada se le compara. Puedes crear una gran pintura, una gran escultura; nada es comparable al hecho de crearte a ti mismo, a la "auto-creación".

"... pero al caer en tierra preparada..." ¡estate listo a morir! Pero antes de que estés listo a dar el salto, conviértete en una tierra preparada -vuélvete un discípulo, vuélvete un aprendiz, vuélvete humilde; hazte como si tú no eres. Pronto realmente no lo serás -pero anda alistándote para eso, compórtate como si ya no eres. Entonces:

"... produce un gran árbol y llega a ser refugio para todos los pájaros del cielo".

Siempre ha estado sucediendo así: estás cerca a mí; mi semilla está muerta -por eso es que estás aquí. No es por ti que estás aquí, es por mí que estás aquí. Pero decir "por mí" no es correcto, porque no hay "mí"; la semilla ha desaparecido, ahora simplemente es un árbol. Y si tienes un vislumbre de tu propia posibilidad a través de mí, el trabajo es hecho.

El reino de los cielos es como la semilla de mostaza... ustedes son las semillas, ustedes son la posibilidad de ese reino. Alístense para morir, porque esa es la única manera de renacer.

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