(Yaugurú / 2016)
aguantaraz
Has llegado a alzar
la mano. Contratista. Ay, perdón,
debí decir: poeta feligrés.
Metalia de la lengua,
poeta orondo. Poeta del Partido, lengüita, lenguaraz: gusano.
-Veo ratas subiendo las paredes. Veo espinas de rosal en
todas paredes de la casa.
-¿Ves sangre en las paredes, Dylan?
-Horror vero, lo demás son detalles.
Has llegado a alzar
la mano: abierta, en comba, con sus dedos en dentición durante.
Mano tumbada, sin
embargo, despeñada. Con el cordón umbilical en bandolera.
La mano que zozobra,
tala hueca; como aureola pardogris.
La mano-ojo: glándula
lacrimal de la conciencia.
La que duele un tanto
más que la mejilla.
La mano-mirada sin
pudor.
Mano muerta no hace trampa. 1
Mano es mitad de cara. 2
Mano es vergüenza
ajena.
Mano calavera,
finada, la que desaprisiona vientos boca arriba.
A rajatabla, vientos
búhos.
Lejos, dentro; dentro
de la piedra mora, por la quebradura.
Lejos, dentro; lejos
de los muros de la piedra mora, por la quebrada del yerbal.
-Anatolii Golóvnia, fílmelo de
tal forma que el agua pueda ser oída, así
indicole Vsévolod Iliarionovich Pudovkin a su operador de cámara
-¿Qué agua, camarada Director?. Respondiole
Él.
-La del aire, camada, la del aire, dándole
la espalda.
Sin tapujos. Al pan, pan: hostia, cáliz, luz, después de consagrados
por la mano.
Extremidad hundida en el smog (humo,
cerrazón y juro).
Piel de piedra, inmemorial, soda cáustica en escamas.
Como encumbre de hiedra viperina.
Como espina dorsal en el alud, arrase del que alude, del que versa al
Hueso del asunto.
Adeudas todos los deberes de patria potestad.
No alcanza aire a impedir el pozo. Ni pozo a entullecer el aire raro.
Arenas movedizas desde abajo. Como caballo loco, como caballo
cimarrón detrás de la marea.
Ni aire, ni pozo hueco.
-Todo es inútil y hay que tener
el valor de no tener pretextos. Me hubiera gustado clavar
la noche en el papel como a una
gran mariposa nocturna. 3
-Dejá dormir, murmuró Cordes, déjate
de pavadas.
-Como esa mariposa, volvió a decir Linacero.
Gesto pírrico: diseccionar un antes y un después, vivificado en dos.
Renacido como Hidra de Lerna despechada.
Antes, hacer el ademán.
Luego deshacerlo en polvo ceniciento junto al río.
Así raíz, izar el gesto eólico de esta mano con melena de león. Así
la prisa ninivita en desasirnos de raíz.
¿sacer? ¿sacernos Hanna?
Testigo, mártir, la memoria en varias lenguas.
Tremendo el gesto de la ola expansiva.
La mano sierpe, enjaulado el candor, muerde el talón de tu enemigo.
Tremendo el ademán de palma embarazada sobre el rostro.
Gilgamesh llora sin consuelo por
el llano: -Cuando muera, ¿no seré
como Enkidu? El espanto ha
entrado en mi vientre. 4
-El espanto ha entrado en tu
vientre, una hiena ha entrado en tu
bosque de cedros deodar, dice su corazón partido.
Gilgamesh deja de llorar. Emprende el camino hasta llegar la noche.
-Cuando muera, mis ojos dejarán de
ver el resplandor del sol.
Dolor fuera de la humillación. Fuerza del golpe en la cisura del hueso.
Dolor fuera de voz.
Dolor del interior de las arrugas.
Dolor en la noche que se hunde en el mejunje. Sume en la mirada.
El encare del hijo que culmina. Autoridad que emana.
Dolor que alega. Pretexta el fundamento.
1. Ricardo Zelarayán: Trampa
(Roña criolla, 1991).
2. Ricardo Zelarayán: Ataja (Roña
criolla, 1991),
3. Juan Carlos Onetti: El pozo (1939).
4. Epopeya de Gilgamesh.
Nudo en la garganta
Debía haber bolsas rotas de pórtland. Ladrillos de campo chupando
la aguachenta. Hierro tratado, clavos enderezados a martillo, alambre
dulce. Fretachos y cucharas de albañil.
Debía haber tablas de encofrado con nudo en la garganta. Tablón de
pino. Planchada, columna y viga.
Debía haber dolor en los riñones. Manos callosas, olor a pata y
sudores congelados en la faja.
Debía haber ternura.
Pero no había eso. Había sospecha de desmayo, pedregullo,
camaradas en silencio con pucho entre los labios.
Nada de hermosura. Sólo camión.
-Me
cago en Dios, dijo el albañil al catequista. Mientras partía a
macetazos la viga
malograda.
El catequista era
el hijo que llevaba su apellido. El silencio era la tarde
Desmedida. Las
distancias, huecos de esperanza.
-Me cago en tu madre, sintió.
Sudor frío bajo el manifiesto corazón.
La muerte tigre comería trigo si pudiese. Grava en los huecos del corazón,
donde lastima.
Granulometría del maíz en las rodillas. Grava la histeria del pupitre.
La de la tiza horrísona en el betún.
Detrás rechazo, olor a mierda, pozo negro bajo el duraznero.
Ese árbol dio los frutos más ricos. Puro almíbar. Puro azahar.
Pura sombra.
Vieja pared del arrabal
Tu sombra fue mi
compañera
De mi niñez sin esplendor
La amiga fue tu madreselva. 6
El canto de una calandria se alza sobre la pileta de lavar
Mientras en la cocina se escucha Madreselva
en la voz de
Libertad Lamarque
-
Bien pegado el revés a esa chirusa
-
Le tocó el destierro, pero le hizo un favor.
-
La muy mosquita muerta.
Esa espesura que dejaron los muertos, los malos entendidos, las
compresas de alcohol.
La sal, el fuego por la boca. Fuego que se mete por la boca y se
pierde adentro.
El poeta no supo dar un rasgueo de luz con su guitarra. Ni un puto
croquis de arte bella.
Fracaso para embellecer la mierda.
Nada queda de la apuesta. Se lo llevaron todo.
No.
Quedan las palabras huecas.
Las muecas.
Las muecas en la oreja. Las moscas del fogón.
No.
Queda la vanidad. La presunción del poema. La hinchazón de la
lengua. Los humos, el aire, el viento. Los fueros del poeta, la vanagloria.
Ahora tienes el brazo dormido. No vuela tu cresta sobre los
cadáveres . Nada queda del furor. Nada del cuchillo. Nada del miedo.
Tienes el brazo sin cabeza.
Teatro en el
teatro de operaciones.
Poema en el
poema.
Sol en el sol
de la planchada.
Agua turbia en
la sed. Lo mismo apaga.
Esa paz en los
andamios.
Ese ladrido.
Hablas de ti. No de mí.
De mí no te han dejado.
Ellos se lo llevaron.
Escribir a tientas. Pegarle un golpe de katana a un quebracho
colorado. Abrir en dos a un yacaré.
Escribir sin pies ni cabeza. Sin orden, como nido de carancho.
Escribir sobre la carroña, literalmente.
No importa el buey, bien se lame.
No importa el carnero merino.
Escribir con la sudoración del corazón o cualquier otra víscera.
Sobre la piedra.
Con la carne amoratada. Con la podredumbre.
Con el tufo a podrido del olvido.
Al sol.
Con la mano temblando todavía. A escasos metros del muñón.
6. Luis César Amadori: Madreselva (1931,
tango).

























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