EL AGRO Y LA URBE Y SU SÍNTESIS SOCIALISTA
Aun son legión los
profesores patriarcales -Tolstoi a la cabeza- que levantan entre el burgo y el
agro una barrera tremenda, sagrada, infranqueable. Esta misma barrera se apoya,
del otro lado, en una doctrina idéntica de los profesores ultra-ciudadanos.
Aquellos se han erigido en apóstoles y defensores de la existencia campesina, y
los otros, en defensores y apóstoles de la existencia urbana. A lo sumo, ambos
bandos llegan a la tímida concesión de un Hyde Park en Londres y de una Jasnaia
Poliana en la estepa.
Pero entre unos y otros,
se yergue en esta cuestión la doctrina socialista. En Rusia, el campo y la
ciudad se mancomunizan más y más, forjando el tipo del hombre nuevo, cuyo
género de vida, trabajo y módulos culturales, participarán, por igual, de una y
otra atmósfera. ¿Por qué el trabajador del campo le ha de estar prohibido
conocer y disfrutar de los intereses, derechos, obligaciones, goces e
inquietudes colectivas del trabajador de la ciudad? ¿Y por qué, a su turno,
este ha de estar condenado a idéntica privación respecto de la vida campesina?
El socialismo trata de
refundir en el hombre futuro al habitante de la urbe y al habitante del agro.
La civilización del porvenir debe basarse e inspirarse en ambos, someterlos a
unas mismas disciplinas sociales y extraer de los dos el individuo nuevo, del
molde sintético de humanidad. Y esto se está ya efectuando en Rusia con los kombinats, tipos originalísimos de
convivencia social, especie de grandes núcleos colectivos -mitad agrarios y
mitad industriales, mitad bucólicos y mitad ciudadanos (1).
Notas
(1) El agro y la urbe y
su síntesis socialista: Hay que conservar este capítulo, redondeándolo. (N. del
A.)

























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