CANCIÓN 25
Cogednos
las raposas
que
está ya florecida nuestra viña,
en
tanto que de rosas
hacemos
una piña,
y
no parezca nadie en la montiña.
DECLARACIÓN
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4
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Porque a esta sazón que el alma está gozando la flor de la viña y deleitándose
en el pecho de su Amado, acaece así que
las virtudes de el alma se ponen todas en pronto y claro (como habemos dicho) y
en su punto, mostrándose a la alma y dándole de sí gran suavidad y deleite; las
cuales siente el alma estar en sí misma y en Dios, de manera que la parecen ser
una viña muy florida y agradable de ella y de Él, en que ambos se apacientan y
deleitan. Y entonces el alma junta todas estas virtudes, haciendo actos muy
sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las
ofrece ella al Amado -porque sin su favor y ayuda no podría ella hacer esta junta
y oferta de virtudes a su Amado-; que por eso dice: “hacemos un apiña”, es a
saber, el Amado y yo.
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/
Y llama “piña” a esta junta de virtudes, porque, así como la piña es una pieza
fuerte, y en sí contiene muchas piezas fuertes y fuertemente abrazadas, que son
los piñones, así esta piña de virtudes que hace el alma para su Amado es una
sola pieza de perfección de el alma, la cual fuerte y ordenadamente abraza y
contiene en sí muchas perfecciones y virtudes muy fuertes y dones muy ricos.
Porque todas las perfecciones y virtudes y dones se ordenan y convienen en una
sólida perfección de el alma; la cual, en tanto que está haciéndose por el
ejercicio de las virtudes y, ya hecha, se está ofreciendo de parte de el alma
al Amado en el espíritu de amor que vamos diciendo, conviene que se cacen las
dichas raposas por que no impidan la tal comunicación anterior de los dos. Y no
sólo pide esto la esposa en esta canción para poder hacer bien la piña. Mas también
quiere lo que se sigue en el verso siguiente, es a saber:
y
no parezca nadie en la montaña.

























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