domingo

CÁNTICO ESPIRITUAL (61) - SAN JUAN DE LA CRUZ


CANCIÓN 25

Cogednos las raposas
que está ya florecida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hacemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña.

DECLARACIÓN (2)

4 / Porque a esta sazón que el alma está gozando la flor de la viña y deleitándose en el pecho de su Amado, acaece así  que las virtudes de el alma se ponen todas en pronto y claro (como habemos dicho) y en su punto, mostrándose a la alma y dándole de sí gran suavidad y deleite; las cuales siente el alma estar en sí misma y en Dios, de manera que la parecen ser una viña muy florida y agradable de ella y de Él, en que ambos se apacientan y deleitan. Y entonces el alma junta todas estas virtudes, haciendo actos muy sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las ofrece ella al Amado -porque sin su favor y ayuda no podría ella hacer esta junta y oferta de virtudes a su Amado-; que por eso dice: “hacemos un apiña”, es a saber, el Amado y yo.

5 / Y llama “piña” a esta junta de virtudes, porque, así como la piña es una pieza fuerte, y en sí contiene muchas piezas fuertes y fuertemente abrazadas, que son los piñones, así esta piña de virtudes que hace el alma para su Amado es una sola pieza de perfección de el alma, la cual fuerte y ordenadamente abraza y contiene en sí muchas perfecciones y virtudes muy fuertes y dones muy ricos. Porque todas las perfecciones y virtudes y dones se ordenan y convienen en una sólida perfección de el alma; la cual, en tanto que está haciéndose por el ejercicio de las virtudes y, ya hecha, se está ofreciendo de parte de el alma al Amado en el espíritu de amor que vamos diciendo, conviene que se cacen las dichas raposas por que no impidan la tal comunicación anterior de los dos. Y no sólo pide esto la esposa en esta canción para poder hacer bien la piña. Mas también quiere lo que se sigue en el verso siguiente, es a saber:

y no parezca nadie en la montaña.

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