domingo

LECCIONES DE VIDA (116) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


14 / LA LECCIÓN DE LA FELICIDAD (9)

DK (2)


Una de las mayores paradojas a las que nos enfrentamos en la vida es la de nuestra parte oscura. A menudo intentamos deshacernos de ella, pero la creencia de que podemos hacerla desaparecer es poco realista e inverosímil. Tenemos que encontrar el equilibrio entre nuestras fuerzas opuestas. Conseguirlo no es fácil, pero forma parte de la vida. Si consideramos que este equilibrio es tan natural como el hecho de que la noche sigue al día, nos sentiremos más satisfechos que si intentamos hacer ver que la noche nunca llegará. En la vida hay tormentas, pero a la tormenta, siempre le sigue la calma. De la misma manera que no ha habido ningún día sin noche y ninguna tormenta ha durado una eternidad, nos movemos de un lado a otro en el péndulo de la vida. Experimentamos lo bueno y lo malo, el día y la noche, el yin y el yang. Y con frecuencia enseñamos exactamente lo que tenemos que aprender.

Vivimos en estas paradojas, en los múltiples altibajos. Aunque es cierto que la felicidad no depende las circunstancias externas, intentamos mantener el equilibrio entre esta verdad y la realidad del mundo en que vivimos: las cosas que suceden a nuestro alrededor nos afectan. Sería poco realista decirle a alguien que está viviendo una tragedia que no debería afectarle, porque lo hará. Por otro lado, cuando pasamos por nuestros peores momentos, a veces descubrimos lo mejor de nosotros. Lo cierto es que superamos las tragedias y seguimos adelante en busca de la felicidad. La luz del sol se abre paso en la oscuridad, y en la experiencia de la muerte a veces encontramos la vida.

Para encontrar la felicidad, debemos aprender algunas cosas y desaprender otras. Debemos enseñar a nuestra mente a pensar de un modo radicalmente distinto a como el mundo nos ha enseñado. Debemos desaprender las formas de pensamiento negativas y practicar las positivas, pero no cuando nos sentimos felices mientras paseamos en plena naturaleza en un día radiante, sino en todo momento, sobre todo cuando las circunstancias no nos producen precisamente alegría.

La próxima vez que alguien nos moleste, practiquemos la felicidad. No se trata de evitar la experiencia, sino de escuchar lo que la otra persona dice, valorar si contiene información importante y hacer lo posible para que no interfiera en nuestro estado de ánimo.

Debemos revisar nuestros patrones de conducta y preguntarnos qué comportamientos nos producen felicidad y cuáles nos llevan a la desesperación. Debemos realizar cambios, internos y externos. ¿Los celos nos proporcionan felicidad? ¿Gritar o avasallar a alguien nos produce una felicidad duradera? Cuando somos agradecidos, ¿cómo nos sentimos? Cuando tenemos un gesto amable con alguien, ¿nos sentimos felices?

Mientras conducimos, en lugar de insultar a los demás conductores debemos mirar a nuestro alrededor y pensar que todos estamos en el mismo barco. Debemos imaginarnos cómo se sienten los demás y practicar la amabilidad con ellos. Aquellos que quieran hacer el curso avanzado pueden practicar la amabilidad anónima llevando a cabo algún acto bondadoso o compasivo sin decírselo a nadie.

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