DECLARACIÓN (2)
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Muchos oficios tiene el alma no provechosos antes que llegue a hacer esta
donación y entrega de sí y de su caudal al Amado; porque todos cuantos hábitos
de imperfecciones tenía, tantos oficios podíamos decir que tenía, los cuales
pueden ser acerca del hablar y de el obrar, teniendo en esto costumbre de no
usar de esto como conviene ordenadamente a la perfección. Acerca de lo cual
siempre el alma tiene algún oficio vicioso que nunca acabó de vencer, hasta que
de veras emplea su caudal en el servicio de Dios, donde (como habemos dicho)
todas las palabras y pensamientos y obras son ya de Dios, no habiendo ya oficio
de murmurar ni de otra imperfección en las palabras ni en las demás potencias.
Y así, es como si dijera: Ni me ocupo ya ni entretengo en otros tratos, ni
pasatiempos ni cosas del mundo:
que
ya sólo en amar es mi ejercicio.
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Como si dijera: Que ya todas estas potencias y habilidad de el caudal de mi
alma y mi cuerpo -que antes algún tanto empleaba en otras cosas no útiles- las
ha puesto en ejercicio de amor. Esto es lo que dice David: “Fortitudin(em) mean
ad te custodiam” (Ps,38-10), es a saber: Que toda la habilidad de mi alma y
cuerpo se mueve por amor, y padeciendo por amor todo lo que padezco.
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Aquí es de notar que, cuando el alma llega a este estado, todo el ejercicio de
la parte espiritual y el de la parte sensitiva, ahora sea en hacer, ahora en
padecer, de cualquiera manera que sea, siempre la causa más amor y regalo en
Dios. Y hasta el mismo ejercicio de oración y trato con Dios que antes solía
tener en otras consideraciones y modos, ya todo es ejercicio de amor, De manera
que, ahora su trato sea acerca de lo temporal, ahora sea su ejercicio acerca de
lo espiritual, siempre puede decir esta tal alma:
que
ya solo en amar es mi ejercicio.
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¡Dichosa vida y dichoso estado y dichosa el alma que a él llega, donde le es ya
substancia de amor y regalo y deleite de desposorio, en que de veras puede la
esposa decir al divino Esposo aquellas palabras que de puro amor le dice en los
Cantares, diciendo: “Omnia poma, nova et vetera, servavi tibi” (7,13); que es
como si dijera: Amado mío, todo lo áspero y trabajoso quiero por ti, y todo lo
suave y sabroso quiero para ti! Pero el acomodado sentir de este verso es decir
que el alma en este estado de desposorio espiritual ordinariamente anda en
unión de amor de Dios, que es común y ordinaria asistencia de voluntad amorosa
en Dios.

























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