domingo

LOS “TRUCS” DEL PERFECTO CUENTISTA Y OTROS ESCRITOS (17) - HORACIO QUIROGA


ESCRITOS DE HORACIO QUIROGA

Por qué no sale más la Revista del Salto * (2)

Oigámonos: “Los decadentes son personas desequilibradas que bajo una aparente pomposidad nos muestran la pobreza de su intelecto. Amontonan palabras sobre palabras, adjetivos sobre adjetivos, y nos dejan en ayunas sobre lo que han querido decir. Su secreto es poner palabras raras, dislocar la lógica y convertir en idioma en una especie de tienda de juglar. Aplican cualidades imposibles a cosas que nada dicen, hacen considerable ostentación de expresiones que pretenden ser fuertes y resultan fangosas, usan y abusan de los medios de aturdir e irritar los nervios y sueltan a trapo tendido las ridículas concepciones de su imaginación, que si bien es permitido usar de esta, debe no obstante ser razonable, justa, equilibrada, de modo que todos entiendan lo que se quiere decir, sin llegar nunca a rebuscar las palabras y las imágenes. Debe eliminarse de la Literatura la que no encierre una idea honesta, clara y precisa. No hay necesidad ninguna de enseñar las llagas de ciertos corazones ni el cieno de ciertas fantasías. Nada nos importa que sientan de tal o cual manera, que vean las cosas de tal o cual modo. Hay un solo Ideal de belleza, único, absoluto, al que debemos ajustarnos, abandonando lo que se aparte de él, como un molde imprescindible fuera del cual todo es inmortal, disparate, absurdo”.

Así habla el criterio, no el Genio ni el incapaz, sino cualquiera de ellos, el primero que llega, el primero que él cree cierto y dice: “Fuera de aquí, aquí no hay nada”.

Recordemos con Maupassant:

“Todos los escritores. Víctor Hugo como Zola, han reclamado constantemente el derecho absoluto, el derecho ineludible de componer, es decir, de imaginar y de observar, según su concepto personal del arte. El talento procede de la originalidad, que es una manera especial de pensar, de ver, de comprender y de juzgar. Luego el crítico que pretende definir la novela según la idea que él tiene de las novelas que prefiere, y fijar ciertas reglas invariables de composición, ahora siempre contra todo temperamento de artista que produce una idea nueva… Negar el derecho de un escritor a hacer una obra política y una obra realista es pues obligarle a modificar su temperamento, recusar su originalidad y no permitirle servirse de los ojos y de la inteligencia que le ha dado la naturaleza. Culparle de ver las cosas bonitas o feas, pequeñas o épicas, graciosas o siniestras, es culparle de estar organizado de tal o cual manera, y de que no vea las cosas como las vemos nosotros.

El público está compuesto de grupos numerosos que nos dicen:

Consoladme.
Entristecedme.
Enternecedme.
Hacedme soñar.
Hacedme estremecer.
Hacedme llorar.
Hacedme pensar.

Solamente algunas inteligencias privilegiadas piden al artista: Mostradme algo nuevo y bello, en la forma que mejor os convenga, según vuestro temperamento.

El crítico sólo debe apreciar el resultado según la naturaleza del esfuerzo, y no tiene por qué preocuparse de las tendencias.” (1)

Cada uno de nosotros se hace, pues, sencillamente, una ilusión del mundo, ilusión poética, sentimental, regocijada, melancólica, fea o lúgubre, según su naturaleza, y el escritor no tiene otra misión que reproducir fielmente esta ilusión con todos los procedimientos de arte que ha aprendido y de que puede disponer.

¡Ilusión de lo bello, que es una convención humana! ¡Ilusión de lo feo, que es una opinión mudable! ¡Ilusión de lo verdadero siempre inmutable! Los grandes artistas son aquellos que imponen a la humanidad su ilusión particular.

No nos enojamos, pues contra ninguna teoría, puesto que cada una de ellas es sencillamente la expresión generalizada de un temperamento que se analiza.

Simbolismo, estetas coloristas, modernismo delicuescente, decadentismo son palabras que nada dicen, se trata de expresar lo más fielmente posible los diversos estados del alma, que para ser representados con exactitud, necesitan frases claras, oscuras, complejas, sencillas, extrañas, según el grado de nitidez que aquellos tengan en nuestro espíritu.

Todo se rebela: la ganga contra el pálido, la bruma contra el horizonte, el caballo contra el freno, y la imbecilidad contra la aurora rasgada sobre el viejo paisaje.

Damos gracias a los que nos han acompañado en la tarea que finaliza con el número de hoy.


Notas

* Publicado en Revista del Salto, Salto, año 1, nº 20, 4 de febrero de 1900.

(1) Quiroga cita de modo fragmentado pasajes del prólogo de la novela Pedro y Juan de Maupassant.
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