jueves

TIEMPOS POSMODERNOS (2) - RICARDO AROCENA


Apuntes sobre la soledad, la comunicación, la incomunicación, la modernidad, la posmodernidad, la sociedad de la información, la penetración cultural y el imperialismo

Qué tiempos serán los que vivimos,
que hay que defender lo obvio

BERTOLT BRECHT


EL CUARTO PODER

Desde el propio origen de la comunicación escrita, que se remonta a las primeras civilizaciones, hubo quienes estuvieron dispuestos a manipularla. Por ejemplo, algo que con el transcurso del tiempo pasó a ser frecuente fue la seudoepigrafía, que consistía en adjudicar o firmar documentos con el nombre de alguien famoso, para propiciar una mayor difusión. Es más, algunos humanistas del Renacimiento falsificaron textos para completar las lagunas en la transmisión de los autores clásicos e incluso llegaron a componer obras completas en latín que quisieron hacer pasar por antiguos textos recuperados.

Recordemos que por entonces la transcripción de textos a mano sobre arcilla, papiro, pergamino o cualquier otro soporte, era realizada por copistas, pero con el correr de los años y ante la lentitud del procedimiento, la necesidad social impuso una renovación, que fue lograda merced a dos "invenciones" originarias del Extremo Oriente: el papel que fue creado en el siglo II y la impresión xilográfica, que surge en el siglo XVI y que evolucionará hacia la impresión con tipos móviles de madera y metal.

Aunque no faltan los que difieren al respecto, la mejora de la impresión es considerada obra de Gutemberg, quien entre 1436 y 1450 habría logrado la impresión mecánica y la fundición con tipos metálicos con matrices de su invención y la modificación de las tintas, que fueron adaptadas para el trabajo de prensa.

Por entonces el “aparato ideológico” dominante era la Iglesia, agrupaba además de las funciones religiosas, las escolares y en gran medida lo referente a la información y la cultura, por eso no puede llamar la atención que entre las primeras publicaciones estuvieran el incunable Catholicon, de Juan Balbu de Janna, calendarios para el año 1448, bulas de indulgencia y en particular, la Biblia de las 42 líneas, en dos tomos de doble folio, de 324 y 319 páginas respectivamente, con espacios en blanco para pintar a mano las letras capitulares, las alegorías y viñetas.

Sin embargo, la nueva tecnología fue rechazada por algunos sectores que la consideraron una burda imitadora de manuscritos, hasta que a fines del siglo XVI terminó imponiéndose impulsada por los defensores de las nuevas ideas que surgen a partir del Renacimiento y de la Reforma, que necesitaban formas más ágiles de reproducción y a mayor escala.

La revolución francesa tuvo como objetivos la sustitución de la autocracia feudal por la naciente burguesía capitalista, el reemplazo del aparato represivo por uno que obedeciera los nuevos intereses y la sustitución del aparato ideológico-religioso dominante. Para el logro de tales objetivos un rol esencial lo jugaron los periódicos, que promovieron como ideales sustitutos la libertad de prensa y el papel político de la opinión pública.

A lo largo de ese turbulento período surgieron diferentes medios de prensa, con actitudes periodísticas disímiles con respecto al entorno informativo. Por ejemplo, mientras que por una de sus publicaciones en L'Ami du peuple, el dirigente revolucionario Jean-Paul Marat fue citado ante el tribunal de Châtelet por «excitación a violencias», periódicos como La Gazette  ocultaron la toma de la Bastilla y el estallido de la Revolución francesa. Evidentemente dos maneras de encarar el periodismo, que continúan hasta hoy en día.

Algo más de tres décadas más tarde, a partir de 1830, irán naciendo los primeros grandes periódicos modernos, que estarán basados en una producción de corte industrial a través de rotativas y en la publicidad como fuente financiera. Surgirán poderosos propietarios que encararán la información como un negocio y un instrumento de sometimiento, es el caso de William Randolph Hearst, inmortalizado por Orson Welles en su película El ciudadano.

Hearst fue un poderoso personaje de la escena política y empresarial de EEUU. Consolidó uno de los más grandes imperios empresariales de la historia, llegando a poseer un total de 28 periódicos de circulación nacional, entre ellos Los Ángeles Examiner, The Boston American, The Atlanta Georgian, The Chicago Examiner, The Detroit Times, The Seattle Post-Intelligencer, The Washington Times, The Washington Herald y su periódico principal The San Francisco Examiner, además de empresas editoriales, compañías y emisoras radiales, así como revistas, entre ellas CosmopolitanTown and Country y Harper's Bazaar y muchas otras.

Apoyándose en esos medios estimuló, por ejemplo, la Guerra hispano-estadounidense y la campaña contra de la Revolución Mexicana, en defensa de sus propiedades y haciendas en territorio azteca, amenazadas por la revolución. En suma, la descarnada denuncia de Welles no inventaba nada, pero le hará vivir momentos difíciles.

Una muestra de la capacidad de generar conmoción social que tiene la comunicación, la dio el propio cineasta el 30 de octubre de 1938. En esa fecha junto a la compañía de teatro Mercury transmitió desde la estación de radio Columbia Broadcasting System un guión radiofónico, basado en la obra de teatro "La guerra de los mundos" de Herbert George Wells, que relataba una supuesta invasión desde Marte. La emisión provocó el pánico en varios centenares de miles de habitantes de Nueva York y limítrofes, éxodos masivos y cierre de carreteras.


CAPITÁN AMÉRICA

Valga la anécdota. Hearst no ignoraba que la imagen impresa tiene entre sus virtudes una mayor contundencia, economía e inmediatez en su intencionalidad comunicativa, lo que permite aludir a cuestiones del momento valiéndose de ironía, humor, causticidad, exaltación o crítica. Por tal motivo impulsó nuevas formas visuales de comunicación, como por ejemplo el comic. La primera tira de dibujos unidos por una historia resumida al máximo fue publicada en el New York World y relataba las grotescas aventuras de Yellow Kid, un personaje creado por el dibujante Richard F. Outcault.  

El nuevo vehículo informativo resultó ideal para la inyección de formas de conducta e ideas a tal punto que por ejemplo durante la Segunda Guerra Mundial las viejas historias de aventuras, policiales, fantásticas, etc., que relataban los comics, se vieron relegadas por el tema bélico y los personajes pasaron a formar parte de las diferentes fuerzas contendientes.

Por ejemplo Roosevelt, desde la Casa Blanca, auspició la serie "Capitán América", que permanentemente hacía referencia al conflictivo panorama internacional, el fascismo italiano promovió a "Dick Fulmine", el franquismo a "flechas y pelayos" y el militarismo japonés "Las aventuras de Dankichi", por citar algunos ejemplos.

En América Latina la invasión cultural de EEUU alcanzó durante la guerra fría ribetes tan elevados, que Ariel Dorfman, connotado investigador de la cultura de masas, publicó el libro "Para leer al Pato Donald", en el que denuncia que muchos de los personajes que a través del comic, del cine o de la televisión llegan a nosotros, nos imponen formas de colonización.

"Disney, entonces, es parte –al parecer inmortalmente– de nuestra habitual representación colectiva. En más de un país se ha averiguado que el Ratón Mickey supera en popularidad al héroe nacional de turno. En Centroamérica, las películas programadas por la AID para introducir los anticonceptivos son protagonizadas por los monos del “Mago de la Fantasía”. En nuestro país, a raíz del sismo de julio (1971), los niños de San Bernardo mandaron revistas Disneylandia y caramelos a sus amiguitos terremoteados de San Antonio. Y un magazine femenino chileno proponía, el año pasado, que se le otorgara a Disney el premio Nobel de la Paz.", alerta el prólogo del libro.
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