jueves

LA MIRADA DE OLGA PIERRI (1914 / 2016) - 6ta entrega


TRIBUTO A LA MARIPOSA MONARCA DE LA GUITARRA URUGUAYA

Hugo Giovanetti Viola


este libro está dedicado a Ignacio Giovanetti
que sabe distinguir entre el respeto musical
y la valoración de la verdad profunda


El que tenga oídos para amar, que aplauda.
El que tenga oídos para aplaudir, que mienta.
LOGION APÓCRIFO

La vuelta a las artes antiguas es una prueba de que hubo un salto en el proceso de la técnica y que el espíritu retrocede y trata de reincorporarse al ritmo natural y continuado de la creación.
CÉSAR VALLEJO

Es terrible
Pero
Cada día
Son más claros
Los intereses
Más oscuros
EFRAÍN HUERTA


26 / RUIDOS

Yo siempre fui más madre con la guitarra, explica Olga en la entrevista grabada para Tímpano en 2006 cuando se hace referencia a las tres grandes escuelas que señalizaron la primera mitad del siglo XX uruguayo: Rapat tenía mucha facilidad para trasmitir, y Carlevaro era más mecánico y cuidaba más los sonidos. Pero los ruidos a mí no me importan. Lo que yo oigo es la música y no los ruidos.

¿Pero qué quiere decir Olga cuando dice música?

Me acuerdo que en el 78 mi padre, Hugo W. Giovanetti Sanna, expuso sus Templos en la Asociación Cristiana de Jóvenes y yo invité a dar un concierto al entonces jovencísimo Gustavo Ripa, a quien Olga consideraba como el heredero del filum.

Y esa misma tarde la Monarca me vino a pedir, desesperada, que le hablara a Gustavo porque quería dejar la música clásica para dedicarse junto con Gonzalo Moreira (otro de sus alumnos) a trabajar en Canciones para no dormir la siesta Rumbo, y cuando charlamos en el camarín el creador de la saga cancionística Calma sacudió apenadamente la melena hoy canosa y fue más que rotundo:

-Mirá, loco. Yo quiero tocar para la gente y ya no aguanto más el repertorio clásico. Y conste que sé muy bien que Olga es la única persona que te puede decir en este momento en el Uruguay dónde está el alma de una frase.

Y ahora reproducimos el fragmento de una carta enviada por Juan Ramón Jiménez a Luis Cernuda en 1943 que metaforiza insuperablemente el objetivo estético de Olga Pierri que heredó su sobrijo:

“Creo que en la escritura poética, como en la música y en la pintura, lo que generalmente se quiere imponer como poesía es literatura: lo que nosotros queremos imponer como poesía es alma. La literatura no es forma, sino esencia. La letra (la literatura) mata. Es la esencia la que vive, la que contagia, la que comunica, la que descubre. La literatura es arte que acontece en el tiempo y en el espacio. La poesía trasciende el tiempo y el espacio, afincándose en la eternidad.” 

Su origen último es, agrega a propósito de este objetivo estético Francisco Javier Blasco, la fuerza de irradiación de una realidad misteriosa e inefable, sin la cual nunca habrá poesía posible. Dicha fuerza se puede experimentar, pero no definir conceptualmente. Escapa por ello al análisis y a la selección.


27 / REVOLUCIÓN

A principios de los 80 Álvaro me mandó un vinilo grabado en Montréal donde aparece incluida la primera versión del más revolucionario y anticademicista salto de garrocha que se ha dado en la historia de la guitarra clásica mundial.

Porque su escandalosa versión del Estudio Nº 12 de Villa Lobos (que fue la obra que tocó fuera de programa en 2015, cuando vino a tocar el Concierto de Aranjuez en el Auditorio) puede definirse como un verdadero tsunami, y contradice todos los preceptos puristas concebibles hasta al grado de hacer chirriar la dinámica de un crescendo mediante un rascado hecho a pura uña, lo cual ya podría ser definido como una especie de colmo de atrevimiento profanador de cualquier sistema guitarrístico elaborado desde los tiempos en que el legendario Fray Basilio le agregó la sexta cuerda a la guitarra barroca para instalarla en la actual modernidad.

Y sin embargo Olga estaba maravillada (en un sentido evangélico) con aquel disparate.

Una vez le pregunté a Álvaro, en la década de los 90, cómo se había animado a dejar salir una recreación tan irrespetuosa de la partitura original y me confesó que había sufrido un vértigo realmente atroz y que un día, cuando estaba punto de desechar el arreglo, se puso a pensar cómo hubiese reaccionado Villa-Lobos al escuchar aquella explosión de la cosa y se tranquilizó.

-A lo mejor queda mal que yo lo diga -se llenó un vaso con el Cabernet Santa Rosa que nos gustaba tanto tomar y me enfocó por arriba de los lentes largando su clásica risita de enfant terrible: -Pero en determinado momento sentí con toda claridad que Villa-Lobos se hubiera levantado a darme un abrazo y entonces chau. Se me fueron las dudas.

Y cuando le pregunté por qué nunca lo tocaba en el Uruguay torció una mueca triste y me di cuenta que estaba pensando en los comisarios guitarrísticos de Tontovideo, Abel Carlevaro y Eduardo Fernández (dos academicistas incapacitados para aceptar aquella genialidad que se había adelantado veinte años en el decurso histórico, aunque sí para mormorar irónicamente sobre las locuras de Pierri) y graznó:

-¿Vos te creés que yo soy un payaso?

Invito a los lectores a que busquen en youtube un especial filmado en 2001 en Japón y escuchen cuál es la pieza final que toca Álvaro frente a un teatro que después de unos segundos de silencio abismal le festeja delirantemente la milagrosa indecencia.


28 / FRAUDE

El tema que quedaría por resolver es si Felisberto Hernández no se equivocó al afirmar en la última frase del reportaje contestado en el 26: Y en música, se conoce fácilmente al que va a buscar las cosas -aunque las encuentre- y aquel a quien vienen -digámoslo así- por una superioridad innata del espíritu.

Hace poco leí una nota titulada Desarrollan una técnica para diferenciar las perlas cultivadas y evitar el fraude, donde se anuncia que Dorrit Jacob y Ursula Wehrmeister, científicas de la Johannes Gutenberg University de Maguncia (Alemania) han desarrollado un método que permite identificar claramente el origen de las perlas cultivadas, lo que ayudará a los compradores a diferenciar las que proceden de China, que suelen ser de baja calidad, de las japoneses, que pueden alcanzar un precio diez veces superior.

Personalmente, pienso que hoy más que nunca los mitos culturales vacíos de autenticidad que trata de imponernos el consumismo salvaje no son detectados con facilidad por las masas manipuladas por los sabios que no saben nada (Sabina dixit) y pasarán todavía algunas décadas antes que el Premio Nobel Mario Vargas Llosa -para recurrir a un ejemplo de camelo glamoroso que irritaba especialmente a Juan Carlos Onetti- sea envainado por el mismo inapelable olvido que ya borró de la historia a su gemelo ochocentista Émile Zola, un comisario sociologizante que se dio el lujo de humillar en público a su amigo del alma Paul Cézanne porque se negó a aceptarle los consejos de no geometrizar el dibujo impresionista (el genio de Aix admiraba a sus colegas generacionales pero tuvo una irreprimible necesidad de ponerle un orden a lo que calificó de desparramo colorístico y terminó por hacer emerger en un sacudón de dos años nada menos que a la tríada cubista).

Lo cierto es que es que en el concierto del viernes 18 de diciembre, organizado con asombrosa astucia por el investigador Alfredo Escande -el idolatrador discípulo carlevariano que tuvo la idea de incluir a Álvaro Pierri en el concierto celebratorio del supuesto hegemonismo ineludible de nuestro laborioso Kokichi Mikimoto- todo el mundo se dio cuenta de que el único irradiador de nácar hipnótico y sublime que había en escena era el guitarrista formado esencialmente por la Monarca que veía más allá y jamás aspiró a reinar más que al despojadísimo servicio del Espíritu Santo.


29 / DUELO

Olga también profetizó, cuando mi hijo Ignacio tenía 12 años, que el próximo portador del grano sublime irradiado por la escuela pierrista iba a ser él, y los resultados están a la vista si el lector busca en youtube sus actuaciones integrando el dúo Torres-Giovanetti o el ensemble vienés Garufa!.

Recomiendo especialmente la audición del El africano de Eduardo Pereira y Fuga y misterio de Piazzolla con arreglos propios en el Liechtenstein Gitarrentagen (2013) o la de Oblivion en la Radiokulturhaus y Kicho en el MuTh Theater (2014).

Nacho empezó a estudiar conmigo desde muy chico y cuando tenía 14 años uno de mis ex-alumnos que estudiaba en la Escuela Universitaria le propuso que actuara en una librería céntrica y entonces lo mandé a prepararse con la Monarca y ya no paró de dar conciertos de primerísimo nivel, hasta que la arquitectura divina hizo que se me ocurriera llamar a Álvaro para ver si había posibilidades de que se radicara en la capital mundial de la música para trabajar con él, que acababa de ganar por concurso la cátedra de la legendaria Universität für Musik und darstellende Kunst Wien.

Y al final Nacho se animó a pegar el imprescindible salto de garrocha hacia la intemperie de la adultez, y en 2013 se diplomó como Magister Artium bajo la dirección del sobrijo, aunque mediando la carrera se dio cuenta de que su verdadera vocación era el tango grelero y después de hacer un curso intensivo en Córcega con el gran Ciro Pérez hoy integra, además del ensemble multimediádico Garufa!, el grupo Minimal Tango fundado por el pianista argentino Diego Collatti en 2002 y seguramente está maquinando la realización de eventuales nuevos proyectos todavía indefinidos.

Y lo que en definitiva hizo Ignacio Giovanetti fue conjuntar (con el filtraje rústico de la púa grelera mediante) la tonada inasible que le legó una Maestra de Maestros, con algunas importantes técnicas de depuración sonidística que Álvaro recibió durante los microcursos de perfeccionamiento que realizó bajo la glamorosa égida carlevariana.

Pero mi hijo no tiene un Edipo mal resuelto con su madrina de comunión y arquetípica Gran Madre que jamás lo sedujo ni se hizo idolatrar y a la que siempre siguió adorando compactamente, por lo que estamos compartiendo un duelo que las endémicas traiciones tontovideanas nos han agravado hasta la llaga viva.

¡Ay amor que se fue por el aire!, aullaba Federico entrampado por los simuladores.


30 / CARTA

Querido Álvaro: hace exactamente un año te llamé a Punta Colorada y charlamos mucho rato y cuando te hablé sobre mi teoría de que el surgimiento de tus tsunamis había que rastrearlo en el arquetipo artiguista constitutivo de nuestra comunidad hubo un silencio sorprendido y después me planteaste volver a juntarnos para tomar un buen tinto como en los viejos tiempos.

También te propuse filmarte un documental dirigido por Álvaro Moure Clouzet -que es capaz de isomorfizar la tensión sublime de tu música- y eso también te interesó.

Pero al final fue imposible encontrarnos, y ahora no puedo dejar de recordarte aquel mediodía de 2000 cuando un directivo del Canal 10 nos invitó a almorzar en La casa violeta, porque yo había estado gestionando durante meses la posibilidad de que grabaras tu primer especial para la paupérrima y calamitosa televisión uruguaya.

Y aquella tarde seguimos tomando vino en el Sibarita de Yaguarón, y de golpe levantaste un brazo para que no pidiera otra botella porque ya te sentías en el límite.

Pero yo estaba en el peor momento de mi alcoholismo y mientras me liquidaba solo otro Cabernet hablamos sobre el desánimo que te había llevado a plantearte no volver a actuar más en esta republiqueta agrisada por la culturosis endémicamente mezquina (donde el ambientún manipulado por los comisarios no podía perdonarte una resonancia mundial irrepetible, calificación utilizada por Viglietti en el Tímpano que te dedicó el año pasado) y me dijiste todo lo que pensabas sobre la guitarra uruguaya sin cuidarte por practicar ningún timing diplomático. ¿Cómo voy a olvidarme?

Por eso tu inclusión en el concierto del 18 de diciembre me provocó el disgusto más espantoso que he padecido en una vida cultural hecha siempre a contracorriente, porque para mí la defensa de los mitos espirituales legítimos es un problema de vida o muerte y me importan un carajo los aplausómetros de Ponsonbylandia.

Y era vergonzosamente obvio, por otra parte, que los tres músicos que te acompañaron (además del titiritero Alfredo Escande) supieran desde siempre que tu verdadera Maestra fue Olga Pierri.


Pero a mentir, que hay quórum.

Y las tres últimas cosas que te quiero aclarar son estas: 1) Me parece muy lógico que las originales técnicas de cultivo perlífero que sistematizó Abel Carlevaro hayan sido tan rimbombantemente homenajeadas por nuestro triste establishment. 2) Mi opinión de que sos el mayor artista que dio el Uruguay en toda su historia es absolutamente irreversible. 3) Voy a seguir sintiéndome tu hermano hasta el fin de mi vida.

Pero yo no traiciono a los míos por palmas ni patacones. 

Esta despedida epistolar incluye, además, la cita del insuperable testamento gemido a campo abierto por Don Ata: Lo que dentra a la cabeza / de la cabeza se va. / Lo que dentra al corazón / se queda y no se va más. / ¿Tú quieres saber por qué? / ¿Tú quieres saber por qué? / Escúchalo bien / escúchalo bien: / al corazón sólo dentra la pura verdad / ¡que al corazón sólo dentra la pura verdad! / La pura verdad / palabrita’i Dios / la pura verdad.

Y termino con Faulkner: Y yo sé lo que me vas a decir ahora. Que si la verdad es una cosa para vos y otra para mí, ¿cómo hacemos para elegir lo que es la verdad? Pero no precisamos elegir. El corazón ya lo sabe.


Cuartel artiguista de la calle Lepanto.

Enero de 2017.



http://www.cdm.gub.uy/con-olga-pierri-1914-2016

CON OLGA PIERRI (1914-2016)
film documental
Uruguay, 2016

Producción y realización: Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán.
Entrevistadores: Daniel Viglietti, Rubén Olivera, Coriún Aharonián y Álvaro Pierri.
Cámaras: Juan Pellicer y Federico Sallés.
Sonido: Fabrice Lengronne.
Montaje: Federico Sallés.
Agradecimientos: Álvaro y Naína Pierri, y Sección Audiovisual del Instituto de Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República.
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