domingo

CARLOS CASTANEDA - LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN (4)

PRIMERA PARTE
“LAS ENSEÑANZAS”

I (1)

Las notas sobre mi primera sesión con don Juan están fechadas el 23 de junio de 1961. En esa ocasión principiaron las enseñanzas. Yo había visto a don Juan varias veces antes, únicamente en calidad de observador. En cada oportunidad le había pedido instruirme sobre el peyote. Siempre hacia caso omiso de mi petición, pero jamás rechazaba de plano el tema y yo interpretaba sus titubeos como una posibilidad de que rogándole más, podría inclinarse a hablar de sus conocimientos.

En esta sesión inicial me dio a entender claramente que podría tener en cuenta mi petición siempre y cuando yo poseyera claridad de mente y propósito con respecto a lo que le había preguntado. Me era imposible cumplir tal condición, pues yo sólo le había pedido enseñanzas sobre el peyote como medio de establecer con él un lazo de comunicación. Pensé que su familiaridad con el tema podía predisponerlo a estar más abierto y más dispuesto a hablar, permitiéndome así el ingreso en su conocimiento de las propiedades de las plantas. Sin embargo, él había tomado mi petición en sentido literal, y le preocupaba mi propósito de desear aprender sobre el peyote.


Viernes, 23 de junio, 1961

-¿Me va usted a enseñar, don Juan?

-¿Por qué quieres empezar un aprendizaje así?

-Quiero, de veras que me enseñe usted lo que se hace con el peyote. ¿No es buena razón nada más que querer saber?

-¡No! Debes buscar en tu corazón y descubrir por qué un joven como tú quiere emprender tamaña tarea de aprendizaje.

-¿Por qué aprendió usted, don Juan?

-¿Por qué preguntas eso?

-Quizás los dos tenemos las mismas razones.

-Lo dudo. Yo soy indio. No andamos por los mismos caminos.

-Mi única razón es que quiero aprender, sólo por saber. Pero le aseguro, don Juan, que mis intenciones no son malas.

-Te creo. Te he fumado.

-¿Cómo dice?

-No importa ya. Conozco tus intenciones.

-¿Quiere usted decir que vio a través de mí?

-Puedes decirlo así.

-Entonces me enseñará?

-¡No!

-¿Porque no soy indio?

-No. Porque no conoces tu corazón. Lo importante es que sepas exactamente por qué quieres comprometerte. Aprender los asuntos del “Mescalito” es un acto de lo más serio. Si fueras indio, tu solo deseo sería suficiente. Muy pocos indios tienen ese deseo.
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