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MONTEVIDEO EN CARNAVAL - RICARDO AROCENA


El carnaval es, sin lugar a dudas, una de las festividades paganas más añejas, ya que por lo que sabemos, era celebrado en el año 1.100 A.C. Está relacionado con la adoración de Isis, diosa de la fertilidad para la mitología egipcia y con las Bacanalia, Lupercalia y Saturnalia, antiguas ceremonias grecorromanas.

Durante la Edad Media los romanos lo introdujeron en Europa, adonde fue celebrado con carros alegóricos, carreras de caballos y "jorobados" que desfilaban frente al ferviente público, que acompañaba iluminando con velas. En Italia y Francia también fue celebrado con fiestas de disfraz, que fueron implantadas  a instancias del papa Paulo II.

La fiesta del dios Momo ha sido bautizada con diferentes nombres, como por ejemplo "Flashing", "Mardi Gras", "Vastelaovend" y fue considerada como un preludio a los rigores de la cuaresma: tres días de locura y fiesta preparatorios de lo que vendría después, por lo que se la reconoce como una celebración pagana "con sabor cristiano".


MOMO ENTRE NOSOTROS

Muy tempranamente, en los albores de la fundación de Montevideo, se realizaban festejos, que pueden ser calificados como precursores de los que se efectúan en la actualidad. Durante los Corpus Cristi, grandes desfiles encabezados por grupos de danzantes, bailaban un ritmo parecido a la Tarasca. Los bailarines meneaban sus cuerpos con espasmódicos movimientos y temblores para asustar a los niños y llamar la atención de las mujeres.

Con el tiempo los morenos también se integran a los festejos del viejo Montevideo colonial, aportando las costumbres propias de su tierra de origen;  terminarán organizando su propia diversión, que será seguida con admiración y respeto por el resto de la comunidad; impresionada asistía a bailes que eran vistos por entonces como "muy vivos y lascivos", entre los cuales estaba la Calenda, que era acompañada de instrumentos y cánticos.


EL CANDOMBE

Al parecer en sus orígenes el candombe fue una danza dramática de los esclavos africanos y sus descendientes que en realidad desapareció a fines del siglo XIX. La bailaban invocando a San Benito de Palermo o a San Baltasar, lo que expresaría el sincretismo entre la religión de la tribu Bantú y el culto católico. No faltaron los negros que simularon aceptar su conversión al cristianismo, pero en realidad lo que hacían era disimular detrás del santoral, la adoración a sus antiguos dioses.

El candombe era practicado en "sitios" desde el atardecer hasta las primeras horas del día siguiente: lo tocaban con tamboriles de un solo parche, que eran golpeados con un palo o con las manos. Aquellas "llamadas", realizadas por pequeños grupos de 6 o 7 tamborileros, convocaba a las comparsas. La piqueta fatal de los años modificó hábitos y costumbres, pero si bien en la actualidad las actuales danzas negras no son iguales a las de la época colonial, no hay dudas de que el antecedente remoto de las comparsas de hoy en día, puede ser ubicado en los orígenes de Montevideo.

En 1760, con la participación de once morenos, la comunidad negra se suma por primera vez a las fiestas carnavaleras. Solía congregarse en la actual rambla sur, adonde estaban  sus caseríos, en un lugar que era conocido como la "Nueva ciudad de Palermo" y donde se realizaba el desfile de las distintas naciones, encabezadas por un rey y una reina. Los esclavos aprovechaban la ocasión para recuperar sus tradiciones, bailando según sus costumbres, pero cuidándose de no exagerar para evitar posibles sanciones.


PESE A TODO

Por estos lares es inconcebible que la fiesta de Momo no se realice. Aun bajo situaciones límites de guerra o conflicto político ha sido festejado, por ejemplo durante el asedio artiguista de 1813 a Montevideo. En aquella ocasión los pobladores salieron a la calle a jugar "guerras de agua": durante el siglo XIX, el carnaval fue considerado una oportunidad para olvidar las penas producto de una vida inquieta y llena de zozobras.

Pero una vez ocurrió lo imposible. El único año en nuestra historia que el Carnaval no fue festejado fue en 1868. Era un verano sofocante y la epidemia de cólera hacía estragos en la población, que además estaba asediada por conflictos políticos. A las amenazas de invasión de Timoteo Aparicio hay que sumarle el estallido el 6 de febrero de la denominada "revolución de los muchachos". Pese a todo la prensa igual anunció unas "carnestolendas alegrísimas como pocas", pero a falta de una semana para su inicio, la violencia política impide las celebraciones.

Las muertes del General Flores y del Presidente Berro y los levantamientos armados que les sucedieron sumieron al país en un baño de sangre que sepultó los tres días de locura del carnaval. No faltaron los montevideanos que de todos modos quisieron realizarlos fuera de fecha, pero no hubo caso y aquel año quedó en la historia no solamente por la dura confrontación política, sino porque por primera vez Momo faltó a su cita.


PALERMO Y SAYAGO

En el siglo XIX, dos morenos, Palermo y Sayago, incidieron en la forma de festejar el Carnaval. Ambos eran músicos y funcionarios públicos, el primero trabajaba en la Banda Oficial y el segundo tocando la campana de la Catedral. Innovaron las danzas imponiendo un cierto ordenamiento en la cuerda de tambores de las comparsas, a las que además les introdujeron instrumentos musicales.

Los inmigrantes italianos y españoles que llegaron a fines del siglo pasado también aportaron lo suyo al carnaval. Entre otras cosas contribuyeron con la ceremonia de nombramiento del dios Momo, también conocido como "Marqués de las Cabriolas", un personaje gordo y alegre que por entonces cruzaba la Bahía en un buque adornado y era recibido por la población.

Distintas categorías han alegrado al carnaval uruguayo. Entre ellas una hoy desaparecida, la Troupe, que causó furor en las primeras décadas del siglo XX. La primera nació en la Facultad de Medicina y era conocida con el nombre de Oxford; fue tanto su éxito que hasta grabó un disco en Buenos Aires, el primero en la historia de nuestro país. Por la misma época surgió la Troupe Ateniense, integrada por estudiantes de Derecho, para la cual el músico y periodista Gerardo Mattos Rodríguez escribió una marcha (que luego Roberto Firpo convirtió en tango), por todos conocida como "La Cumparsita".

Pero de todas las categorías que integran nuestro Carnaval, la más protegida por el calor popular, por su protesta punzante, su sátira y jocosidad, es sin lugar a dudas la murga. La primera que conoció nuestro país se llamaba "La Gaditana" y llegó de Cádiz en 1908. Todo ocurrió así: acompañaba a una revista que venía a realizar un espectáculo en el Teatro Casino. La idea era que tenía que interrumpirla  con "chirigotas" (que significa tomaduras de pelo, bromas). El éxito fue tan grande que a instancias de un grupo de comerciantes, al año siguiente, se formó un grupo similar que fue bautizado como "La Gaditana que se va". Esta fue, en definitiva la primera murga uruguaya.

Pero quien revoluciónó a la murga fue un canillita conocido como “Pepino” admirador de Chaplin y 
del cine mudo, que impuso que fueran encabezadas por un director vestido con un frac, galera y bastón, aunque calzado de alpargatas. Creó la tradición de las murgas nacidas de los barrios y dirigió a "Los Patos Cabreros", integrada por canillitas como él. Al principio, en los desfiles, las canciones no se oían, lo que solucionaron nasalizando la voz como cuando vendían diarios, modismo que finalmente pasó a ser parte del sello murguero.


EL CARNAVAL DE LOS MONOS

Durante las primeras décadas del siglo pasado proliferaron los tablados, por ejemplo, entre otros lados, a lo largo de la calle Rivera. En 1925 la Troupe Ateniense incluyó un número en el que participaba un mono llamado Filloy. El éxito fue tan grande que, demanda popular mediante, tuvieron que hacer lo mismo al año siguiente, con un agregado: también participó una mona, porque el grupo musical no era partidario de repetir los espectáculos.

La mona se llamaba "Canuta" y había sido conseguida en el zoológico, siendo su adiestrador un alemán de apellido Wald. La propuesta consistía en montar un espectáculo, que tuviera como base la obra de Shakespeare, Romero y Julieta.

Canuta y Filloy simpatizaron entre sí y se pudo montar una obra que haría historia y que llegó a presentarse en el Teatro Solís, pero cuando terminó el ciclo, la mona debió volver a su jaula en Villa Dolores, adonde enfermó y murió. La gente, por aquel entonces, comentaba que había muerto por "mal de amor".
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