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MARÍA JOSÉ SIRI “ESTA BUTTERFLY EN LA SCALA ES UN REGALO DEL DESTINO”


por Alejandro Fernández
Se mire como se mire, la soprano uruguaya María José Siri será hoy el centro de todas las miradas: inaugura la temporada de la Scala, justo en el día en que debuta como Madama Butterfly, bajo la batuta de Riccardo Chailly. Un día especial para ella, a todas luces. Sencilla, simpática y muy consciente del momento que vive, conversa aquí con Platea Magazine sobre sus orígenes y sus proyectos.
Imagino que es un sueño cumplido, poder inaugurar la Scala en esta cita mítica de San Ambrogio.
En realidad nunca me lo planteé como un sueño, como una ambición; más bien me tomó de sorpresa, como tantas cosas que me han sucedido en mi vida. Nunca se me había pasado por la mente. Sí cumplí un sueño en cambio cantando el Requiem de Verdi con la orquesta y el coro de la Scala. Lo hice en Moscú en octubre y lo volveré a hacer en enero en Berlín, en la Philharmonie. Esta Butterfly es un regalo del destino. 
Es bien sabido que Riccardo Chailly ha desempolvado la versión original de Madama Butterfly para esta ocasión. ¿Hasta qué punto guarda diferencias sustanciales con la versión posterior que todos conocemos?
Es mi debut como Butterfly. No la había cantado antes incluso aunque me la propusieron; sentía que no era el momento, algo que sí siento fuertemente ahora, en la Scala. En estas funciones reivindicamos la versión original de 1904 para Milán, en dos actos y con música que fue después descartada. Es muy interesante y diría incluso que apasionante poder desempolvar esta música en una ocasión tan especial.
Italia es un país muy ligado a su vida profesional y personal, incluso su país de residencia. 
Sí, vivo en Verona desde hace diez años, cuando me mudé a Europa. Italia se ha convertido en mi casa desde entonces. La situación no es fácil para la ópera en este país pero siempre tuve claro que quería asentar aquí mi carrera profesional, por muchas razones. Y por supuesto cada vez que canto aquí es algo especial para mí. Aunque la cultura parezca en una crisis permanente en Italia, este país no deja de ser la cuna de la lírica al fin y al cabo. Ahora se dan cita para mí muchas cosas: un rol importante, en un teatro importante y en una fecha muy señalada. Tengo un gran sentimiento de responsabilidad y al mismo tiempo una enrome alegría por estar viviendo todo esto.
En España la hemos podido escuchar ya en varias ocasiones, como Aida y Manon Lescaut en Valencia y como Elisabetta en Don Carlo en Bilbao. ¿Tiene previsto volver a actuar en nuestro país?
Yo amo España. Es al fin y al cabo el país donde me gustaría pasar más tiempo y asentar mi vida privada. Tengo allí muchos amigos y familiares. Y mi intención es cantar allí siempre que pueda, con continuidad. Tengo planes para volver allí, por supuesto; no tardando mucho, de nuevo en Valencia. Poder cantar en Bilbao me hizo mucha ilusión pues allí gané uno de los primeros concursos líricos a los que me presenté, en 2004. Me presenté en 2002, sin éxito y lo gané después en 2004. Fue muy emocionante volver allí diez años después para cantar un título completo. También tengo recuerdos muy bonitos del Liceu, de Coruña… Mi intención es hacer ópera en España al menos una o dos veces al año. El público es tremendamente cariñoso, me siento como en casa cada vez que estoy allí.
A la vista de su repertorio creo que cabría definir su voz como la de una soprano lírica plena.
Sí, y no es poco. A veces pareciera que ser una soprano lírica y no ser una soprano dramática es un demérito. Como una vez me dijo Bartoletti, soy una lirico pieno aunque seguramente con el tiempo el instrumento irá madurando, no tanto hacia lo spinto sino hacia lo dramático, por el color del instrumento. El repertorio lo elijo con cautela y obviamente ahora planifico ya lo que querría debutar de aquí a dos años. En todo caso uno a veces se lleva sorpresas y se encuentra cómodo en papeles donde no lo esperaba, como me pasó con la Odabella de Attila. Siempre había dicho que no cantaría AttilaNabucco y Macbeth y sin embargo el papel de Odabella me conquistó. No tengo miedo a explorar el repertorio: este año debuté Norma y defiendo la posibilidad de hacer compatible el belcanto y el verismo, creo que es incluso bueno para mantener la flexibilidad del instrumento. Al final somos músicos, no meras voces. Sí es cierto que percibo de algún modo que me encuentro en un año clave para mí porque con estos tres debuts en Attila, Norma y Butterfly estoy asentando tres pilares en los que mi voz puede desarrollarse con seguridad, delimitando un terreno propio digamos. Al final me siento una soprano lírica plena con posibilidad de desarrollar acentos dramáticos.
Ese debut con Norma que mencionaba es una buena demostración de que es posible combinar el belcanto con el verismo sin que salten chispas.
Por supuesto. Eso no quita para que haya que tener mucho cuidado con el verismo, también con Puccini, y al final con todo lo que uno canta. Cada estilo y cada repertorio impone sus cautelas. Es muy importante también organizar bien las agendas, intercalar los papeles de modo que la voz descanse y no pierda flexibilidad. Me hizo mucho bien por ejemplo cantar la Elisabetta del Don Carlo en francés. Como con Norma, son roles tras los que mi voz en lugar de estar cansada parecía haber pasado por un spa (risas). El belcanto hace mucho bien y de hecho mi forma de entender Verdi es desde ahí, sin empujar, cuidando siempre la línea, etc. En mis planes está abordar más belcanto y sobre todo repetir la experiencia de Norma.
Sería bueno recapitular sus orígenes y los principios de su relación con el canto.
Mi encuentro con el canto fue casi un accidente, como un guiño del destino. Yo tenía que haber acudido a unas lecciones de saxofón tenor, el instrumento que estudiaba, y sin embargo por error terminé en un aula donde se impartían clases de canto. Y realmente allí yo sentí que eso era lo que yo quería hacer. El canto se convirtió cada vez más en mi pasión y hoy es mi vida; vivo el canto con enorme pasión, con curiosidad, con unas ganas tremendas de aprender sobre mi voz, de conocer más directores y colegas, etc. Este año ha sido casi mágico para mí: hice una audición para el maestro Chailly, el pasado mes de abril, y de ahí salió a la mañana siguiente el compromiso para esta apertura de la Scala con Butterfly. Sigo mi intuición y los guiños del destino y me siento sumamente afortunada por vivir todo lo que estoy viviendo.
El papel de Butterfly tiene una enorme carga dramática. Mirella Freni comentaba siempre que no pudo cantarlo en escena precisamente por esto.
Sí, Freni no cantó en escena ni Butterfly ni Suor Angelica. Yo entiendo ese planteamiento, me costó mucho de hecho hacer Suor Angelica, vencer esa especie de vértigo que impone el papel. Y seguramente haberlo podido hacer me allane ahora el camino para enfrentarme a Butterfly. Este mismo año hice seis funciones del papel en nueve días y fue casi un reto psicológico, de resistencia personal, una especie de cara a cara con Puccini para entender hasta qué punto él buscaba hacer arte con el sufrimiento del propio artista, con esa tremenda carga emocional y sentimental que tienen estos papeles. Butterfly es sin duda el rol más dramático al que me he enfrentado, junto con Suor Angelica. Y la versión que hacemos es si cabe aún más cruel: Cio-Cio-San participa aún más en el drama y el personaje de Pinkerton es todavía más despiadado.
Creo que trabajó con Ileana Cotrubas. ¿Quiénes han sido sus maestros y referentes?
Sí, yo le debo muchísimo a la maestra Ileana Cotrubas. Tuve la suerte de encontrarla en el concurso de Montserrat Caballé, formando parte del jurado. Yo en esa época cantaba Lucia y ese tipo de repertorio. Tuve la suerte de trabajar con ella en una masterclass abierta al público y quedamos después en contacto. Trabajé con ella antes de trasladarme a Europa y fue realmente quien descubrió mi voz y cambió mi repertorio. Hicimos un gran camino juntas y fue ella quien me dijo que Tosca y Aida iban a ser papeles centrales en mi repertorio, como así es hoy en día. Hace ya un tiempo que no trabajo con ella. Trabajé un tiempo con Alida Ferrarini, una soprano ligera que cantó mucho en la Arena. por desgracia falleció al poco tiempo de empezar a trabajar con ella. Y ahora hace más o menos dos años que estudio con la maestra Raina Kabaivanska, que es mi punto de referencia para preparar los debuts que he tenido durante este tiempo.
¿Hacía donde orienta ahora su repertorio, en los años por venir?
Sin duda centrado en Puccini y en Verdi aunque sin perder de vista el belcanto, específicamente Norma. No tengo claro ahora incorporar algún otro título de Bellini o Donizetti; quiero antes insistir en más funciones de Norma. Y quiero ampliar mi repertorio verdiano con ErnaniI vespri siciliani, repetir Attila… Y los pocos roles de Puccini que me quedan también quiero abordarlos en el futuro: La fanciulla del West, descarto Turandot y Liù y me gustaría mucho hacer Le villi, con la que debuté en su día. Tampoco descarto el repertorio francés, La juive por ejemplo que es una obra que amo profundamente. Con el verismo quiero ir despacio, con cautela.
Ha tenido la fortuna de cantar con grandes maestros como Zubin Mehta y grandes colegas como Gregory Kunde. Con este creo que le liga una especial relación profesional.
¡Sí! ¡Adoro a Gregory! Tenemos una complicidad extraordinaria: yo fui su primera Aida cuando debutó Radames en Brasil, en Sao Paolo. Y él a su vez fue mi primer Riccardo cuando debuté con Un ballo in maschera en Bologna. Adoro cantar con él y con tantísimos grandes colegas: ahora en Milán tengo la suerte de compartir esta Butterfly con un reparto magnífico, donde está también Carlos Álvarez, una de las mejores personas y artistas que he conocido en esta profesión.
¿Cuál es la realidad de la lírica en su país natal, en Uruguay?
Yo empecé en el coro del Estado, vinculado a la red de radio y televisión, el Sodre, que tiene coro, orquesta, ballet y que tenía también un teatro propio que se quemó. También está el Teatro Solís, a la italiana, donde se hacían las grandes giras de artistas europeos que cruzaban el Atlántico. Por desgracia todo el tiempo que yo pasé en Uruguay en realidad no teníamos teatro. El Solís se reinauguró con una Bohème en 2004, en la que tuve la fortuna de cantar. El Sodre tiene ahora un teatro enorme que se terminó años después. En Uruguay hoy en día hay muchísima actividad lírica, a pesar de los recortes. El crecimiento cultural es ahora muy importante en el país. Se están renovando además los teatros del interior, que son muchos. Los uruguayos tenemos genes españoles e italianos y llevamos la lírica en la sangre. La zarzuela tiene un gran éxito en Uruguay, agota localidades siempre que se programa, en tandas largas de funciones. Estoy muy contenta del momento que atraviesa mi país, a pesar de no vivirlo en primera persona allí mismo. Siempre que puedo vuelvo, allí debuté por ejemplo la Manon Lescaut antes de hacerla en Valencia.
¿Ha llegado a cantar zarzuela en escena?
Sí, sí, canté la Luisa Fernanda y El barberillo de Lavapiés. En mis inicios hice mucha zarzuela, sobre todo las antologías, con las que realmente me curtí en las tablas. Hace poco me pidieron un recital en Ginebra y llevé zarzuela porque me gusta portarla conmigo siempre que puedo. Me trae muy hermosos recuerdos sobre mis inicios. Y me gustaría muchísimo poder hacer alguna zarzuela y retomar todo aquello.

(7 / 12 / 2016)
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