domingo

LOS RECOVECOS DE MANUEL MIGUEL (25) - Desbocada reinvención de la vida de Manuel Espínola Gómez



Hugo Giovanetti Viola

Primera edición: Caracol al Galope, 1999.
Primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes, 2016.


SEXTA PUERTA: IRRUPCIÓN (4)

Y cuando el proyector se detiene frente al boceto de “Alborada en las gargantas” veo a mi padre abandonando su dormitorio definitivamente para ser internado: no va en silla de ruedas ni lleva máscara de oxígeno y se abraza de mi madre y de mi hermano con el cuerpo chorreado como el pellejo de Miguel Angel en el Juicio Final: yo lo miro avanzar por el pasillo y murmuro Pero hablándolo en oro eres de acero y él apenas me presta atención porque el pincel empieza a percutir la espesura del cielo azul y rojo y entonces la turbiedad de sus córneas hinchadas sentencia hirientemente: Se dividen las vidas. / Y la desgracia filtra / su amanecer oscuro entre la primavera / mientras un hombre muere alargando sus húmeros: pero cuando Manolo encresta la claridad bermellón de los gallos mi padre agrega en paz: y el sudario morado irradia una metáfora / que no alcanzan las sondas / de la carne / o del cosmos.


-¿Sigo? -preguntó Ray, con voz de gallo negro.

-Siga, carajo. Siga -ordené.


Y al proyectarse la carbonilla del “Serenísimo paisaje encabezado” me veo de madrugada en la pieza trasera de la sala velatoria: estoy conversando con Guillermo Fernández y Leonel Roche y de repente mi hermano se agarra el entrecejo y dice Qué lo parió en este momento siento que tengo la frente y la nariz y el bigote de papi: y un naranja rosáceo irrumpe como un chaparrón solar sobre la cabeza humana crecida en plena alameda hasta la altura de los cipreses y de las araucarias que coronan la playa: y el mensaje parece resonar entre la zarza del viento detenido: Dejar más que un recuerdo: / colgar la dulce cumbre de tu cabeza muerta / como un yelmo de abrigo / para que otros la calcen desesperadamente / cuando el río no sea más que un gran vientre talado / y haga falta jadear a la sombra del sol / -sin navegar ni hundirse- / en la heredad flotante: y la tela se llaga hasta la incandescencia y transcribe una respuesta para el Eclesiastés: Pero el predicador olvidó que tu vida / fue cuajada en el barro hueco de una mujer / y que no vuelve al polvo / lo que ganó el espacio. / Flores son flores. / Y cipreses: cipreses.


-Carajo -dijo Ray, sacándose los lentes. -¿Estás viendo lo que yo veo?

-Sí -dije sin atreverme a mirarlo.

-Me parece que me cagaron con la proyectora. Absorbe los colores.

-Los colores, el pasado y el Verbo -lo hubiese corregido, pero me di cuenta que él no estaba escuchando el sermón espacial y comenté:

-Sí. A mí me también me huele que te cagaron, hermano.

-NO ME DIGAS HERMANO. ¿Querés que siga?

-Sí.


El siguiente boceto es “Más allá de nuestros días” y aparezco en el cementerio de La Teja cargando el ataúd y Guillermo Fernández y Leonel Roche surgen intempestivamente para ayudarme a sostener la manilla que me agarrota el brazo hasta morderme el cerebelo: y al llegar a la tumba cierro los ojos y mientras pienso un Padrenuestro siento cómo se instala la sedosidad del Gran Tiempo: y ahora versifico en voz alta: La mansa luz horizontal del mundo / nos hace ver el mar reveredecido. / Tristes rostros que amamos -como a nuestros espejos- fueron barridos por la imperfección. / Hora para rehacer la eternidad del gesto / -el rictus de asunción o elección de la especie- / con que al ritmo del sol / ecuménicamente / toda perversidad / fue siempre / perdonada.

Entonces me animé a enfrentar los ojos que asesinaron la inocencia de Abel Rosso en el hotel Stella: pero en el centro de las pupilas enloquecidas del hombre-Gárgola había dos niñas de plata espejando aquel destello más real que la nada y amparándome indoblegablemente contra toda irrupción tenebrosa. Yemanjá del Mar Dulce conoce el barro a fondo, pensé. Ray se fue dando un portazo y cuando llegué a la calle ya no quedaban rastros de la limusina. Salute Moby Dick.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Google+