domingo

LA REPÚBLICA PERDIDA (3) - RICARDO AROCENA


1984 -25 de noviembre- 2016

A 32 AÑOS DE LAS ELECCIONES DEMOCRÁTICAS QUE TERMINARON CON LA DICTADURA


LA LUZ EN EL TÚNEL

Aplicando su cronograma, el régimen convoca a votar "por SI" a la Constitución continuista que había elaborado y que le daba cierta apariencia de legalidad. La fecha fijada para el plebiscito es el 30 de noviembre de 1980. Desde la radio y la televisión se defendió el proyecto de reforma constitucional invocando la "paz lograda", la "obra realizada" y la "seguridad nacional". Por su parte los sectores opositores llamaron a rechazar el proyecto constitucional votando por NO. 

La oposición al régimen recibió el más amplio apoyo internacional. Es así que, por ejemplo, fuerzas políticas italianas visitan el Uruguay y denuncian la "ambientación fraudulenta" en que se realizaría la consulta. En el mismo sentido se manifestaron, entre otros, el vicepresidente de la Asamblea Nacional Francesa, el Movimiento de Juristas Católicos, el Presidente de Ecuador Jaime Roldós, y la casi totalidad de las fuerzas políticas y sociales de México, Perú, Venezuela, etc. Entre tanto la Cruz Roja daba a conocer a la opinión pública mundial la grave situación de los presos políticos confinados en el Penal de Reclusión Nº 1 (Libertad).

El NO obtuvo casi el 60% de los votos. El rechazo al régimen de facto fue tan contundente y de tal magnitud que las Fuerzas Armadas no pudieron maniobrar y no solamente debieron aceptar el veredicto de las urnas sino que además tuvieron que modificar su cronograma. Es así que las elecciones internas, planificadas para el año siguiente, en el marco de la denominada "Ley de Partidos", terminó siendo pospuesta para 1982. 

Los militares procuraron minimizar ante la opinión pública la derrota y los cambios en su calendario político diciendo que se trataba de "ciertos ajustes", mientras dejaban entrever su disposición a perpetuarse en el poder por la vía de la fuerza, como lo habían hecho hasta el momento. Públicamente amenazaban con que las Fuerzas Armadas estaban dispuestas a asegurar el "cumplimiento del actual proceso". Entre las medidas adoptadas estuvo la prórroga hasta 1985 del mandato del General Gregorio Álvarez, a la postre última cabeza visible del régimen. 

Para la oposición el aplazamiento de las elecciones internas no era sino un intento de evitar la "rehabilitación de la vida política". De hecho, cuando durante 1982 la convocatoria al nuevo pronunciamiento se concreta, encuentra mayores espacios de movilización, y vence a los candidatos afines al régimen, pero además los sectores políticos ilegalizados, en particular de izquierda, se hacen sentir, con una alta votación en blanco.

El General Gregorio Álvarez había manifestado su disposición a hacerse reelegir y continuar con su mandato más allá del límite previsto, lo cual es demostrativo de que los militares no estaban dispuestos a retornar a los cuarteles. Uno de los voceros del régimen, el General Rapella, había advertido por radio que "los candidatos a Presidente no están obligados a pertenecer a partidos. Cabe la posibilidad de que pueda ser un militar". En síntesis, con o sin cronograma, la dictadura no pensaba retirarse y los militares no estaban dispuestos a retornar a sus cuarteles.


EL PRINCIPIO DEL FIN

Pero el devenir de los acontecimientos determinó otra cosa. En 1983 el Movimiento Sindical consigue autorización para celebrar en forma legal el 1º de Mayo. Para muchos sindicalistas aquel acto fue "el más grande de la historia". Más allá de su dimensión, no hay dudas de que fue el más trascendente desde que los sindicatos existen en el Uruguay, por la profunda repercusión política que tuvo aquella jornada.

El régimen había apostado a crear una Central "diferente" en forma y contenido a la vieja y proscripta Convención Nacional de Trabajadores" (CNT). Sin embargo, los organizadores del acto, nucleados en el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), reafirmaron en su proclama central, la "continuidad histórica" de la organización.

En aquella histórica jornada los trabajadores fueron tajantes en su rechazo a lo que se estaba viviendo. "El Uruguay en la convivencia democrática, el de las soluciones ciertas para la gente, es el que vamos a construir todos juntos", advirtieron. A aquella enorme concentración, se le sumaría unos meses más tarde, "un río de libertad", valga el título de portada de uno de los semanarios de aquella época.

Una muchedumbre nunca antes vista se dio cita el 27 de noviembre de 1983 al pie del Obelisco. Habían convocado al acto todos los sectores políticos y sociales del país. La declaración conjunta fue leída por el Primer Actor de la Comedia Nacional, Alberto Candeau. Por su voz habló toda la nación, reclamando el retorno a la vida democrática.

Resultaba imposible para los militares detener un proceso que se les estaba yendo de las manos, pero los hechos demostrarían que no estaban dispuestos a renunciar alegremente al poder, lo que se hizo notorio con la muerte por torturas en un cuartel del médico Vladimir Roslik. Pero la gente ya se había lanzado a las calles en protesta permanente, exigiendo el fin de la dictadura militar.


EL FIN

La apertura de espacios políticos, la presión internacional, y un país, que al decir de un observador, vivía en "estado de asamblea", fueron erosionando al régimen. Durante 1984 se acumularon paros, huelgas, manifestaciones, "paros cívicos", "caceroleadas", etc., que obligaron a la liberación de los presos, permitieron el retorno de los exiliados e impusieron la participación de los distintos nucleamientos políticos en las elecciones de noviembre de ese año.
Pero no todos pudieron participar en igualdad de condiciones. Numerosos e importantes dirigentes políticos continuaron proscriptos, entre ellos quienes habían sido candidatos presidenciales del Partido Nacional y del Frente Amplio en las elecciones de 1971, Wilson Ferreira Aldunate y Liber Seregni, respectivamente.

Las elecciones le dan el triunfo al candidato del Partido Colorado, Julio María Sanguinetti, pero por sobre todas las cosas marca el final de un período dramático de la historia moderna del país. Las secuelas que deja son nefastas: asesinados, desaparecidos, presos, exiliados, proscriptos y el reclamo que no cesa de toda una nación que continúa preguntándose en forma lacerante en materia de derechos humanos: "quién", "dónde", "cómo", "cuándo" y "porqué".
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