domingo

JULIO HERRERA Y REISSIG - EPÍLOGO WAGNERIANO A LA “POLÍTICA DE FUSIÓN” (16)


Con surtidos de psicología sobre el Imperio de Zapicán

Todos estos peajeros, y estos Reyes, y estos mercaderes; todos estos guardianes de países y de tiendas, todos son mis enemigos. Abomino todo sacrificio al dios vulgo o al dios éxito. Me repugna lo trivial. Odio la hipocresía y el servilismo como los mayores crímenes. He de decir la Verdad aunque me aplaste el Universo.

NIETZSCHE:
Así hablaba Zaratustra.


Te inauguras con obras de capacidad, demostrando no hallarte dominado, como el resto de los compatriotas que han escrito hasta la fecha, por un sentimiento pueril de vanidad ostentosa, sino por el contrario, por el noble impulso de la ambición que es el punto de apoyo, la columna hermética del adelanto social. Para que tú, como tus colegas, noten la diferencia que existe entre escribir por vanidad y por ambición, y se persuadan de que en esta tierra se ha tomado la literatura por sastrería, inserto unos renglones de mi famoso libro, y termino con ellos esta extensa carta sinapismada que quizás cuántos estólidos llene de consternación…! (1) De paso echarás de ver que mi mayor elogio a tu obra es significarte en serio que no eres un vanidoso, que es dable esperar de ti cosas muy buenas y de provecho, que Carlos Oneto y Viana escribe por ambición, por amor a la posteridad, y que si tuerce de rumbos no será difícil que nos sorprenda algún día con un trabajo más sustancial y más hondo que La Política de Fusión, o “la pelea de los mismos perros”.

Del capítulo titulado: La correspondencia en el tiempo se halla encerrada en estrechos límites. El estímulo y el acto se encuentran en relación inmediata. No existe la previsión de los resultados remotos.

“En último análisis la falta de correspondencia en el tiempo, por lo que implica un deleite de la posesión ideal, un anticipo de goce, una asistencia en espíritu a la apoteosis, a los triunfos que deben suceder en épocas apartadas, más allá de la tumba, nos da la llave de una solución feliz al problema psicológico de la falta de ambición en nuestra gente. –No hay que confundir este sentimiento noble del individuo, que rebasa las barreras de la típica trivialidad, con el pavorrealismo del salvaje, que toma cierto refinamiento en el hombre civilizado de la masa media, y de que ya hablamos extensamente en el capítulo de los “Caracteres emocionales”. El sentimiento que, como dice un crítico, “trata de pasar por ambición”, se encuentra en sumo grado en los indígenas y en las mujeres; tiene por raíces las más bajas satisfacciones del egoísmo y el afán de dominio ostensibles que provoquen admiración, notoriedad y envidia. Constituye un onanismo placentero de la imaginación reproductora, de operaciones sensitivas, de facultades inferiores, de emotivismo organizado, dentro del cuchitril de la herencia. Obra en virtud de los transitorio, de lo baladí de efectos inmediatos, de exhibicionismos, de exterioridades, de impresiones del momento, no en atención a lo predestinado, a lo que se siente de original en el organismo, a lo que se funda en una duración ilimitada de la obra, en un triunfo glorioso del esfuerzo que tiene por recompensa la representación en el tiempo de ese triunfo lejano que se anticipa en imagen.

Este sentimiento, ha dicho bien un psicólogo, se funda en una exuberancia de vitalidad, “es una impulsión violenta por encarnar el propio yo en una creación, en una proeza que le asegura una existencia mucho más allá de la duración somática del individuo: es una lucha apasionada contra la ley universal de la caducidad de las cosas, el deseo altivo de mantener en su forma especial el propio yo, que uno siente poderoso y necesario, y de constreñir a que lo respete la naturaleza misma”.


Notas

(1) Auguro un aumento de mortalidad para cuando aparezca mi Tratado… Habrá tantos muertos como paginas…
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