domingo

LECCIONES DE VIDA (22) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


3 / LA LECCIÓN DE LAS RELACIONES (3)

EKR (2)

Las relaciones románticas son maravillosas y también deseables a pesar de sus dificultades. Nos recuerdan nuestra perfección única en este mundo y que no estamos, en modo alguno, separados de los demás. Los problemas surgen cuando creemos, de forma equivocada, que esas relaciones van a ser la solución de nuestra vida. Las relaciones no pueden ser ni son una solución. Esta forma de pensar es típica de los cuentos de hadas. Sin embargo, no es extraño que muchos de nosotros pensemos de este modo. Después de todo, crecimos con los cuentos de hadas, y muchas personas nos animaron a creer que, cuando encontráramos al príncipe azul o a la chica cuyo pie encajara en el zapatito de cristal, nos sentiríamos completos y realizados. Crecimos convencidos de que todas las ranas escondían a un príncipe encantado. De un modo sutil, nos enseñaron que hasta que encontráramos a esa persona especial seríamos sólo una mitad de la naranja, una pieza de un rompecabezas que busca ser completada.

La forma de pensar que subyace en los cuentos de hadas es mágica, divertida y tiene su función, pero si abusamos de ella perdemos iniciativa y no asumimos la responsabilidad de hacernos felices y mejores a nosotros mismos y de resolver nuestros problemas profesionales, familiares y de otro tipo. En lugar de eso, creemos que el sentirnos realizados y la solución a nuestros problemas surgirán de ese alguien especial.

Un trabajador de la construcción llamado Jackson vivía como podía después que le diagnosticaron una leucemia. Poco después de recibir la noticia, conoció y se enamoró de Anne y, tras un corto noviazgo, se casaron. Dos años más tarde, Anne lo cuidaba en el que suponían sería el último año de su vida.

Anne estaba orgullosa de los dos años que habían vivido juntos y decía:

“Nunca creí que llegara a amar a otra persona de un modo tan profundo. Antes tenía miedo al compromiso, pero he conseguido asumir el compromiso definitivo. Antes de conocer a Jackson, mis relaciones no duraban más de un año, pero a causa de su enfermedad he podido eliminar todos mis bloqueos. Gracias al amor que siento por Jackson, por fin me siento completa.”

A continuación ocurrió lo mejor… y lo peor. Después de que muchos tratamientos no funcionaron, eligieron a Jackson para un trasplante de médula ósea, y este salió bien. Jackson pasó de estar condenado a muerte a disfrutar de una salud excelente. Seis meses más tarde, nadie habría dicho que había padecido leucemia. Pero entonces la relación con Anne se deterioró. Ella se sentía asfixiada y dominada, y se quejaba de que la pasión había desaparecido. Su reacción no es extraña en relaciones en las que uno de los componentes de la pareja está muy enfermo y existe la posibilidad de que se muera.

Jackson era consciente del cambio de Anne y habló con ella.

“Estabas dispuesta a amarme y honrarme, a ser mi esposa hasta que la muerte nos separara, pero, por lo visto, sólo si yo moría al cabo de seis meses. Sin embargo, no he muerto, y ahora nuestra relación es real, es un verdadero matrimonio para toda la vida. Ahora que no pende sobre mi cabeza una sentencia de muerte, nos enfrentamos a los compromisos cotidianos, a los problemas que tiene todo el mundo. Estoy feliz porque he recibido el regalo de la vida, pero tú actúas como si te hubieran condenado a cadena perpetua.

“El final feliz se ha convertido en realidad. Después de todo, voy a vivir, pero no existen soluciones mágicas para el matrimonio. Tenemos que resolver nuestros problemas y nuestra relación. Es mucho más difícil enfrentarse al día a día cuando el ‘hasta que la muerte nos separe’ podría ocurrir cincuenta años más tarde.”

Después de debatirse y sentirse confusa respecto a sus sentimientos, Anne se sometió a una terapia para aclarar sus emociones, y aprendió que era más fácil comprometerse ante la perspectiva de una separación.

“Jackson tenía razón. Me había engañado a mí misma otra vez y había asumido otro compromiso a corto plazo. Comprendí que una cosa era ser la heroína, la mujer que acompaña a Jackson al final de su vida, y otra muy distinta ser su esposa cuando iba a vivir. Me di cuenta de que había utilizado nuestra relación para reafirmarme, para tener una relación con éxito. Gracias al valor que demostró Jackson al ser él mismo y decirme la verdad, aprendí que la magia se encuentra en las experiencias cotidianas que vivimos  con los demás en el largo trayecto que realizamos. La enfermedad de Jackson me ayudó a experimentar un sentido del compromiso más profundo. Después de todo lo que habíamos pasados juntos, me di cuenta de que lo amaba de verdad. Reencontré la pasión sin el drama de la vida o la muerte,”

Gracias a esa relación, Anne ahondó en su interior y aprendió una lección muy importante acerca de los aspectos de ella misma que debía sanar y de lo que es la vida real, y cambió sus fantasías de hadas y héroes por una vida auténtica y el amor verdadero.
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