domingo

JULIO HERRERA Y REISSIG - EPÍLOGO WAGNERIANO A LA “POLÍTICA DE FUSIÓN” (12)


Con surtidos de psicología sobre el Imperio de Zapicán

Todos estos peajeros, y estos Reyes, y estos mercaderes; todos estos guardianes de países y de tiendas, todos son mis enemigos. Abomino todo sacrificio al dios vulgo o al dios éxito. Me repugna lo trivial. Odio la hipocresía y el servilismo como los mayores crímenes. He de decir la Verdad aunque me aplaste el Universo.

NIETZSCHE:
Así hablaba Zaratustra.

También has de saber cuál es mi concepto de un historiador, y lo que es más, de la inteligencia de un historiador. Aquí se cree que la inteligencia consiste en la retentiva, en el amontonamiento mecánico de leyes, fórmulas, frases, versos, clasificaciones. Con frecuencia algunos jovenzuelos salen papagalleando en un periódico sobre materias históricas y es de verse cómo derrochan fechas, acontecimientos, nombres, número de soldados, proclamas, opiniones ajenas, recortes de antiguas literaturas, sin comprender absolutamente lo que les preocupa, sin emitir un juicio que se funde en la filosofía de los hechos, en las leyes de la sociología, en los factores antropológicos, en el determinismo económico.

Te puedes imaginar que es la historia criolla, pues la tal existe, como existe poesía criolla, estética criolla, pan criollo, etc… Tal apilamiento de cachivaches de memoria no implica de ningún modo una inteligencia en el sentido riguroso que debe darse a esta palabra. 

Dice un sociólogo: “La inteligencia no es la facultad de conocer, sino la facultad de comprender, lo cual es muy distinto”.

Se puede tener una memoria prodigiosa y saber miles de versos, poseer catálogos de insectos, conocer todas las fechas de la historia, y no comprender en cuanto a la naturaleza de los sucesos. “Un hombre puede poseer el caudal de todas las ideas fundamentales, sustancia, causa, infinito, absoluto, no cometer ninguna falta en el uso de estas nociones, y ser no obstante un espíritu limitado. M. Thiers en su admirable retrato del historiador  reduce todas las cualidades que debe tener a esta sola: la facultad de comprender, la inteligencia. En efecto, ¿qué valen en historia, el colorido, la erudición, la moralidad y todas las más bellas cualidades del mundo si no se comprenden los hechos?
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