domingo

LECCIONES DE VIDA (14) - ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


2 / LA LECCIÓN DEL AMOR (4)

EKR

Mientras pensaba en las lecciones del amor, también lo hacía en mí misma y en mi propia vida. Como es natural, si estoy viva es porque aun tengo lecciones que aprender. Yo, como todas las personas con las que he trabajado, necesito aprender a quererme más. Todavía me considero una montañesa suiza y siempre que oigo la expresión “amarse a unos mismo”, debo admitir que me imagino a una mujer masturbándose en un rincón. Está claro que a causa de esto nunca he conectado muy bien con esa expresión.

En mi vida personal, y también a través de mi trabajo, he recibido mucho amor. Se podría concluir que, si uno es amado por tantas personas, también se ama a sí mismo, pero no siempre es así. De hecho, no es así en la mayoría de los casos. Lo he comprobado en cientos de personas vivas y moribundas y ahora lo veo en mí misma. El amor tiene que surgir de nuestro interior, si es que ha de surgir y yo todavía no lo he logrado.

¿Cómo podemos aprender a amarnos a nosotros mismos? Este es uno de los desafíos más difíciles de superar. La mayoría de nosotros no aprendimos a querernos cuando éramos niños. En general, nos enseñaron que querernos era algo negativo, porque este sentimiento se confunde con mirarse el ombligo y con el egoísmo. Por consiguiente, creemos que el amor consiste en encontrar a una persona maravillosa o a alguien que, simplemente, nos trate bien. Pero esto no tiene nada que ver con el amor.

La mayor parte de nosotros no ha experimentado el amor, sino una recompensa. De niños aprendimos que seríamos amados si éramos educados, sacábamos buenas notas, sonreíamos a nuestra abuela o nos lavábamos las manos cuando debíamos. Escondíamos nuestro mal humor para que nos amaran sin darnos cuenta que aquel era un amor condicional y, por lo tanto, falso. ¿Cómo se puede amar de verdad cuando se precisa tanta aprobación de los demás? Podemos empezar por nutrir nuestras almas y sintiendo compasión por nosotros mismos.

Debemos preguntarnos si nutrimos, si alimentamos nuestra alma y si realizamos actividades que nos hagan sentir mejor con nosotros mismos y nos aporten felicidad. Cuando nos amamos llenamos nuestra vida de actividades que nos hacen sonreír. Esas son las cosas que hacen que nuestro corazón y nuestra alma rebosen de alegría, y que no siempre coinciden con las buenas acciones que nos enseñaron; son cosas que hacemos sólo para nosotros mismos. Cuidarnos a nosotros mismos puede consistir en dormir hasta tarde los sábados en vez de levantarnos temprano y hacer algo “útil”. Y es permitir que el amor que nos rodea entre en nuestro corazón.

Además de cuidarnos, debemos ser compasivos con nosotros mismos y darnos un respiro. Muchas personas dicen que no pueden creer lo que hicieron en determinada ocasión y se llaman a sí mismas tontas o estúpidas. Si otra persona comete un error, le decimos: “No te preocupes, le sucede a todo el mundo, no pasa nada”. Pero cuando somos nosotros quienes lo hacemos, creemos que somos un auténtico desastre. La mayoría de las personas somos más indulgentes con los demás que con nosotros mismos. Practiquemos el ser amables con nosotros mismos y el perdonarnos como lo hacemos con los demás.
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