sábado

NOCHE OSCURA (33) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.

CAPÍTULO 6 (1)

De otras maneras de pena que el alma padece en esta Noche.

1 / La tercera manera de pasión y pena que el alma aquí padece es a causa de otros dos extremos, conviene a saber, divino humano, que aquí se juntan. El divino es esta contemplación purgativa, y el humano es sujeto del alma. Que, como el divino embiste a fin de cocerla y renovarla para hacerla divina, y, desnudándola de las afecciones habituales y propiedades del hombre viejo, en que ella está muy unida, conglutinada y conformada, de tal manera la destrica y decuece la sustancia espiritual, absorbiéndola en una profunda y honda tiniebla, que el alma se siente estar deshaciendo y derritiendo en la haz y vista de sus miserias con muerte de espíritu cruel: así como si, tragada de una bestia, en su vientre tenebroso se sintiese estar digiriéndose, padeciendo estas angustias como Jonás en el vientre de aquella marina bestia (Ion. 2.1). Porque en este sepulcro de oscura muerte la conviene estar para la espiritual resurrección que espera.

2 / La manera de esta pasión y pena, aunque de verdad ella es sobre manera, descríbela David, diciendo: Cercáronme los gemidos de la muerte; los dolores del infierno me rodearon; en mi tribulación clamé (Ps. 17,5-7). Pero de lo que está doliente el alma aquí más (y lo que más) siente es parecerle claro que Dios la ha desechado y, aborreciéndola, arrojado en las tinieblas; que para ella es grave y lastimera pena creer que la ha dejado Dios. La cual también David, sintiéndola mucho en este caso, dice: De la manera que los llagados están muertos (en los sepulcros), dejados ya de tu mano, de que no te acuerdas más, así me pusieron a mí en el lago más hondo e inferior en tenebrosidades y sombra de muerte, y está sobre mí confirmado tu furor, y todas tus olas descargaste sobre mí (Ps. 87,6-8). Porque, verdaderamente, cuando esta contemplación purgativa aprieta, sombra de muerte y gemidos de muerte y dolores de infierno siente el alma muy a lo vivo, que consiste en sentirse sin Dios, y castigada y arrojada e indigna de Él, y que está enojado; que todo se siente aquí, y más, que le parece que ya es para siempre.

3 / Y el mismo desamparo siente de todas las criaturas y desprecio acerca de ellas, particularmente de los amigos. Que, por eso, prosigue luego David diciendo: Alejaste de mí mis amigos y conocidos tuviéronme por abominación (Ps. 87,9). Todo lo cual -como tan bien lo experimentó en el vientre de la bestia temporal y espiritualmente -testifica bien Jonás, diciendo así: Arrojásteme al profundo al profundo en el corazón de la mar, y la corriente me cercó; todos sus golpes y olas pasaron sobre mí y dije: Arrojado estoy de la presencia de tus ojos; pero otra vez veré tu santo templo (lo cual dice porque aquí purifica Dios al alma para verlo); cercáronme las aguas hasta el alma; el abismo me ciñó; el piélago me cubrió mi cabeza; a los extremos de los montes descendí; los cerrojos de la tierra me encerraron para siempre (2, 4-7). Los cuales cerrojos se entienden aquí a este propósito por las imperfecciones del alma, que la tienen impedida que no goce de esta sabrosa contemplación.
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