sábado

RICARDO AROCENA - HUASIPUNGO


Algunas cuestiones sobre las ciencias sociales latinoamericanas, el desarrollo, el subdesarrollo y la dependencia (*)

PRIMERA ENTREGA

1. Introducción

Ya no aparece en la ciencia social latinoamericana, ni tampoco se refleja en la literatura y el arte, por lo menos no como lo hacía antes. Hoy no es consigna, ni sacude con la misma fuerza la cátedra universitaria, más pendiente de los ensayos de Lyotard o del posindustrialismo de Arthur Penty, que de la discusión concreta de la problemática de nuestra sociedad. Ya no inflama al intelectual de nuestro tiempo -o por lo menos no con la misma fuerza-, por lo general más preocupado de manejar correctamente su procesador de texto, las posibilidades de la multimedia y de navegar por los sinuosos mares de la red de redes. Ya no forma parte de la terminología cotidiana, ni del debate apasionado, ni de las definiciones trascendentes, aunque tozudamente los casi cotidianos sacudimientos sociales -recordemos por lo menos a Durkheim-, se empecinen en afirmar que las brujas existen.

Cuando decimos "ya no", nos referimos fundamentalmente a gran parte del pensamiento económico, social y político latinoamericano que durante un importante trecho del siglo XX, inspirado en el "dependentismo", en la denuncia del "imperio" y en la búsqueda de una "patria grande latinoamericana", procuró hurgar en las entrañas de una realidad continental de venas abiertas, y que hoy en gran medida ha sido abandonado.

La discusión sobre la "hora de los hornos", da dado paso a sutiles devaneos "existenciales", que nos hace sentir más que sometidos, como partes integrantes de un "gran hermano". Ya no miramos, como otrora lo hacíamos, con el microscopio de la experimentación y la experiencia y al amparo de la teoría, la desencajada estructura social latinoamericana, procurando comprender cuándo, cómo y por qué, viejos resabios precapitalistas como el huasipungo, la medianera o el pago en especies, se entremezclaron con el creciente desarrollo capitalista, condicionando nuestro desarrollo y nuestra independencia. Ocurre que ya no hablamos ni de desarrollo, ni de subdesarrollo, ni de dependencia y ni que decir -¡vade retro!- de otros términos, hoy condenados por anticuados, vetustos y propios de otros tiempos, sobre los cuales ni escribir se permite, so pena de ser condenado al último y más dantesco círculo del infierno.

Quien no acepte que "los tiempos han cambiado", científico social, artista, o simple ciudadano, estará condenado al ostracismo social, al mote descalificador o a ser archivado, junto a sus "superadas teorías", en algún desván polvoriento. Y será declarado solo apto para recorrer ferias o librerías de viejo, donde cientos de libros con sus avejentadas teorías se amontonan, a la espera de algún nostálgico dispuesto a perder unos pocos pesos.

Vivimos en la sociedad de lo cotidiano, de lo concreto, de lo disgregado, de lo fugaz, de la comida desechable, de la ropa desechable, de las parejas desechables, y ¿por qué no?, también del pensamiento desechable y de la no historia. Hace unos años el teólogo Frei Betto refiriéndose a la situación actual en el marco de la peripecia humana, decía: "Es probable que, en los 2400 años que se extienden de Sócrates a nuestros días, la humanidad no haya tenido un período tan desprovisto de utopías como ahora. ¿Dónde están las grandes ideas filosóficas, religiosas o políticas que nos pueden mover en dirección de un mundo mejor? El nipo norteamericano Francis Fukuyama expresa, con mucha propiedad, el primero y único mandamiento de la ola neoliberal que azota al planeta: ´la historia se acabó´"

Así, sonriente y maltrecho, Panglós, aquel optimista personaje de Voltaire, resucita de la mano de la "no historia", para decirnos una vez más que vivimos en el mejor de los mundos posibles" y que por lo tanto debemos abandonar cualquier idea de cambio o cualquier propuesta cuestionadora de la verdad globalizada y del pensamiento único. Forzado al índex (o incluso a la hoguera que en la cruel realidad latinoamericana continúa avivando sus llamas pese a los mensajes de "democracia" y "libre mercado"), gran parte de lo más fermental del pensamiento contemporáneo, apenas sobrevive, simplemente vejeta o ha sido desterrado.

Condenados a golpes de mala publicidad, arden en el mismo fuego de este "Reich de mercado", cualquier discurso que entre en la categoría de "macrorrelato", toda idea de progreso, cualquier afirmación que cuestione los estatus existentes y toda alternativa real, la que inmediatamente es vista como una ilusión o amenaza. No se admite otra viabilidad que la que determina el modelo imperante y que tiene por único norte las necesidades de ganancia, las aprehensiones de los inversionistas, la seguridad financiera y el aval del organismo internacional. Fuera de la discusión quedan las teorías dependentistas de los 60´, pero también el desarrollismo de los 40´ y 50´, que por lo menos procuró estados fuertes, fortalecer los mercados internos y un cierto desarrollo industrial. Al margen queda Marx, pero también queda Keynes, entre otros.

En lo político, por supuesto que los centros de poder procuran aventar cualquier idea de cambios revolucionarios, pero impedidos estos o en retroceso, tampoco les sirve el populismo, el nacionalismo, el reformismo y ni tan siquiera el más tímido proyecto de preservación de los recursos de una sociedad. "Marx ha muerto", pregonan algunos oráculos de las ciencias sociales contemporáneas, enterrando junto con Marx, a Engels, a Lenin, a Rosa Luxemburgo, a Gramsci, a Mariátegui, a Agosti, a los dependentistas... A Ernesto Guevara no, porque por lo menos permite vender camisetas, y como se sabe, "los negocios son sagrados".

Pero junto con los anteriormente nombrados, en el mismo sepulcro, aunque con distinto epitafio, también yacen los viejos planteos de la CEPAL, y los estatistas, Faroppa y por supuesto Celso Furtado, Batlle (el otro, el primero), Perón, el segundo Vargas en Brasil, claro que Torrijos, Alvarado, Goulart, los "tenientistas", pero también muchos paradigmas del derecho constitucional y del derecho laboral (pobre Couture), los planteos de la OIT, o tantos de los viejos y "subversivos" pronunciamientos de la UNESCO y de la ONU, cuando estas aún no habían sido hegemonizadas.

Hoy ni siquiera se habla de Alberdi, de Ingenieros y ¡qué lástima que Varela promovió la laicidad!. Como dice un viejo aforismo, si los axiomas geométricos chocasen contra los intereses de los hombres, seguramente habría alguien que los refutaría: por eso no al marxismo, pero también no al positivismo, sobre todo si es de origen anglosajón, no a mucho del espiritualismo, porque también Rodó tenía lo suyo (no olvidemos que condenó a Calibán). El fin de las utopías, tampoco permite pensar por ideas, por eso otro no, por ejemplo a Vaz Ferreira, quien tuvo la osadía de no hablar de "clientes" sino de ciudadanos. Todo eso y mucho más acabó con la historia: el mejor de los mundos, el que no puede ser perfectible, ha sido alcanzado.

Situados en el vórtice de un tiempo cronológico que inicia con el final de un milenio, si no queremos continuar navegando en tan tormentosos mares y procuramos arribar a puerto seguro, nos parece de orden recurrir -como lo hace con la brújula, el sextante o la estrella el avezado marino-, a lo mejor que heredamos del pensamiento y de la acción de quienes nos precedieron, a la experiencia acumulada y a lo más fermental de la ciencia social latinoamericana, para poder no solamente interpretar la realidad de nuestro continente, sino, como exigía la famosa tesis marxista sobre Feuerbach, "poder transformarla".

En este trabajo nos hemos propuesto: 1) Rastrear el proceso de debate de ideas, que coadyuvó a la formación del actual pensamiento social y político dominante, de fuerte contenido anti-moderno; 2) Analizar algunas categorías y términos, utilizados en la actualidad por las diversas ciencias sociales, que a nuestro entender carecen de la imprescindible cientificidad; 3) Rescatar algunas teorías actualmente en desuso, sin las cuales se nos ocurre que es imposible comprender la actual realidad continental y 4) Extraer de lo expuesto algunas conclusiones.

(*) El presente trabajo fue realizado hace más de una década para que sirviera como ayudamemoria de una ponencia realizada en un marco académico. Mucho ha cambiado nuestro continente desde aquel entonces, pero por considerar que lo sustancial del contenido continúa vigente decidimos publicarlo para que sirva como aporte para la discusión sobre el particular momento histórico por el que transitamos.
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