domingo

GASTON BACHELARD - LAUTRÉAMONT (CONCLUSIÓN 4)


III (2)

Puesto que la imaginación esencialmente prevé, a la poesía le sería devuelto su papel de profecía, si ese papel no hubiera dado lugar a evidentes abusos. De hecho, la profecía del pensamiento nuevo no procede de un espíritu pítico; es a la vez más natural y más racional. No se le pedirá pues al poeta que nos libre “rugiendo secretos”, como dice Huysmans, ya que los secretos no son íntimos, no son carnales, no están hundidos en el pasado, pues todos los pasados se parecen. Los secretos son más bien formales, matemáticos, proyectados como signos muy coherentes en un porvenir bien hecho.

Sin embargo, al igual que Lautréamont, Petitjean tampoco plantea una trascendencia lejana. Para él, la previsión es inmanente a la visión; sólo se ve bien si se prevé algo, de manera que una meditación psicofisiológica de la visión daría una psíquica de la naturaleza. al mismo tiempo que una meditación sobre la objetividad del conocimiento de lo real daría una física del pensamiento. (3) En una forma un poco rápida, puede decirse que las imágenes y la imaginación están tan estrechamente unidas como la acción y la reacción en el reino de las fuerzas. Se captan “las obligaciones recíprocas entre objeto y sujeto, el objeto que requiere del sujeto para liberarse de sí en la imaginación, lo que equivale a realizarse, y el objeto que sirve al sujeto como punto de unión en torno al cual pueda desdoblarse por medio de la imaginación, aboliendo para siempre su azar”. (4)

Así, la gratuidad de los actos es administrada finamente. La causa formal domina el azar de lo pintoresco sin aplastarlo. Parecería que Lautréamont, al desprenderse bruscamente, rompiera de manera arbitraria las conductas, pero se sometiera siempre a una conducta. Lautréamont ha sido así juguete de sus juguetes, esclavo de sus medios de liberación: Petitjean no cae en ese revés. Él coordina sus libertades. Comprende que no se pueden determinar las acciones con impulsos, el valor con simples velocidades. Dicho de otra manera, el pensamiento imaginante no puede ser cinetismo puro. No se puede experimentar todo su encanto, en la alegría de actuar sin finalidad. El joven y ardiente filósofo que es Armand Petitjean en verdad desea que la imaginación se concrete. Sólo por medio de una concreción la imaginación puede tener convergencia.


Notas

(3) En el capítulo XII del libro de Armand Petitjean se encontrará: Le Moderne et son prochain, exposición de los motivos de una próxima obra. Cf. en particular la unión de una Física del pensamiento y una Psíquica de la naturaleza.
(4) Armand Petitjean, Imagination et Réalisation, p. 68.
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