domingo

MARILUZ SUÁREZ DESDE MÉXICO “¿Por qué ya no soy católica?” de Patricia Sierra



Lo primero que vino a mi mente cuando leí el título de este libro, fue el texto de Bertrand Russell Por qué no soy cristiano que la autora también cita. La segunda imagen fue la de los peregrinos que en épocas pasadas viajaban largas jornadas y las historias que escuchaban servían de aliento para continuar su camino. A continuación empecé a preguntarme qué es exactamente lo que hace atractiva a una religión o creencia. La validez de esta respuesta puede ser muy distinta según la época y la situación geográfica.

Todas la religiones tienen que ver con la gente, y todos estamos ávidos de saber sobre otros seres humanos, si son cercanos a nosotros nos gusta observar, ver cómo actúan, tratar de entender que piensan o qué sienten. El libro que hoy presentamos, escrito por Patricia Sierra, mi amiga Pati, me ha llevado a conocer un poco más de un ser humano inteligente, sensible y ávido de compartir innumerables experiencias con nosotros. Hay una cualidad que menciono aparte pues reconozco una gran valentía en la autora al hacernos partícipes de las causas que la llevaron a escribir este libro.

El relato breve e intenso tiene la cualidad de hechizar al lector; el relato breve testimonial, como es el caso del libro que hoy presentamos, exhibe además el mérito de atraer al lector por su interés en una historia verdadera y porque habla de personas de carne y hueso: no personajes sino personas.  

De manera involuntaria, tal vez automática tratamos de encontrar una justificación a cualquier alteración del orden, sobre todo si se trata de nuestro muy particular orden. La religión católica, que nació apegada a la Historia, cumplió su papel de dar una visión del mundo. En efecto hubo una larga época en nuestro país, y en otros,  en que la vida giraba alrededor de las fiestas patronales, arribo de mandatarios, canonizaciones, entronizaciones y defunciones. Sin ir más lejos en la primera mitad del siglo XX muchos de nosotros heredamos esta educación judeo cristiana que fue testigo de encuentros y noviazgos a la salida de la Misa dominical o en la Primera Comunión del vecino, la Boda de una prima o el Bautizo de fulanito o zutanito. Su amplia difusión  y estricta imposición buscaban crear conciencia bajo  la premisa del amor. Sin embargo, en muy poco tiempo hemos podido constatar que son ahora las fuerzas del mercado las que rigen nuestras vidas. Si hacemos una rememoración de nuestra niñez y juventud claramente vemos una enorme diferencia con las de nuestros hijos y nietos, sobre todo en el caso del tema tratado por la autora: la religión católica. Doy un ejemplo muy simple de mi época que tal vez sea la de muchos de ustedes: si queríamos obtener cualquier permiso de nuestros padres, había que pasar primero por la asistencia a la iglesia, el trago amargo de la confesión o la letanía del rosario. Imagino que situaciones similares fueron el caldo de cultivo para la narración de la maestra Patricia Sierra, aunadas a sucesos desagradables que así aparecen en la narración.

Ya que mi interés principal es el Teatro, con mayúscula, o la Dramaturgia, también con mayúscula, me gustará señalar un texto dramático que me hizo reflexionar  muy seriamente sobre esta temática. Cuando leí  La trágica historia de la vida y muerte del doctor Fausto de Christopher Marlowe, empecé a darme cuenta de la importancia del poder de la palabra. La lectura de este libro me remitió a ese texto de un impetuoso escritor, catalogado como extravagante y genial, autor de seis magnificas obras que escribió durante solamente seis años, no fueron más porque fue asesinado durante el forcejeo por un pleito a sus escasos veintinueve años. Estoy hablando del siglo dieciséis, muy lejano para nosotros y trato de imaginar la vida de un joven blasfemo, ateo y homosexual en un momento en que la tradición medieval se retira y da el paso a un renacimiento que va cobrando fuerza. El telón de fondo de esa obra de teatro está formado por la Muerte, el Juicio Final, el Infierno, la Gloria, los siete pecados Capitales, ángeles buenos, ángeles malos y muchos otros elementos de fácil identificación para cualquier creyente. Todo esto lo menciono porque hay un profundo conflicto que el protagonista tiene que enfrentar y eso es exactamente lo que yo encuentro como punto de unión o vinculo con el libro ¿Por qué ya no soy católica? de Patricia Sierra. Hay una fractura de cadenas, de lazos, de esquemas que  se tienen que romper. Hay un precio que se debe  pagar y hay una condición de libertad adquirida. La autora optó por su libre albedrío. Son estos los elementos que yo retomo en el texto de Patricia.

Alguno de los muchos comentaristas del drama de Marlowe utiliza una imagen que me parece muy ilustrativa, “la quebradiza tabla de la fe” frase que bien define el capítulo IV, cito de la página 47: “…rezaba para que me fuera bien en un examen o se me concediera algún deseo; la posibilidad de atinar me concedía un acto de reconciliación con mi fe.” Hay un sin número de autores que giran o se ramifican alrededor de una única idea y esta es que el hombre, nacido libre, vive encadenado. No solo autores católicos o protestantes han sustentado este pensamiento e.g. Wiliam Blake, Omar Khayy’am, los Místicos españoles del Siglo de Oro, más cercana a nuestro país y a mi sexo: Sor Juana y el insuperable César Vallejo, únicamente por citar algunos.

Según recientes investigaciones esta historia de Fausto, que cuenta con muchas versiones, adaptaciones, películas, incluso ópera, gira alrededor de una figura real, este es otro elemento que encontramos en el libro de la maestra Sierra. A partir de la influencia de los estudios en sicología, que enfatizan el interior del ser humano como resultado de los sucesos en la infancia, nos han permitido ser partícipes de una exploración  muy honda en la personalidad. Por lo que los textos biográficos se han enriquecido con infinitos detalles sobre lo que hay detrás del individuo. El resultado ha sido, en general, que los autores nos hayamos convertido en pintores en busca de ilustrar lo esencial dentro de la mente, haciendo que estos textos testimoniales trasmitan información de manera fascinante, como es el caso de este libro. Me permito agregar una pregunta: ¿el Dios que tanto mencionan los creyentes es el mismo para todas las religiones, o al menos el de las tres llamadas Religiones del libro: judaísmo, cristianismo, islamismo?

Curiosamente el pasado miércoles seis de abril apareció un atinado artículo del maestro Bernardo Barranco, me tomo la libertad de citar una muy interesante frase suya: “La jerarquía carece de liderazgos verdaderos y tangibles; cada obispo se mueve de manera asimétrica, en cambio el conjunto de obispos están acomodados en la zona de confort que el poder secular les ofrece y carecen de un compromiso evangélico que se percibe en la constante caída de católicos en el país.”

Concluyo diciendo que cada libro tiene su ritmo propio, el lector jamás se enterará cuantas, horas, días, semanas fueron necesarias para tener el texto en nuestras manos. Mi deseo es que disfruten su lectura, que surja una o muchas interrogantes y que abra el camino para que analicemos nuestro propio pensamiento religioso que en el caso específico de nuestro país es de una enrome riqueza y complejidad. Porque cada religión es un sistema ideológico; o sea, propone una representación del mundo desde su creación y de la ubicación de nuestra especie en él, ya sea basada en una o más divinidades. O en ninguna, como el budismo.

Felicidades a la autora y felicidades a nosotros afortunados lectores de este interesante libro.

Casa de la Cultura Jesús Reyes Heroles

Ciudad de México, 10 de abril de 2016  

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