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SOLEDAD VILLAMIL - “LO ÚNICO QUE VALE LA PENA ES LA PROPIA MORAL..."


“LO ÚNICO QUE VALE LA PENA ES LA PROPIA MORAL, AQUELLO A LO QUE VOS TE SUJETÁS DÍA A DÍA, MÁS ALLÁ DE QUIÉN PUSO LA PLATA PARA FILMAR LA PELÍCULA QUE HICISTE"

por Alejandro Lingenti
Hace exactamente cinco años, cuando disfrutaba del éxito de glorias porteñas, un espectáculo de evocación tanguera que fue un pequeño hito en el Teatro San Martín y luego se repuso en el Teatro de la Ribera, Soledad Villamil definía su relación con la música con entusiasmo, pero también con cierta cautela. "Es un área que ha tomado un lugar importante en mis intereses, pero lo pienso como un camino de investigación", decía.  
Hoy, con un disco grabado Soledad Villamil canta (2007), ganador del Premio Gardel en la categoría Mejor Album Nuevo de Tango– y otro en camino, ya no hay duda de que la mayor parte de la energía artística de esta mujer de 39 años está dirigida hacia su faceta de cantante, aquella que le permite un trabajo artesanal, cuidado hasta el último detalle, producido personalmente y sin las intermediaciones y los condicionamientos que son habituales en otros terrenos que ha transitado, también con buen paso, desde inicios de los 90, cuando despuntó como actriz en Hamletdirigida por Ricardo Bartís también en el San Martín, en los filmes Vivir matade Bebe Kamín, o Un muro de silenciode Lita Stantic, y en Zona de riesgola miniserie televisiva por la que fue nominada como revelación.  

Soledad no descarta seguir trabajando en cine y en tevé, pero piensa la mayor parte del tiempo en la música, donde pinta con colores contemporáneos un repertorio tradicional. Sin embargo, sus dotes como actriz han sido lo suficientemente notables como para que Juan José Campanella –quien ya la dirigió en El mismo amor, la misma lluvia– la convocara para su nueva película, La pregunta de sus ojos, en la que otra vez el protagonista masculino será el cada vez más cotizado Ricardo Darín.  

"Yo no lo puedo ver como dos mundos separados. Soy la misma persona haciendo cosas diferentes –sostiene Villamil–. No tengo discriminados los dos trabajos. En todo caso, creo que tienen muchas cosas en común, son laburos de interpretación en los que uno funciona como intermediario entre la obra y el público. Esta vez no se trata de una comedia, es un giro en la obra de Campanella. Tiene una trama policial muy fuerte, pero conserva algunos rasgos de humor y no es tan estrictamente costumbrista como las otras películas que hizo. Hay una historia de amor y varias líneas paralelas que se sostienen muy bien. Lo que tiene en común con El mismo amor, la misma lluvia es que las dos historias atraviesan varias décadas."  

Si en el cine, la televisión y el teatro por lo general las decisiones las toman otros –o como mínimo se negocian–, en la música es ella la que tiene un rol determinante. "Elijo el repertorio y tanto los discos como los espectáculos son decisiones mías, claro; en una segunda instancia de trabajo comparto esas decisiones con José Teixidó, responsable de los arreglos y la dirección musical." En Soledad Vilamil canta el repertorio elegido –al que ella denomina "básicamente campero"– incluye temas de Cátulo Castillo, Alfredo Zitarrosa y Atahualpa Yupanqui, entre otros. Algunos tienen arreglos instrumentales austeros –como El aromode Yupanqui, en cuya versión, acompañada por el Mono Hurtado en bajo y Martín González en percusión, Villamil brilla especialmente– y otros, algo más complejos Milonga del aguacerootra composición de don Atahualpa, en la que se suman bandoneón, guitarra y cuerdas–. El próximo disco, si bien se abstiene de ofrecer mayores detalles, será "con otro color, diferente" y hasta podría incluir alguna composición propia. "Estoy escribiendo algunas canciones, pero todavía no estoy segura de grabarlas. Tengo un valsecito muy lindo, por ejemplo. No trabajo decididamente sobre referentes musicales, sino que intento hacer algo propio. Sé que no estoy descubriendo la pólvora, está claro que lo que pongo en juego es mi subjetividad."  

¿Y qué música escuchás habitualmente? 

Me interesa sobre todo esa zona de la música popular que se toca con la culta, la zona donde hay aporte sonoro, armónico. Y me gusta trabajar con buenos músicos, valoro la excelencia musical. Me gusta mucho la música brasileña. Adoro a María João. También escucho jazz, a Sting, al trío argentino Aca Seca, que me parece alucinante. Y después, no sé... Glenn Gould, Beethoven, Mozart.  

¿Imaginás un futuro en el que te dedicás exclusivamente a cantar? 

No, no pienso dejar la actuación. Me imagino grabando mis discos, pero también produciendo o dirigiendo una obra de teatro. El de la música es un espacio muy especial, eso sí, porque yo misma me lo inventé.  

La televisión suele ser peor considerada que el teatro y el cine. ¿Cuál es tu opinión al respecto? 

No sé cuál sería el aspecto negativo de la televisión, la verdad. Siempre es bueno para un actor trabajar, sobre todo si podés tener una buena experiencia. Y eso pasa, no es imposible. En Argentina, como en muchos lugares del mundo, la industria del entretenimiento está en manos de la televisión. Entonces, una de las maneras de desarrollar una carrera es trabajar en la tele. A mí no me parece que eso implique tantos costos. Lo que sí es cierto es que exige mucha entrega de tiempo, y con la vida familiar eso se complica. En el cine, los plazos son más cortos.  

Pero la tevé argentina no parece precisamente un ejemplo de buena calidad. 

Yo tuve suerte, pero es verdad que hay cosas de la tele de acá que no están buenas. Pasa que la calidad no es el primer parámetro entre todos los que rigen en ese medio. El negocio es uno de los más importantes. Igual, confieso que no soy una especialista en el tema. Como productora, probablemente sería un fracaso.  

¿Rechazás trabajos? 

Eventualmente.  

¿Qué límites te marcás? 

Sería más fácil decir "seguro que no haría tal cosa", pero me parece mejor vivir en el presente y no hablar del futuro. El dinero es una variable importante para los que vivimos de esto, así como lo es que te guste un guión, o la cantidad de propuestas que están en juego en un momento, o que sepas que vas a entenderte bien con tus compañeros de trabajo, o que estés amamantando, qué sé yo... Yo evalúo cada momento y naturalmente uso un criterio subjetivo, personal, no me ajusto a una regla. Y no creo ser nadie para decir que un actor que conduce un programa de tevé está equivocado.  
Justo cuando monopoliza la charla el tema de la profesión actoral, con sus elecciones, peripecias y necesidades, entra en escena Victoria Onetto. La actriz ingresa casualmente en el bar donde se desarrolla la entrevista, en seguida reconoce a Villamil –son vecinas de la zona norte de la provincia de Buenos Aires–, se acerca saludarla e intercambia algunas impresiones barriales y familiares.  

Ricardo Bartís, con quien vos estudiaste actuación, dijo hace poco en una entrevista que, aunque suene un poco esquemático, Moria Casán y Nito Artaza hacen teatro conservador, reaccionario, teatro de derecha. ¿Estás de acuerdo? 

Nadie es dueño de la pureza. Hay terrenos con muchos grises, tanto en la tele como en el teatro y el cine. ¿Qué hacemos? ¿Vemos sólo películas iraníes o nada más que Batman y Hulk? Hay algunos que presumen de artistas y son simples especuladores. Yo respeto muchísimo a Bartís. Fue mi maestro, es un talento. Pero personalmente no me siento en condiciones de trazar una línea y decir: "De acá para allá todo es una basura". Hay cosas malas en la tele, en el San Martín y en el teatro off. Pensaba diferente cuando tenía 20 años, pero no ahora. Lo más fácil del mundo es generar polémicas, y la prensa vive de eso. El blanco y el negro no sirven para nada. ¿Dónde entra el público en esa lógica? En todo caso, hacé algo bueno y elevá la calidad. Eso sirve mucho más que el discurso, que generar polémicas. Uno de los mejores momentos de Un oso rojo (película de Adrián Caetano en la que Villamil trabajó) es cuando el personaje de Luis Machín no acepta un dinero que le ofrece el protagonista, un ex convicto encarnado por Julio Chávez, porque es "plata robada". Y Chávez le contesta que "toda la plata es robada". Es así, vivimos en el sistema más corrupto y deforme que existe, la humanidad va en franco retroceso, y lo único que vale la pena es la propia moral, aquello a lo que vos te sujetás día a día, más allá de quién puso la plata para filmar la película que hiciste.  

Mientras desarrolla la respuesta, Soledad se pone más seria e incluso desafiante. Se reconoce como una persona "algo colérica", pero también revela que trabaja en sus sesiones de psicoanálisis sobre ese aspecto de su personalidad que no es el que más orgullo le provoca. Madre de dos niñas (Violeta, de 7 años, y Clara, de 3), fruto de su relación con el actor Federico Olivera, asegura que considera "fundamental" tener sentido del humor, admite que tiene paciencia "dependiendo del día y para qué" y afirma: "Con los hijos uno descubre que tiene más paciencia de la que creía tener, además de una gran capacidad de entrega para dejar de lado tus intereses y pensar primero en los chicos. Ser madre es una experiencia ligada a lo más profundo de la existencia, me ha enfrentado con cosas de mí misma, tanto negativas como positivas, que nunca hubiera observado antes". Una de las restricciones que le han impuesto su rol materno y su elección de no delegar la crianza de sus dos hijas es la falta de tiempo para ir al teatro, al cine y a conciertos con la frecuencia que desea. "Si pudiera, saldría mucho más, hay decenas de cosas que quiero ver en el cine y en el teatro, tanto en el off como en el comercial."  
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