miércoles

NOCHE OSCURA (6) - SAN JUAN DE LA CRUZ


CAPÍTULO 3

De algunas imperfecciones que suelen tener algunos de estos acerca del segundo vicio capital, que es la avaricia, espiritualmente hablando.

1 / Tienen muchos de estos principiantes también a veces mucha avaricia espiritual, porque apenas los verán contentos en el espíritu que Dios les da. Andan muy desconsolados y quejosos porque no hallan el consuelo que querrían en las cosas espirituales.

Muchos no se acaban de hartar de oír consejos y aprender preceptos espirituales y tener y leer muchos libros que traten de eso, y váseles más en esto el tiempo que en obrar la mortificación y perfección de la pobreza interior de espíritu que deben; porque, a más de esto, se cargan de imágenes y rosarios, y a veces bien curiosos y vistosos; ahora dejan unos, ya toman otros, ahora truecan, ahora destruecan, ya los quieren de esta manera, ya de estotra, aficionándose más a esta cruz que a aquella, por ser más curiosa. Y veréis a otros arreados de Agnusdeis y reliquias y nóminas, como los niños de dijes.

En lo cual yo condeno la propiedad de corazón y el asimiento que tienen al modo, multitud y curiosidad de estas cosas, por cuanto es muy contra la pobreza de espíritu, que sólo mira en la sustancia de la devoción, aprovechándose sólo de aquello que basta para ella y cansándose de esotra multiplicidad y de la curiosidad de ella. Pues que la verdadera devoción ha de salir del corazón, sólo en la verdad y sustancia de lo que representan las cosas espirituales, y todo lo demás es asimiento y propiedad de imperfección que, para pasar a alguna manera de perfección, es necesario que se acabe el tal apetito.

2 / Yo conocí una persona que más de diez años se aprovechó de una cruz hecha toscamente de un ramo bendito, clavada con un alfiler retorcida alrededor, y nunca la había dejado, trayéndosela consigo hasta que yo se la tomé; y no era persona de poca razón y entendimiento. Y vi otra que rezaba por cuentas que eran huesos de las espinas del pescado, cuya devoción es cierto que por eso no era de menos quilates delante de Dios; pues se ve claro que estos no la tenían en la hechura, sino en el valor.

Los que van, pues, bien encaminados desde estos principios, no se asen a los instrumentos visibles, ni se cargan de ellos, ni se les da nada de saber de lo que conviene saber para obrar, porque sólo ponen los ojos en ponerse bien con Dios y agradarle, y en esto tienen su codicia. Y así, con gran largueza dan cuanto tienen, y su gusto es saberse quedar sin ello por Dios y por la caridad del prójimo; no me da más que sean cosas espirituales que temporales, porque, como digo, sólo ponen los ojos en las veras de la perfección interior que es dar a Dios gusto y no a sí mismos en nada.

3 / Pero de estas imperfecciones tampoco, como de las demás, no se puede el alma purificar cumplidamente hasta que Dios la ponga en la pasiva purgación de aquella oscura Noche, que luego diremos. Mas conviene al alma, en cuanto pudiere, procurar de su parte hacer por perfeccionarse, porque merezca que Dios la ponga en aquella divina cura, donde sana el alma de todo lo que ella no alcanzaba a remediarse. Porque, por más que el alma se ayude, no puede ella activamente purificarse de manera que esté dispuesta en la menor parte la divina unión de perfección de amor, si Dios no toma la mano y la purga en aquel fuego oscuro para ella como y de la manera que habemos de decir.
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