domingo

JESÚS DE PUNTA DEL ESTE 10) - HUGO GIOVANETTI VIOLA

(primera edición: Grupo Lector Universo 1995 / primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes 2015)


36 / FEDERICA

Cuando va por la mitad de la canción ya ni lo oigo y pienso: ¿Cómo harás para ser tan divino y tan bobo al mismo tiempo? El Rey parecía llorar de la boca para abajo. ¿O no serás tan bobo? pienso después: ¿Cómo hiciste para que termináramos dándote tanta entrada? La guitarra estrellada de Leonardo Regusci proyectaba una sombra color miel sobre su entrepierna. La gente está copadísima: pero fue una exageración pedirles que vinieran con traje de fiesta. Leonardo terminó la canción y bajó la cara mojada frente al aplauso. Entonces se da cuenta de que nosotros no estamos desnudos: ¿no querías crucifixión?

-Amo al man -dijo el Rey, sin parar de aplaudir.

-Lo malo es que si le da por mandarse mudar ahora me curra la mitad de los dólares.

-No se va a ir.

Ahora tiene los ojos demasiado cerrados y se puso transparente como una medusa. Leonardo volvió a mirar al público con la expresión de un hombre que acaba de descubrir a mil metros de altura que su paracaídas no funciona.

-Lo adoro -siguió babeándose el Rey. -¿Te sacaste las ganas de verle colgar la brótola?

-Nada del otro mundo.

Ni siquiera me mojé.

-OTRA!!!! -gritó Federica.

Leonardo me mira manso y se pone a arpegiar. Y cuando volvió el silencio anunció:

-Andante de la Fonte. Sobre música de mi hermano Wolgfang Amadeus.

Qué pedante. Y el hombre de ojos reverdecidos cantó:

-No podrá el horror / hundir la piel del cielo / porque habrá un mar / bajo tu vuelo. / Hoy / soy / hoy / voy / hoy sé / quién soy / y hoy doy / mi fe / y hoy sé / que no sabrá la belleza dolernos / porque nunca podrá el sol del agua clara / morir.

-Tiene razón el Chancho -me escupe la oreja Johnny. -Este tipo es un profeta.

Y el hombre de dientes tristes remató con dulzura:

-No podrá el dolor / hundir la piel del alma / porque habrá un pez / bajo tu calma. / Hoy / soy / hoy / voy / hoy sé / quién soy / y hoy doy / mi fe / y hoy sé / que no sabrá la tristeza vencernos / porque nunca podrá el sol  del Hombre Nuevo / morir.

Y mientras lo volvemos a aplaudir se le ponen los ojos en blanco y grita:

-MAMÁ!!!! YA ENCONTRÉ LA PALOMA!!!!

Mariana entró corriendo por el costado del escenario que comunicaba con la terraza: Leonardo estaba sentado en el suelo con la guitarra sobre las piernas, mientras la gente lloraba de risa observándolo acariciar el perfil de una forma palomar invisible que sostenía con la otra mano. Una yirita enloquecida de piedad: qué poético. Mariana agarró la guitarra y ayudó a incorporarse al hombre que no dejaba de acariciar la paloma invisible. Antes de salir a la terraza la pendeja se da vuelta a mirarnos y entiende la trampa asesina pero no se le mueve una pestaña.

-La verdad es que no sabíamos lo que estábamos haciendo -le dijo Johnny Vilar a Federica Finkbein.


37 / TIAGO

Leonardo fue llevado a su casa por una unidad de emergencia móvil y el médico lo durmió y les pidió a los muchachos que volvieran al otro día, porque todavía no estaba en condiciones de arriesgar un diagnóstico.

-Clavado que lo van a internar -dice Lourdes recién cuando llegamos a nuestra cuadra. -¿Te contó Yoselem lo que pasó en Gorlero hoy de tardecita?

Una gran luna ya menguada doraba los pinares. Y alguien dice por mi:

-No te pongas triste, Lourdes. Vamos a resucitar.

-Yo qué sé.

-Yo estoy absolutamente seguro. No tendría que haberle reventado la cara al Nengo.

Tiago observó el perfil de la muchacha y extendió un brazo a través de la sombra fracturada del pino. Y le subo el mentón y alguien sigue diciendo con mi voz:

-Esa cara. Todo lo que me cuesta quererla.

-No  entiendo cómo podés.

-¿Y vos cómo podés querer a todas las caras? Porque cuando cantás el Andante parece que te estuvieras casando.

La muchacha sonrió.

-No importa que nos ataquen -le acarició la cabeza. -Ayer soñé que repartíamos jardines con la banda. No tendríamos que atacar a nadie con mirada de asesinos.

-Pero eso es imposible.

-No. Hay que sufrir en paz y repartir jardines y está todo perfecto.

La tercera campanada del reloj de la plaza hizo incorporarse al muchacho con los ojos lavados por la luna:

-Y hay que aguantar, Maestro.


38 / LA PALOMA

A las tres de la mañana alguien trajo a Casamar una grabación en vivo de la Banda del Pez: el Rey y Federica estaban fumando porros en la terraza. Entonces la mujer se envuelve hasta el pescuezo con una frazada y dice:

-Leonardo iba a perder la cabeza, tarde o temprano. Pero yo se la corté, Rey Mago.

-Se la cortamos entre todos, amorosa. Y además todavía no murió. Dejame escuchar el cassette en paz: te lo ruego.

-¿En paz?

-SHHHH!!!!

Y después de terminada la primera parte de la grabación Johnny prendió otro porro y dijo:

-Esta banda puede llegar a ser algo descalabrante. El man se sabía todo, Herodías. Yo nunca arreglé con esa calidad. Te juro.

Y un pescadito rojo empieza a sobrevolarlo igual que un picaflor y él le tira manotones sin poder agarrarlo y murmura:

-Cómo me gustaría estar vivo y producir a estos pibes.

La mujer se tapó la cabeza. Ahora le relampaguea el esqueleto como si la estuvieran electrocutando. La paloma voló desde el murete-baranda hasta el casetero y se quedó posada mansamente mientras Johnny Vilar daba vuelta la cinta


39 / EL GATO

A las tres de la mañana Mimí subió a su coche acompañada por el gato y salió a buscar a los integrantes de la Banda del pez.

-Hay que tocar -les va diciendo a todos, con la garganta agarrada por el cangrejo. -La gente los precisa.

Pero cuando llegaron al prostíbulo quedaban sólo dos mujeres esperando el Andante.

-No importa. Venga la música -dice Mimí trayendo la botella de oro. -Hoy los voy a escuchar aunque se acabe el mundo.

El gato lamió varias veces las copas. Y de golpe veo a los muchachos desnudos hasta la cintura y con la otra mitad del cuerpo transfigurada en pez y no entiendo cómo pueden pulsar los instrumentos con las aletas y respirar a la intemperie y tener todos el mismo perfil aunque existe un corazón distinto en cada mirada y me parece oír la voz del Maestro sentenciando:

-Ángel de poca fe.


40 / MIGUEL

El glaucoma me ha llevado a tener que cebar el mate con lupa, cosa que todavía me pone de mal humor: pero cuando recuerdo la pesadilla que espanté acollarando los salmos 4 137 y 22 a la una de la mañana el alma vuelve al cauce. El padre Miguel escuchó un timbrazo demasiado tempranero y avanzó por el corredor como si estuviese estado esperando la visita de un ángel. Huelo el inconfundible perfume barato y digo:

-Adelante, señora.

Mariana esperó a sentarse en el escritorio junto con el chiquilín de resplandor gatuno para contar la ejecución de Leonardo Regusci.

-Un crimen perfecto -digo, sintiendo un espinazo de corvina trancado en el esófago. -Y qué opina el doctor.

-Que necesitaría la historia clínica para saber más rápido si es un caso psiquiátrico o no. Lo vamos a internar aquí en Maldonado. Yo podría pagar los gastos pero Mimí no quiere por nada del mundo.

-¿A Leonardo le queda familia en San Carlos?

-No. Hay que localizar al hermano.

-Y vos qué vas a hacer.

-Comprar la casa -prendió un cigarrillo con otro Mariana. -Y dedicarme a escribir y a trabajar en algo que no me rompa las tripas. Pero anoche pasó algo rarísimo y Pablo quería contárselo.

Entonces no puedo evitar enfocar al chiquilín con la lupa y me eriza su belleza.

-No te asustes -dijo Miguel. -Siempre me hablan de tus ojos y quería conocerlos. ¿Qué pasó anoche, mijo?

-El Maestro se despertó a las tres de la mañana -cuenta con voz serena. -Cuando lo trajimos de Casamar le dieron una inyección y se durmió enseguida. El doctor mandó a todo el mundo a descansar y los muchachos de la banda se quedaron un rato más en el patio y se fueron. Nosotros no podíamos dormir. Y cuando sonó la tercera campanada el Maestro se despertó y nos dijo que no tuviéramos miedo.

-Estaba tan bien que a mí no me dieron ni ganas de llorar -sonrió Mariana. -Estaba cero quilómetro.

-Sí -murmura el chiquilín. -Y nos pidió una cosa.

-Hablá más fuerte, por favor -volvió a agarrar la lupa el hombre macizo.

-Nos pidió que le hiciéramos entender a la gente que hay una ley del alma tan exacta como la matemática. Dijo que si teníamos fe y vivíamos con amor no iba a faltarnos nada, como explicó Jesús. Y que los que no aceptan esa ley están muertos en vida  y terminan por pelear contra la fuerza de oro.

-Y después se puso a acariciar otra vez esa cosa y se durmió -interviene la mujer, atragantándose. -Y hoy se despertó igual. Y se babea y se mea y no quiere comer nada. Es terrible.

-Anoche yo soñé yo soñé que entre todos degollábamos a una paloma en el Cerro Pan de Azúcar -contó el cura.

La mujer y el chiquilín se miran sin hablar. Fidel se cebó un mate y agregó:

-Menos mal que el Maestro pudo resucitarla.


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