martes

JESÚS DE PUNTA DEL ESTE (5) - HUGO GIOVANETTI VIOLA

(primera edición: Grupo Lector Universo 1995 / primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes 2015)


17 / LA PALOMA

-Qué vista -dijo el Nengo, sentado en el balcón del apartamento de Federica Finkbein.

Y revoloteo y lo miro fijo pero no me presta atención.

-¿Dónde podré encontrar a Leonardo a esta hora? -preguntó Federica desde el dormitorio.

-En la casa. Porque las clases del club ya las debe haber dado.

-A la casa no voy ni muerta.

-¿Para qué lo querés?

El tercer ojo del Nengo está hecho un fuego verde.

-Pobre Leo -demoró en chistar la mujer. -La última vez que lo vi fue en el entierro de Zitarrosa. Todo el mundo aplaudía y de repente se acerca y me dice: ¿Te das cuenta qué horror? La mayoría de los que lo aplauden creen que Alfredo está muerto.

El muchacho se saca un momento los lentes negros y se friega los ojos hasta recuperar una mirada oceánica: pero sigue sin verme.

-¿Sabés que antes de cumplir los 40 me tenía que tapar con una sábana? -hilvanó impasiblemente la mujer. -No importaba que me hubiese acostado con un Redford o con un sapo. ¿Vos también sos cristiano?

-Católico -vuelve a ponerse los lentes el Nengo. -Desde chico.

-¿Pero cómo pueden creer que Cristo resucitó?

-Para eso hay que ir a misa.

La Paloma voló silenciosamente hasta adentro del dormitorio y observó a Federica. Se acaba de tapar la cabeza y tiene los huesos dorados.

-Puede ser que Leonardo esté en la iglesia -dijo el Nengo de golpe.

-¿En la iglesia a esta hora?

-Sí. Ayer me comentó que quería reconciliarse. Es la época del Adviento.

-FUERA, BICHO!!!! -da un salto Federica apenas me descubre parada en la piesera.

La paloma volvió al balcón y el muchacho explicó:

-Mirá que puede ser un bolazo: se me ocurrió al tuntún, nomás.

-No parece un bolazo. ¿Cómo podríamos averiguar si está allí?

-Yo qué sé. El marido de mi prima trabaja en el bar de la esquina. Aunque sería loquísimo llamarlo para-

-Llamalo ya.

-¿Tanto apuro tenés?

-Contratos son contratos, amoroso. Tomá.

Y el muchacho se saca los lentes para agarrar el digital que le extiende Federica y ahora tiene los tres ojos incendiados por pedazos de calavera verde.



18 / MARIANA

Los integrantes de la Banda del Pez (con excepción de Yoselem y el Nengo) tomaban mate ruidosamente en la casa de Mariana. Hay que agarrar al Nengo y colgarlo de los huevos en lugar de hablar tanto: no entiendo cómo el Maestro le bancó tantos meses esa grande que tiene.

-Y ahora qué hacemos con el cassette -murmuró el gordo Mario, tirándole un piñazo simbólico al suplemento de La Farándula. -¿Grabamos o no grabamos?

-Ahora se hace de cuenta que el Nengo quiso suicidarse -dice el Maestro. -Y lo sustituimos y grabamos el cassette, pase lo que pase con cualquiera de nosotros.

-En lo de Mimí no hay problema -chistó Lourdes. -Ahí no lo precisamos demasiado al jetón. El problema es conseguir un violero que encare en el estudio.

Y recoge el suplemento y no puede aguantar un ataque de risa y yo también me tiento.

-¿De cuándo es esa foto, Maestro? ¿De cuando juraste la bandera? No te podés quejar, mismo: fíjate con qué look te fue a llegar la gloria.

-Es una foto de archivo del 80 -hizo una reverencia Leonardo. -Cuando la dictadura me levantó la prohibición y canté en un festival maratónico de los que se organizaban en el Palacio Peñarol. A la larga nadie puede prohibir la existencia de nadie: no se preocupen. Y a la Banda del Pez tampoco van a borrarla. Falte quien falte.

Me asusta que diga eso.

-¿Cuánto le habrán pagado al jetón? -preguntó de repente el otro Mario, acodándose con el mate a la sombra del jazmín.

-Se vendió por cualquier cosa -pone cara de cura el Maestro. -Le prometieron algo, nomás: un curro, una grabación. No deben haber precisado pagarle ni medio dólar. Lo que importa es que el Nengo nos vendió porque dejó de ser un pobre de espíritu. Eso es lo que importa entender.

A mí se me fruncen las hemorroides y el estómago juntos, pero cierro los ojos y me la banco callada.

-Y los pobres de espíritu somos los que no nos conformamos con menos de Dios -sentenció Leonardo. -Pueden llamarle Dios o como se les cante. Es esa fuerza de oro que nos junta a nosotros todos los días. ¿La sienten o no la sienten?

-La siento -escupo el humo asqueada. -Pero no entiendo qué tiene que ver con Dios.

-Tiene que ver con Dios porque Dios es lo eterno. Y el que cree en el amor eterno no cree en la nada. Y el alma no se le pudre por nada. Y es superior al mal.

El hombre flaco vestido con un short blanco y una camisa rojiverde se metió casi corriendo en la cocina y demoro muy poco en volver trayendo al chiquilín de ojos fosforecentes.

-Gente de poca fe -dice. -Aquí está el guitarrista. Ya sabe casi todo lo que toca el Nengo. Me rompe los cocos todas las tardes para que lo acompañe y lo corrija. Yo no podría grabar ni la mitad de esos arreglos porque estoy herrumbrado. Pero él los va a tocar.

Y Pablo los encandiló levantando en pleno patio la guitarra estrellada.



19 / FEDERICA

Federica Finkbein estacionó su Porsche color geranio frente a la iglesia y el Nengo se bajó a esperar a Leonardo Regusci en la puerta de la sacristía. No sé cómo hizo para adivinar dónde estaba el Maestro pero es un diablo, el Elvisito: y no serrucha mal. Los integrantes de la Banda del Pez se saludaban siempre con un beso, a toda hora del día. Ahí salió Leo: está un poco barrigón, el divino.

-¿Hoy también me das un beso, mijo? -casi sonrió Leonardo, clavando la mirada en el Porsche ensangrentado por el atardecer.

-Está todo bien, Maestro. Me parece que conseguí un contrato impresionante.

-¿Y por qué no le dijiste a Federica que me fuera a buscar al quilombo? ¿No estoy todas las noches allí?

-Es que quiere planteártelo en privado.

-Mejor. Borrate, entonces.

El Maestro se deja llevar sin el menor problema hacia un barcito precioso de la Punta donde puedo quemarme porque parece un merza, aunque más bien me luzco: Leo va a morir divino, con caries panza o SIDA.

-¿Rompemos el silencio? -retorizó sedosamente la mujer, doblando hacia la rambla. -Me parece que jamás nos dio para pelearnos, aunque vos te hayas caído del mapa.

-Tu mapa no es el mío.

-Pero eso no te da derecho a insultar en público a los que te ayudamos.

-No me hubieran buscado la lengua.

-Sé que precisás guita.

-Yo no preciso guita-

-Es lo mismo: la precisa la yirita-con-un-hijito que te da de vivir.

-Esa yirita por lo menos cobra por acostarse. Vos en cambio siempre pagaste acostándote, como hiciste con el Nengo. Además Mariana es una artista de verdad.

-Pero mirá qué bien.

-No te rías. Vos podrías aprender mucho escuchando las canciones que escribe: tiene la técnica femenina más perfecta que conocí para golpear directamente al mentón del corazón.

-Nunca escuché a la Banda del Pez. Pero me gustaría escucharla en Casamar. Cuando quieran. ¿Qué opinás, maître?

Leonardo no volvió a hablar hasta que se sentaron en el bar y pidieron cognac. Ya picó.

-¿Y? -sonrió la mujer estudiando los ojos tristes que espejaban el reflujo ya plateado del puerto. -¿Cuándo podría valer una actuación exclusiva de la Banda del Pez? O tuya, como quieras. Pero en una fiesta nudista. Eso es lo que le dijiste al Chancho, ¿verdad?

-Yo no mencioné en ningún momento la posibilidad de actuar en una fiesta nudista.

-Ta. Vendría a ser lo mismo.

-No es lo mismo. Pero no importa.

Dios: es mirarlo fijo y mojarme, qué desgracia.

-Les va a salir muy caro -mostró los dientes Leonardo Regusci.

-No hay problema. Fijá el día y organizamos todo.

-Que sea lo antes posible.

-¿Podría ser hoy?

-Dije lo antes posible.

-Entonces tendríamos que tirarnos un momento hasta Casamar para arreglar los detalles con el Rey.

-No quiero ver al Rey. Ustedes redactan el contrato y yo lo firmo cuando llego. Dos canciones por 20 mil dólares: hagan un cheque a nombre de Mariana Ventura.

Mama mía.

-Ta bien. Te los pagamos -se crispó la mujer, y el espejismo de la belleza adolescente que jamás existió se transformó en un gélido barquito de botella. -¿Pero quién te creés que sos? ¿El Rey de la península?

-Bueno, en el caso de que a ese personaje no le alcanzara ni para pagar la luz yo podría ser el rey de la península -contestó el hombre alto.



20 / MIGUEL


-¿Cuándo conociste a Mariana? -preguntó Miguel, aspirando el cognac. -Qué bebida más noble. En un tiempo tuve copas panzonas y todo.

Leonardo vuelve a sorber y contesta disimulando un levísimo empuje de embriaguez:

-Mi mujer me abandonó en el 91 y mandé todo al diablo y volví a San Carlos, a tratar de ganarme la vida dando clases de guitarra. El primer alumno que tuve aquí en Maldonado fue el hijo de Mariana.

-El que traés a la misa.

-Sí. Es nacido en el prostíbulo: tiene 9 años y ya toca como un profesional. Le conseguí prestada la guitarra estrellera que perteneció a mi hermano Pablo a mi tía-abuela Natacha y a Sabino Regusci, el fundador de la estirpe. ¿No conoce la historia de esa guitarra?

-Muy fragmentariamente.

-No importa. Alguien se la contará completa y a lo mejor hasta por escrito. Voy a servirme otro.

-Estás en tu casa.

-Gracias. Entonces fui consiguiendo más alumnos y empezamos a juntarnos y a componer con los muchachos, hasta que se formó naturalmente una especie de banda-taller. Y como conozco a Mimí desde chico logré que nos contratara para tocar en el prostíbulo. Entonces llego una tarde a darle la clase a Pablo y Mariana me muestra un papelito con unos versos imponentes y me dice: Esto lo escribí yo¿Podría ser una canción? Y se la musicalicé, y después pulimos juntos el texto y ella siguió escribiendo y terminó por integrarse al taller.

-Y se enamoraron.

Leonardo vació la copa y sacó cigarrillos.

-Sí -dice, y es como si viera filtrarse una humareda de Rembrandt en el escritorio. -Ella se enamoró de mi alma. Y yo de su desgracia.

-Pero viven juntos.

-Sí. Pagamos todo a medias y dormimos juntos, además. Y cada madrugada yo la acaricio de punta a punta, hasta que ella deja de odiar a Dios y se duerme tranquila. Pero nunca hubo sexo.

El cura tomó un gran trago. ¿Cuánta gente le creería?

-No es que yo sea impotente -aclaró el hombre flaco. -A veces siento mucha necesidad de tener sexo con ella. Y al principio llegué a desesperarme. Pero sería fornicación y se pudriría todo.

-Lo cierto es que ni siquiera pudiste convencerla de que deje el prostíbulo.

-No. Sin cierta seguridad no lo va a dejar nunca.

-¿Y qué vendría a significar cierta seguridad?

-Poder comprar la casa, por ejemplo. Es un rancho de bloques sin terreno. Con 20 mil dólares en la mano se lo tiran por la cabeza.

-Y qué pensás hacer.

-Morir en la demanda.

Los hombres se rieron con amarga amistad, y Leonardo volvió a destapar la botella aunque el cura no aceptó.

-Ella tampoco es frígida -se sigue confesando, ya plenamente entonado. -No es frígida conmigo, quiero decir. Mire: la segunda vez que trabajamos un texto paso algo que me hizo entender con total felicidad cómo iban a ser las cosas. Hacía un calor tremendo y Pablito no estaba y de golpe ella fue al baño y salió desnuda y se metió abajo de la sábana. ¿Querés seguir? me dice: ¿O querés seguir? Yo prendí un cigarrillo como si nada y seguimos trabajando. Y cuando terminamos la canción ella se puso un viso y me acompaño hasta la puerta y nos despedimos con el abrazo más hermoso que le di a un sr humano en toda mi vida. Me parece que usted puede entenderlo, padre.

-Sí, pero todavía no alcanza para que yo te absuelva -cabeceó el hombre calvo, reclamando otra copa por señas.

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