viernes

CONDE DE LAUTRÉAMONT (ISIDORE DUCASSE) - LOS CANTOS DE MALDOROR (18)


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Aquel que no sabe llorar (pues siempre rechazó el sufrimiento hacia adentro) notó que se encontraba en Noruega. En las islas Feroe, asistió a la búsqueda de aves marinas en los desfiladeros que caen a pico, y se asombró de que la cuerda de trescientos metros que retiene al explorador por encima del precipicio, la hubiesen elegido de tal solidez. Vio en eso, por más que se diga, un ejemplo sorprendente de la bondad humana, y no podía dar crédito a sus ojos. Si le hubiera tocado a él preparar la cuerda, le hubiera practicado unos cortes en diversos sitios a fin de que se rompiera y precipitara al cazador en el mar. Una noche se encaminó al cementerio, y los adolescentes que encuentran placer en la violación de los cadáveres de bellas mujeres recién fallecidas, pudieron, si así lo querían, oír la conversación siguiente, perdida en el cuadro de una acción que se irá desarrollando al mismo tiempo.

-¿No es cierto, sepulturero, que te gustará conversar conmigo? El cachalote asciende lentamente del fondo del mar para asomar la cabeza por sobre las aguas y ver el navío que pasa por esos lugares solitarios. La curiosidad nació con el universo.

-Amigo, me es imposible cambiar ideas contigo. Hace rato que los dulces rayos de la luna hacen brillar el mármol de los sepultureros. Es la hora silenciosa en que más de un ser humano sueña con la aparición de mujeres encadenadas que arrastran sus mortajas salpicadas de manchas de sangre como estrellas en un cielo negro. Ese durmiente lanza gemidos semejantes a los de un condenado a muerte, hasta que despierta y advierte que la realidad es tres veces peor que el sueño. Debo concluir de cavar esta fosa, con mi pala infatigable, para que esté lista para mañana temprano. No se pueden hacer dos cosas a la vez si uno quiere hacer un trabajo serio.

-¡Él cree que cavar una fosa es un trabajo serio! ¿Crees, acaso, que cavar una fosa es un trabajo  serio?

-Cuando el salvaje pelícano se resuelve a entregar su pecho para que lo devoren los pequeños, sin tener más testigo que aquel que supo crear tanto amor para vergüenza de los hombres, aunque el sacrificio es grande, es una acción comprensible. Cuando un hombre joven ve en brazos de su amigo a la mujer que idolatraba, se pone a fumar un cigarro, se encierra en la casa y entabla una indisoluble amistad con el dolor, es una acción comprensible. Cuando un alumno interno del liceo es gobernado durante años que son siglos, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana siguiente, por un paria de la civilización que no le quita los ojos de encima, siente oleadas tumultuosas de odio palpitante subir como una espesa humareda a su cerebro que parece a punto de estallar. Desde el momento en que fue arrojado a la prisión hasta aquel, ya próximo, en que saldrá, una intensa fiebre le otorga a su cara un tinte amarillo, acerca sus cejas y le sume los ojos. Por la noche reflexiona, porque se niega a dormir. De día su pensamiento se precipita por encima de los muros de la mansión del embrutecimiento, hasta el momento en que se escapa o lo expulsan como un pestífero de ese claustro eterno; esa acción se comprende. Cavar una fosa es algo que a menudo supera las fuerzas de la naturaleza. Cómo quieres tú, extranjero, que la azada remueva esta tierra, que primero nos alimenta, y después nos suministra un cómodo lecho, preservado del viento del invierno que sopla con furia en estas frías comarcas, cuando el que maneja la azada con manos temblorosas, después de haber palpado convulsivamente durante toda la jornada, las mejillas de los que fueron vivientes y retornan a su reino, ve ante sí, por la noche, escrito en letras de fuego en cada cruz de madera, el enunciado del pavoroso problema que la humanidad todavía no ha resuelto: el de la mortalidad o inmortalidad del alma. He conservado siempre mi amor por el creador del universo, pero si después de mi muerte ya no tenemos que existir, ¿por qué veo, entonces, la mayor parte de las noches, que se abren las tumbas, y sus habitantes levantan suavemente las tapaderas de plomo para ir a respirar aire fresco?

-Deja de trabajar. La emoción te quita fuerzas; te veo débil como una caña; sería una gran locura continuar. Yo soy fuerte, tomaré tu lugar. Hazte a un lado; me darás consejos si no lo hago bien.

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