jueves

ALBERTO METHOL FERRÉ - LOS ESTADOS CONTINENTALES Y EL MERCOSUR


PRIMERA ENTREGA

NOTA PRELIMINAR DE LA ASOCIACIÓN ALBERTO METHOL FERRÉ

Fernando González Guyer / Presidente

Marcos Methol Sastre / Secretario

Hay un dato que resulta ciertamente llamativo. Desde el año 1971 no se publica a Alberto Methol Ferré en el Uruguay, donde residió la mayor parte de su vida y formó su familia. Pasaron cuarenta y dos años. En aquel tiempo se reeditaba El Uruguay como problema, su obra clásica, condensando su perspectiva geopolítica platense en la corriente del revisionismo histórico hispanoamericano. Methol Ferré tuvo una destacada participación en la política y en el debate intelectual del país en el último medio siglo. Sr volvió frecuente contar con sus opiniones en entrevistas, columnas y artículos de las revistas y periódicos de mayor circulación; del mismo modo fue uno de los principales conferencistas en el ámbito académico y diplomático. Fue asesor y hombre de consulta de los más encumbrados líderes de la política nacional desde los años 50 hasta su muerte en 2009. Sin embargo, curiosamente, esto no fue reflejado en un interés editorial a nivel nacional. Su pensamiento encontró resonancia en el contexto latinoamericano y en Roma, y sus ecos están retornando ahora con otro volumen e intensidad

En 2011 se constituye la Asociación Alberto Methol Ferré, una iniciativa que reúne a diversos representantes de la política y la cultura del Uruguay y la región. Entre los socios de honor que apoyaron la creación están, entre otros, el presidente de la Republica José Mujica y el cardenal Jorge Mario Bergoglio, actual papa Francisco. El propósito fundamental de la Asociación es difundir la obra y el pensamiento de Methol Ferré, promoviendo los estudios académicos, en el horizonte continental y universal que están en el espíritu de sus ideas. Por un lado, impulsando la realización bianual de las “Jornadas Académicas Alberto Methol Ferré” (2010, Universidad de Montevideo, 2012, Universidad nacional de La Plata), y por otro atendiendo a ediciones cuidadas que presenten debidamente sus libros.

Los Estados Continentales y el Mercosur, escrito en 1999, es una obra indispensable por su actualidad y su originalidad. Los encendidos debates a escala regional por los procesos de integración, y a escala global por el reordenamiento multipolar del poder, tienen en esta honda reflexión un referente paradigmático y de sentido. Nos complace vivamente que la joven y emprendedora Casa editorial HUM abra un nuevo tiempo para que desde el Uruguay, país con vocación de pensamiento, se retome la tradición de pensar el continente y la humanidad toda.

Queremos agradecer muy especialmente al Cr. Enrique Iglesias, Secretario General Iberoamericano y ex presidente del BID, que nos ha honrado con su prólogo, en un análisis tan esencialmente efectivo como afectivo. Al profesor Ramiro Podetti, director del “Instituto de Estudios Latinoamericanos Alberto Methol Ferré” de la Universidad de Montevideo, por su preciso trabajo introductorio en la geopolítica de Methol Ferré y su intensa colaboración en la tarea de revisar el texto del libro; al profesor Andrés Rivarola Puntigliano, del Institute of Latin American Studies de la Universidad de Estocolmo, uno de los principales investigadores académicos del continentalismo y la geopolítica de la integración en la actualidad, por su comentario autorizado. A Gastón Goyret, nada menos que el redescubridor de este documento que estuvo archivado varios años sin conocerse su existencia, y por su orientación clave en este trabajo de reedición. Hacemos extensivo el agradecimiento a Alberto Volonté, Enrique Martínez Larrechea, Hugo Manini Ríos, José Díaz, Elbio López, Bárbara Díaz, Ignacio Gomeza, Guiomar Álvarez, Luis Vignolo, Juan Raúl Ferreira, Agustín Fregossi, Diego Canessa, Denise Vaillant y Leo Harari por su contribución a la publicación de esta obra.


INTRODUCCIÓN A LA OBRA DE ALBERTO METHOL FERRÉ

Cr. Enrique Iglesias

Los Estados Continentales y el Mercosur

Cercano en su juventud a Luis Alberto de Herrera y a Benito Nardone, luego a Enrique Erro y a Líber Seregni, admirador de Perón y Abelardo Ramos, hijo de agnóstico ero conocido católico que polemizó con los teólogos de la liberación pero no se alejó de la opción preferencial por los pobres, Alberto Methol Ferré parece difícil de definir por las manifestaciones exteriores de su profunda coherencia. Dos convicciones lo acompañaron durante su vida de historiador, filósofo, teólogo y pensador: una visión geopolítica y la otra teológica y ambas conducentes a la afirmación de una unidad continental y cultural latinoamericana que debe reconstruirse y proyectarse, convencido de que la historia de la humanidad va de la fragmentación a la unidad, de la simpleza a la complejidad, de lo individual a lo universal. El hilo conductor de su pensamiento, que le da su coherencia política, es la certeza de que la integración y el desarrollo de la nación latinoamericana es nuestro destino necesario, por un camino que debe sobreponerse a los estados parroquiales para formar el Estado Continental. Desde un enfoque metafísico, más difícil de sintetizar, trasciende su teología de la cultura que, según sus propias palabras, define así:

Varios pueblos afines integran una cultura. Varias culturas en encuentro, en interpenetración, integran una ecúneme. La ecúmene es un ámbito donde se congregan, penetran, transforman recíprocamente varias altas culturas. La ecúmene implica tensión de una pluralidad de culturas distintas que se mezclan. Por eso la ecúmene apunta también a un desenlace, a una nueva síntesis o catolicidad. Es una exigencia concreta de nueva universalidad, por integración de cuerpos culturales diversos, por nueva síntesis profunda que sepa asumir y transfigurar el conjunto conflictivo en una nueva unidad abarcadora. O sea, el nacimiento de una nueva civilización o cultura. Esto no acaece sin un principio interno universal, capaz de abrazar lo antes disperso o enemigo, capaz de generar y sostener esa nueva cultura o civilización. Siempre hay varios candidatos a esta tarea de nueva universalidad sintética, que compiten entre sí. El haz de posibilidades o probabilidades es siempre plural. Gana el mejor sintetizador, acorde a los desafíos.

En la presente obra póstuma, el propósito explícito de Methol Ferré es transferir conocimientos históricos acerca de la integración regional y hemisférica a los funcionarios del servicio exterior. Se apoya para ello principalmente en la obra de Felipe Herrera, a quien considera un puente entre los dos movimientos de integración del siglo XX, los de la década del sesenta y los de los años noventa. En los momentos que estamos viviendo, ya entrada la segunda década del siglo XXI, proliferan movimientos de integración de geometrías diversos y da lugar a la duda de si algunos de ellos son más fuerzas centrífugas que procesos de acercamiento continental, por lo que esta suerte de manual es una ayuda preciosa para pensar el presente. La tesis de Felipe Herrera sobre la cual centra Methol Ferré su ensayo es que la nación latinoamericana es una, pero deshecha, invertebrada, política y económicamente, luego de las independencias. El comercio que se desarrollaba hasta la independencia desde cada punto de América la metrópoli no dispone de rutas formadas para establecerse entre sí; los ejércitos de liberación, los terratenientes y los criollos deseosos de tierra y poder dieron base a los caudillos que extendieron sus dominios hasta las armas los podían llevar; faltó pues estabilidad política e intereses económicos maduros que sustentaran un proyecto desencadenador del potencial que tiene la identidad histórico-cultural de nuestros pueblos. Hoy, los factores económicos crean la facultad de cohesión, de reunificación. Sin grandes espacios económicos y mercados comunes no podremos tener la altura internacional y el grado de desarrollo que deseamos y esto es una realidad política tanto como económica. El ensayo es de particular vigencia porque pone en evidencia las tensiones entre internacionalización y regionalización, entre Estado-Nación y Estados Continentales. Propone el concepto de pueblos-continente no solo de gran potencial sino también una señal fuerte de que con la economía no se puede explicar todo, ni con el mercado solo se puede construir durablemente. Methol Ferré piensa que el Nacionalismo regional integrador es una de las pocas salidas de América Latina hacia el futuro y que pensar solo en “desarrollismo económico” es por naturaleza una forma de pensar incompleta. No solo necesitamos una economía de escala, afirma, también es necesaria una política de escala y una ideología de integración. En esta obra trae a colación a diversos pensadores contemporáneos, para vincular el rol de Estado en el desarrollo de un modo de producción, y la ideología y la cultura que acompaña a estos procesos, diferencia corrientes de pensamiento de los años sesenta y noventa en forma de resumen de diferentes visiones de lo que es nación, nacionalidad y un tema que toca a los uruguayos: ¿existe un tamaño mínimo, una población mínima para ser un Estado-Nación viable? ¿Existe un umbral mínimo? Esa pregunta introduce una muy interesante síntesis histórica, política y económica de Estados Unidos de América, modelo de construcción de un Estado Continental Industrial que Methol Ferré considera el nuevo paradigma, la nueva norma, el nuevo umbral. Resumiendo el debate de la época sobre la necesidad de unir las naciones europeas frente a esa nueva realidad dinamizada por la Revolución Industrial y los acontecimientos que llevaron a las guerras mundiales tenemos, en pocas páginas una excelente introducción a la geopolítica moderna que culmina en un análisis de lo que Methol llama la tercera época de la globalización, que emprende apoyado en la obra de Samuel Huntington. Una cita que el autor hace de Huntington merece repetirse porque articula la visión de Methol Ferré e influye sin lugar a duda en muchos de quienes nos posicionamos hoy frente a la realidad fluctuante:

Por primera vez en la historia, la política global es a la vez multipolar y multicivilizacional; la modernización económica y social no está produciendo ni una civilización universal en sentido significativo, ni la occidentalización de las sociedades no occidentales (…) El equilibrio de poner entre civilizaciones está cambiando (…) Está surgiendo un orden mundial basado en la civilización; las sociedades que comparten afinidades culturales cooperan entre sí; los esfuerzos de hacer pasar sociedades de una civilización a otra resultan infructuosos; y los países se agrupan en torno a Estados dirigentes o centrales de sus civilizaciones.

Vuelve el autor a nuestro continente y a Felipe Herrera, preguntándose por qué su pensamiento no ha tenido suficientes seguidores. Deja responder al mismo Herrera: “el obstáculo más con que hoy se tropieza la integración latinoamericana es la falta de un sustento ideológico de más alto vuelo”. La integración clama por un pensamiento político latinoamericano sustantivo, que comience por identificar a los centros reales de poder que puedan articular prioridades y estrategias. Para eso, la respuesta de Methol Ferré no deja lugar a dudas: ese centro articulador es el Mercosur, como la varias veces intentada ABC (Argentina, Brasil, Chile), la visión continental de Perón, y enfatiza lo que denomina e enfoque nuclear: la integración debe empezar desde Brasil-Argentina hacia el norte -como piensa que lo concebían Prebisch y la CEPAL-, reivindicando la necesidad de un poder nucleador y articulador que parece que debiera recaer en Brasil, si pudiera estar fraternalmente aliado con Argentina. Allí concluye Methol Ferré con su función integradora, pero en esta breve obra, con valor de manual, toca tema centrales para comprender los desafíos de un continente que tiene que recorrer aun un largo camino de integración. Es un excelente repaso de las grandes corrientes de pensamiento geopolítico y de la historia de nuestra región y una toma de posición que nos sirve de referencia.

No quisiera cerrar estos breves comentarios sin recordar al Methol amigo. Nos conocimos cuando yo era un joven docente de la Facultad de Ciencias Económicas y junto con otros queridos amigos cambiábamos el mundo desde las mesas del Café Sorocabana. Allí conocí al pensador, al analista político elocuente que nos encantaba con su prosa tan personal, con sus argumentos imbatibles. Nos frecuentamos mucho cuando colaboramos con la Conferencia Episcopal Latinoamericana en la preparación al encuentro del papa Juan Pablo con los obispos latinoamericanos. En Puebla lo conocí como católico militante comprometido con conciliar la fe con la responsabilidad social. Fue una persona única, cuyo recuerdo uno lleva consigo cuando termina su tránsito por este mundo.

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