martes

LA NEGRA JEFA (Sexo, Momo & Yemanjá) - HUGO GIOVANETTI VIOLA


VIGESIMOTERCERA ENTREGA


DOS: PAN AMASADO POR EL DIABLO (9)


39

Annelise se sacó los lentes.

-Pero qué maquilladita que estás -se encarniza la negra. -Siempre fuiste un caso, Oxún. ¿Te acordás cuando te pesqué con Oxalá en los maizales y se hicieron los osos? Pero vos ninguna osa. Sos una bruta pavarreal, nena.

-Yo no sé lo que soy. Pero sé que a mi madre me la robaste vos.

La negra volvió a carcajear chillonamente y retrucó:

-Sos una Oxún muy joven. Y el mundo tiene historias larguísimas. Y tristes. Algún día vas a entender que fuimos una sola, Yemanjá Ogunté y yo. PORQUE HACÍA FALTA GARRA DE TODOS LOS COLORES PARA PELEAR CONTRA LA ESCLAVITUD. ¿COMPRENDISTE? Vos no estuviste mal, anoche: casi lo volvés loco, al pelado. Pero a éste no le gusta la carne de diosa. Es fiel. LO QUE NO PODÉS HACER NUNCA MÁS ES PASAR POR EL CUCHILLO!!!! ¿CUÁNTAS VECES HAY QUE MACHACARTE QUE SOS LA DIOSA DE LA FER-TI-LI-DAD?


Y Flor se vistió completamente de negro y no se puso una gota de maquillaje y le pidió a Annelise que la acompañara hasta el Estadio y estuvieron haciendo cola mucho rato y mientras atardecía la chiquilina le acarició la cara a su madre y dijo En este momento parece que se te hubieran borrado las arrugas.


-Pero fertilidad con amor -intervengo, después de haber retenido un gran trago bajo la lengua. -Yo te aseguro que Annelise hubiese formado una criatura más hermosa que ella, si hubiese podido.

Entonces la muchacha observó al hombre casi viejo con ojos agacelados y se volvió a poner los lentes.

-Sacate esa porquería -gruñe la negra. -No me importa que llores. Llorar es como sudar, cuando hay hombre de por medio.

-Pero no cuando hay amor, querida -porfió Abel.

-¿Amor? ¿Así que todavía siguen hablando de eso? Qué lindo -sonrió Yemanjá Saba. -¿Sabés que por primera vez en toda la noche estoy en pedo, pelado? A ver, nena. Cantate aquella cosa tan divina que le dedicaste al cascarria en el conventillo. Dale. Pero primero andá a lavarte la cara. Que te quede ir-maculada, como diría el Mago.


Y cuando el atardecer les azuló las caras Flor le dijo a Annelise Dentro de poco tiempo vas a pasar a ser mi hermana carajita.


-Bueno -me dice la negra, al quedar a solas. -Ya pasaste la prueba de Abita y de Oxún con el cuore más limpio que condón de Papa. ¿Se te ofrece algo más?

-Perdón: ¿quién vendría a ser Abita?

-Ese que ustedes llaman el diablo. Pero ustedes se hacen demasiadas películas con todo. Abita es un dios-cadáver dedicado a fiscal, nada más. Cierto que muy podrido, pero también muy trabajador.

-Ese fue el que me llamó por teléfono de madrugada.

-Eco. ¿Y no te hizo acordar a Ray De Deus, por una de esas casualidades?

Annelise volvió del baño con los hombros arqueados hacia atrás y el particularísimo paso de plomo que utilizaba para encarar una escena. Y mientras la escuchamos reproducir Baby can I hold you como si le hubiesen trasplantado los ovarios de Tracy Chapman se le forma una especie de halo de polen que la sustrae milimétricamente del suelo. El ejército de la redención está condenado a servir a Nuestra Señora la Celeste, Negro Jefe -pensó Abel: Y que ladren los que ladran.


Y cuando llegaron a la montaña perfumada que ya cubría el ataúd miró a Flor como si hubiese tirado al mar su último rostro joven.


-Esta guacha está en trance -dijo Yemanjá Saba.

-¿En trance, nada más? ¿No la ves levitar?

-Teatro -chista la negra.


40

El último recuerdo que tenía Abel de lo sucedido en el club era la palabra Teatro. Un violento timbrazo me hace saltar fuera de la cama: sigo vestido con el short blanco y la remera Lacoste. El hombre tambaleante oprimió los botones del portero sin preguntar quién llamaba y corrió al baño a orinar y echarse toda el agua que pudo en la cabeza. El timbrazo de la puerta de arriba me resuena en las tripas como una coz eléctrica: nos cayó la pesada, nomás.

-Adelante -dijo Abel, mirando con serenidad a la pequeña mujer infernalmente arrugada.

No tiene malos ojos: saca un block y me escribe un mensaje con una birome verde.

-No sé si tengo voz -decían las prolijas letras redondas- pero por las dudas no hablo no le hagas caso a la televisión que lo del apagón es paco y esta noche vamos a volar todos juntos petiso.

-Pero si lo anunció la UTE -me atrevo a murmurar y ella escribe:

-¿Alguna vez te sentiste mi hermano?


Y cuando volviste de la Plaza Virgilio te diste cuenta que Flor necesitaba acostarse contigo para volver a entrar en una especie de cuerpo-de-Eurídice como si se calzara por una sola noche una máscara-arranca-piel prestada por el diablo.


-Sí -dijo Abel.

Y en la tercera hoja del block agrega

-Yo te quise veras toda la vida por algo te conté lo que te conté y aquella vez que vine hecha bolsa de Buenos Aires y fuimos a caminar a la Plaza Virgilio te tuve muchas ganas.

-Yo también -sonrió Abel.

-¿Y por qué no me llamaste esa noche?

-Porque me pareció que si nos acostábamos ibas a quedar mucho más lastimada de lo que estabas.


Y te sentaste a tomar mate y a fumar sin parar al lado del teléfono con una erección que doblegaba monstruosamente la dureza del vaquero y la voz de Ray decía Dale macho hace meses que no te acostás con nadie y si no te la cojés vos se la va a coger otro y sabés cómo es la historia y de repente recordaste La lucha de Yepes y fuiste a calentar otro litro de agua.


Entonces Flor escribe:

-Vos sabés que anoche me tenía tanta lástima que de golpe me empecé a comer un bruto jazmín que había en la mesa de luz y dice Brian que no hubo manera de sacármelo de la boca hasta que me desmayé.

-Dios mío -se incorpora Abel. -Qué noche. ¿No querés acompañarme a tomar unos mates?

Flor niega con la cabeza y escribe:

-¿Annelise está durmiendo?

-Supongo que sí.

-¿Y está bien DE VERDAD?

-Sí. Muy bien.

-Gracias por todo y por favor decile que vuelva tranquila a casa que va a estar todo okey.


Hasta que La lucha de Yepes se transformó en La piedad de Miguel Ángel invertida y vos tenías que sostener la blancura de Flor sin dejarla caer sin esperar nada más que la resurrección y entonces te calmaste.


-Nos vemos esta noche -dijo Abel en la puerta.

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