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LA CONQUISTA ESPIRITUAL - ALBERTO METHOL FERRÉ


OCTAVA ENTREGA

LAS MISIONES

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NUESTRA CONCIENCIA HISTÓRICA DE LAS MISIONES

Hemos recorrido, en apretadas síntesis, desde el sentido de Cristo, que da razón del sentido de la obra jesuítica con los guaraníes, hasta el enclave histórico y geopolítico en que se constituyeron las Misiones, y mostramos cómo éstas configuraron un singular régimen político-económico, que finalmente es destrozado. ¿De qué modo su ausencia actual nos es presente?

La guerra ideológica desatada alrededor de las Misiones Jesuíticas del Paraguay no ha terminado. En el siglo XVIII fue tema político candente y controvertido. Inglaterra, Holanda y Portugal fueron usina de libelos antijesuitas, y éstos han dejado una firme huella en la conciencia, que la investigación histórica moderna, sistemática, ha descartado esencialmente. No sólo estuvieron en juego allí los intereses del colonialismo, de los encomenderos, sino también los del naciente Imperio Británico, que a través de su embajador Keene "tuvo un rol muy en la preparación del Tratado de 1750 y en la expulsión de los jesuitas", según anota Clovis Lugon.

Todo esto es ya historia pasada, pero ¿tienen algo que mostrarnos todavía las Misiones Jesuíticas? Veámoslo someramente.

Durante el siglo XIX rioplatense, las Misiones, fueron tema de "clericales" y "anticlericales" o liberales. Sus fuentes primeras entre nosotros, están para los liberales en Félix de Azara, aquel gran ilustrado español que sin embargo defendió el punto de vista de los encomenderos, en tanto que la literatura reivindicativa la inicia el Deán Funes, con su "Ensayo de la Historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán" de 1815-17. Casi todos los historiadores prominentes del siglo, emitieron sus puntos de vista sobre la cuestión de acuerdo a esas coordenadas ideológicas primordiales. El último gran detractor será Leopoldo Lugones en su obra: "El Imperio Jesuítico" en 1906, si bien posteriormente renegó de ella. El asunto quedó luego en manos de grandes investigadores jesuitas, argentinos y brasileños, cuya máxima expresión será la de Guillermo Furlong. No tomamos en cuenta aquí, claro está, la bcopiosa literatura europea al respecto.

En el Uruguay, la preocupación por las Misiones Jesuitas puede resumirse en dos nombres fundadores, el "liberal" Andrés Lamas y el "jesuítico" Francisco Bauzá. El primero, artífice final de la entrega de las Misiones Orientales al Brasil, tuvo sin embargo una intensa preocupación por el mundo Misionero, como si éste fuera un fantasma del que su conciencia no pudiera desembarazarse. El segundo, dedicando un libro entero de su obra, capital en la configuración de la historiografía uruguaya, 'Historia de la Dominación Española en el Uruguay" (1880-82). Pero luego, las Misiones quedaron borrosas en la conciencia histórica uruguaya. El país había sido acotado por el puerto de Montevideo, miraba hacia los océanos y no hacia sus espaldas americanas. Y hoy, lógicamente, con la crisis de la inserción histórica uruguaya en los sistemas ultramarinos europeos, acorde con los nuevos rumbos latinoamericanos de nuestras necesidades, con la reaparición forzosa como escenario primordial de la Cuenca del Plata, nuestra conciencia histórica tiene otra vez las Misiones a la vista.

La vuelta hacia adentro del Uruguay, le conduce a reasumir en profundidad todo su contexto histórico de la América meridional, a penetrar los caminos del tape. Nuestro futuro nos abre las puertas de un pasado más rico y de potencialidades aún inéditas.

Una de esas potencias históricas son las Misiones. Y éstas no sólo nos despejan una dimensión poco comprendida de la significación de Artigas, sino que, con él, apuntan a las más candentes urgencias de nuestro tiempo. Pues las Misiones fueron una experiencia de desarrollo social, técnico y económico, de promoción de pueblos atrasados, a altos niveles para su época, por una singular conjugación de socialismo y conciencia cristiana. Como un "cristianismo primitivo" americano, y entendiendo primitivo en el sentido de primigenio.

"La República Guaraní era sin duda demasiado comunista para los cristianos burgueses y demasiado cristiana para los comunistas de la época burguesa", define con justeza el católico Clovis Lugon. En efecto, las tradiciones socialistas desde el siglo pasado están demasiado contaminadas por los viejos prejuicios de sus enemigos, y por su lucha contra formas religiosas caducas, como para distinguir y apreciar lo esencial de las Misiones Jesuíticas. Aquí y allá pueden señalarse excepciones, como la de R. B. Cunningham Graham (A Vallisbed Arcadia. Londres, 1901).

Por otra parte, los cristianos de la "época burguesa", se aferraron a ideas propietaristas individuales, y querían disminuir a toda costa la índole colectivista del régimen misionero. Querían hacer de la propiedad común de los recursos productivos un mero pasaje transitorio para la propiedad individual. La estructura misma de las Misiones desmiente tales pretensiones. Por el contrario, pone a la luz hasta que punto es viable entre los hombres, con eficiencia, con estabilidad, con empuje solidario, una actividad económica basada en la propiedad colectiva y en el incentivo, no de lucro, sino moral, de fundación religiosa, cristiana, respetuosa y promotora de la persona humana. Pues la razón última del colectivismo, para que no degenere en despotismo, reside en la conciencia común y enraizada del amor, y su misteriosa potencia sustentadora y valiosa de suavidad, fuerza y responsabilidad, paciencia y esperanza.

Así, las Misiones están enclavadas, mudo y elocuente testimonio, más allá de las ruinas de la dominación, en la entraña misma de la problemática ecuménica de nuestro tiempo, del nuestro propio, uruguayo, rioplatense y latinoamericano.

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