jueves

DOSSIER AUGUSTO TORRES / 3 - PATRICIA BENTANCUR



LA CONSECUENCIA EXTREMA
  
(extraído del catálogo de la Muestra Antológica 1936 / 1991)
  
SEGUNDA ENTREGA
  
II / EL NOMADISMO (2)
  
El 14 de abril de 1934, en la ciudad de Cádiz, se embarcan en el “Cabo San Antonio”, arribando el 30 al puerto de Montevideo.
  
El 1 de mayo Torres García anuncia su propósito de formar un movimiento de arte moderno en Uruguay en su primera conferencia en Montevideo, pronunciada en el Paraninfo de la Universidad.
  
El viaje a Uruguay de la familia Torres-Piña, marca un punto de inflexión de vital importancia en la vida de Augusto.
  
Torres García comienza inmediatamente su actividad docente en Montevideo, dando clases en la Facultad de Arquitectura y en la Escuela Taller de Artes Plásticas (ETAP).
  
Al poco tiempo se aleja de estas instituciones para formar junto a un grupo de discípulos la Asociación de Arte Constructivo (AAC, 1935-1943), de la cual Augusto es uno de sus miembros.
  
Esta asociación se transforma en un centro intelectual, en una importante Escuela de Arte. “No existían las concesiones, el programa de entrenamiento era riguroso…”, al decir de A. Kalenberg, “no se otorgaban facilidades ni licencias en lo doctrinario: el Taller Torres García le planteaba problemas al alumno, nunca le ofrecía recetas, ni fórmulas, ni cánones, tampoco aseguraba el éxito, mucho menos el del mercado. Quienes continuaban, se habían hecho acreedores a la supervivencia.”(12)
  
Recordando a María del Corral (13), Directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, “Torres García durante toda su vida trata de establecer un orden que exprese el equilibrio entre la vida y la abstracción, la razón y la naturaleza.”
  
J.T.G. reflexiona sobre el arte: “…es una actividad especialísima, que difiere esencialmente de todas las demás, y que puede decirse es la suprema actividad del hombre, pero el hombre que vive materialmente no puede comprender esto… cree que siguiendo la tradición humana en lo profundo, en cada época del tiempo, el artista ha a de despertar a una nueva fe. ¿Pero dónde hallarla? Dentro de sí mismo, es la única ruta. Pero no pensando sino intuyendo, escudriñando en el alma, construyendo…” (14)
  
Todos estos acontecimientos y declaraciones dibujan el espíritu, el grado de compromiso, la pelea permanente.
  
Las enseñanzas de J.T.G. se basaban en la praxis, si bien se impartían desde el taller bases estéticas muy definidas. Asentadas en la racionalidad, los conceptos de estructura, de fragmentación temática. La referencia a la realidad, el equilibrio en la composición, el color entendido también como estructura, el ritmo, es despojamiento. El tan mentado “tono”, o la tan nombrada “paleta baja” del taller, como también los trabajos en 7 o 5 tonos; eliminar todo lo particular para descubrir los símbolos universales. La búsqueda del orden y de las leyes armónicas, una ley única, universal y abstracta. En el concepto de Abstracción J.T.G. no abandonaba lo sensible, la abstracción se entendía como síntesis, no como sinónimo de la no-figuración.
  
“El gran paso dado modernamente por el arte plástico consiste en esto: en que la forma pudiendo aun tener su origen en la realidad ya no quiere ser representativa, sino ‘forma de sí’ y color, con toda independencia. Y esto ha creado todo un nuevo orden plástico, cuya expresión más pura es el llamado arte abstracto. Pero abstracción, no significa en nuestro lenguaje no figuración, sino más bien síntesis. Por eso en su valor absoluto la forma puede tener honda expresión humana”. (15)
  
Se incentivaba a la práctica de todas las disciplinas artísticas, el uso de todas las técnicas y materiales. “Tanto como modelo de comunidad artística integrada, como por la amplitud y gama de los medios y materiales que caracterizaron la producción, el T.T.G. no tiene en Latinoamérica precedentes ni paralelos” (16). Pero por sobre todos los análisis técnicos referenciales que podemos enumerar a partir de las enseñanzas del arte impartidas por Torres García, existía una postura ética absolutamente fundamental en la formación. La austeridad más absoluta, la exhortación a la pobreza, el desdén a todo lo superficial o lujoso, que no se entendía solamente en el orden material de los objetos, sino principalmente en el orden ético-moral, una actitud precisa ante la vida.
  
Se respetaban las tendencias de cada alumno… “aun cuando no estuviera en su propia línea, tal vez intuía que, tarde o temprano, todos iban a converger con su filosofía, con su arte” (17).
  
El trabajo de Augusto entre la realidad y la abstracción, lo racional y lo sensible, si bien es menos evidente que en la obra de su padre, no contradice esencialmente sus enseñanzas.
  
La vuelta de Torres García a Montevideo generó la discusión y la polémica. Los enfrentamientos eran reales y sostenidos. El mundo del arte uruguayo se dividió básicamente entre los seguidos del T.T.G. y el Círculo de Bellas Artes. Torres García traía de Europa la energía para librar esas y otras batallas, “…a todos ahora; que no se ha escrito esto con el propósito de hacer escuela, sino con el de acelerar la evolución, a fin de que nuestro país alcance un nivel en el arte al que debe y puede llegar, y con esto equilibrarse con respecto a otros sectores de nuestra cultura” (18). Es el tiempo en la obra de Augusto Torres, en el que se marca más profundamente la reflexión sobre la teoría constructiva abstracta y la figuración. Se pinta con modelo y se pinta con la memoria, la razón y el instinto, la realidad y la metafísica; el dualismo manierista, la coexistencia de lo abstracto y lo sensible. Esta relación de convergencia, en busca de lo permanente y lo universal, no lo abandonará en ningún momento.
  
También el 34 J.T.G., escribe “Historia de mi vida” (19) y en el 35, publica su libro “Estructura”, que dedica a Piet Mondrian. La publicación de ”Círculo y Cuadrado” se continúa en Uruguay con el título “Círculo y Cuadrado en América” (20). En este mismo año Torres García presenta un ensayo en el que invierte el mapa de Latinoamérica como símbolo de la finalización del colonialismo en el arte latinoamericano y la búsqueda de un lenguaje, que sin olvidar el Modernismo, encuentre las nuevas bases de abstracción para un arte unificador de Latinoamérica; ya se hablaba de “identidades regionales”.
  
Detenernos en la situación del Taller y en las enseñanzas allí impartidas, es profundizar en lo que fue específicamente la formación de Augusto, particularmente en la primera etapa del período en que regresan a Uruguay.
  
En 1938, se anuncia a través del Nro. 7 de “Círculo y Cuadrado”, la ampliación de estudios de arte precolombino por medio de conferencias comparativas que se dictan en el Taller. Y es el mismo año en que J.T.G. concluye la realización del Monumento Cósmico del Parque Rodó.
  
Augusto no deja de viajar y terminar sus estudios complementarios. En 1942 se instala en Bolivia y Perú junto a su hermano Horacio y Alceu Ribeiro para estudiar el arte precolombino. Torres García propiciaba esos viajes de estudio, consideraba básico el conocimiento de esas culturas para la creación de ese nuevo arte. En “Metafísica de la prehistoria indoamericana” sostiene: “Al haber hallado nuestro norte en la cultura preincaica, queríamos solidarizarnos hasta el punto de identificarnos con ella… ya que la cultura inca… en su sencilla unidad… puede utilizarse como el modelo más conseguido. Debido a esto, podría proporcionar, no sólo la base de nuestra unificación sudamericana, sino también la posibilidad, al fin, de poseer una auténtica cultura integral y además autóctona” (21).
  
Esta influencia se evidencia en la obra de Augusto en el contenido mágico de sus pinturas metafísicas y signos reiterados en muchos de sus cuadros constructivos.
  
Augusto, al igual que su padre, se vincula estrechamente a la ciudad de Buenos Aires; entre los años 42 y 43 realiza un gran mural pintado, que se conserva hasta el día de hoy en la vivienda del escritor Freddy Guthmann
  
La Asociación de Arte Constuctivo se disuelve en 1943 y se funda el Taller Torres García. Desde el comienzo integraron el Taller: los hijos de Torres, Augusto (1913) y Horacio (1924), los hermanos Alceu (1912) y Edgardo Ribeiro (1922), Elsa Andrada (1920), Gonzalo Fonseca, Anhelo Hernández, Jonio Montiel, Francisco Matto Vilaró y Anhelo Hernández (1922), Julio Uruguay Alpuy (1910), José Gurvich (1927) y Manuel Lima (1924), entre otros.
  
El objetivo principal del Taller era desarrollar “un arte para las Américas”, que incorporara constuctivismo, postcubismo y tradiciones indígenas.
  
De esta época circan los trabajos que indistintamente se firmaban T.T.G. (Taller Torres García) en consecuencia con el espíritu colectivista y el anonimato  que reinaba en el taller. “En todas las grandes épocas constructivas puede decirse que el arte es anónimo y tiene que ver ese anonimato con su grandeza” (22).
El Taller presenta así infinidad de exposiciones colectivas en Montevideo, Buenos Aires, París y Washington, entre otras ciudades, al tiempo que se realizan, colectivamente, veintisiete grandes murales para el hospital de tuberculosos Saint Bois” (23).
  
Augusto recordaba los viajes diarios en ambulancia, las radiografías periódicas y preventivas , además de una polémica desatada en torno al trabajo que estaban realizando: “Dicen unos críticos que los murales son más peligrosos que el bacilo de Koch”. En el 56 realiza un mural fresco para la fachada de la Feria del libro, lamentablemente hoy destruido. El vínculo colectivo se prolonga por dos décadas y Augusto no volverá a exponer en forma individual hasta 1961.
  
Augusto trabajó con el arquitecto español Antonio Bonet (24), y en 1945 comienza una serie de obras por encargo del arquitecto en la ciudad de Buenos Aires.
  
En el mismo año se publica en Montevideo la revista del Taller, bajo el título “Removedor”. En su primer número se define de esta manera: “No sería posible hallar otro nombre más adecuado para esta hoja que sólo ha de tratar problemas de pintura nueva: removedor. Este líquido creado por la moderna industria, para los pintores, con el cual se puede limpiar la vieja y espesa cáscara de pinturas sobrepuestas e inadecuadas. Por eso, hoy y aquí, con removedor y una buena espátula estamos dispuestos a insistir tanto sobre la vieja pintura hasta dejar el camino preparado para imponer la nueva…” (25).
  
Torres García fallece el 8 de agosto de 1949, mientras preparaba dos exposiciones para la Sidney Janis de New York y la Unión Panamericana de Washington. El Taller permanece abierto bajo la dirección de un grupo integrado por Augusto, Horacio Torres, Gonzalo Fonseca, Jonio Montiel, Francisco Matto, Julio Uruguay Alpuy y Manuel Pailós. Para Augusto comienza una etapa de revisión personal muy importante. En 1950 retoma los viajes a Europa en compañía de Matto, Elsa Andrada, Marta Luisi y Anhelo Hernández, con la finalidad de revisitar los museos de Italia. De esa época se recogen innumerables bocetos, dibujos y acuarelas que evidencian su concepción del paisaje urbano. Augusto y Elsa prosiguen el viaje por España, período del cual se recogen innumerables copias de Velázquez.
  
En ese año se desata la guerra en Corea, Italia estaba conmocionada ante una posible entrada del “oso pardo”, Matto decide volver a Uruguay y pretendía que sus amigos volviesen con él, especialmente Elsa. Ninguno de los dos quiso volver a Montevideo; la despedida en el hotel donde se hospedaba Matto con su madre y su secretario fue muy graciosa, Elsa y Matto abajo, y Augusto, desde la escalera, despidiéndose. La frase fue: “Si non ci vediamo piú, felice morte”.
  
Afortunadamente nada pasó y al tiempo regresaron a Uruguay y volvieron los encuentros y las eternas discusiones de arte, sumadas a los recuerdos y a ese fantástico mundo que construyeron en común.
  
En 1951, sin que ni siquiera sus más íntimos amigos lo supieran, Elsa Andrada y Augusto contraen matrimonio en el Registro Civil, el día 2 de julio. Los testigos de la boda fueron Horacio, Manolita Piña y el padre y el hermano de Elsa, Gregorio y Walter Andrada.
  
Se instalan por poco tiempo en la casa de la calle Manuel Pérez. En el 53 su amigo Leborgne les hace un “taller con dormitorio” en la misma calle.
  
Augusto continúa pintando y dando clases tanto en el T.T.G., como en su estudio propio. En 1953 integra el envío de Uruguay a la II Bienal de San Pablo (26). En 1954 pinta con la ayuda de Elsa y otros compañeros, un gran mural para el Sindicato Médico en Montevideo (27). Este mural de 72 metros cuadrados fue restaurado en el año 1987, en una primera etapa por el restaurador Manuel Nigro (28), y posteriormente por Augusto, Elsa y José Aguirre (29). En este momento se está discutiendo el posible retiro del mural, sin conocerse aun cuál será el destino del mismo.
  
En ese tiempo Elsa estaba tejiendo un tapiz con los dibujos de Augusto, por encargo del arquitecto Mario Paysée Reyes.
  
Entre el 54 y el 56 Elsa y Augusto se instalan en parís. Expone en la XXIX Exposition del Salon des Surindependents, en el Museo de Arte Moderno (30) y en el Museo de Amsterdam “Jonges Schilders uit Uruguay” (31).
  
Regresan a Montevideo en 1957, donde nace su único hijo, Marcos. Nuevamente realiza un trabajo para el arquitecto Antonio Bonet, un biombo en madera policromada (Mural en relieve, Liceo Miranda, Montevideo, 1958); el otro sector lo realizó su hermano Horacio.
  
La década del 60 se inicia con la obtención de una beca para estudiar en The New School de Nueva York, que los lleva nuevamente a los Estados Unidos. En esta oportunidad viaja a Montana  para visitar las reservas de los indios de las praderas, plein indians.
  
Junto a su amigo Gonzalo Fonseca, organizan una exposición de las obras del Taller en The New School. En la misma sala, al siguiente año, Augusto realiza la primera exposición individual después de mucho tiempo de participar en más de un centenar de muestras colectivas del T.T.G. El nombre de la muestra fue: “Wood, Construction & Painting”; reunía una serie de obras que fueron pintadas en Nueva York, básicamente naturaleza muerta y paisaje naturalista figurativo. De vuelta en Uruguay, en 1962, presenta las obras expuestas en Estados Unidos en una galería de Montevideo (32). De este período data un autorretrato excepcional, que fue seguido de una serie de retratos, Elsa Andrada y Marcos Torres, la Sra. de Kaplan, entre muchos otros que encierran los conceptos básicos de su trabajo.
  
Otro de los proyectos con el arquitecto Bonet, es un gran mural de piedra de caliza para el Banco Río de la Plata de Montevideo (1964). Realiza una exposición colectiva en el Jockey Club de Montevideo, junto a Horacio Torres y Alpuy (33).
  
En 1965 se cierra definitivamente el Taller Torres García. Muchos de los mejores discípulos, parte activa de la segunda etapa del Taller -Fonseca, Gurvich, Matto, Alpuy, Pailós, Horacio y Augusto- toman un camino propio y al decir de A. Kalenberg demostraron “estar equipados para transitarlos” (…) “no existía la necesidad de incurrir en parricidio, la doctrina profesada y proferida por J.T.G. les permitió encontrar un camino propio, personal y diferenciado”.
  
Augusto expone varias veces en Buenos Aires y Montevideo y en el 67 vuelve a Europa con motivo del desmontaje de los murales de su padre en la Diputación de Barcelona.
  
De vuelta en Montevideo, en 1968 Augusto realiza un mural en cerámica en la vivienda particular del arquitecto Ernesto Leborgne, que aun se conserva en la casa de la calle Trabajo. En 1970, con motivo de inaugurarse una retrospectiva de la obra de su padre en el Guggenheim Museum, Augusto viaja a la ciudad de Nueva York y realiza una exposición colectiva (34). El mismo año realizan un viaje de reconocimiento de los indios araucanos chilenos, en compañía de Mario y Eva Olivetti y los hijos de ambos matrimonios. Augusto regresa a Europa en 1973; se instalan en Barcelona, donde permanecerán hasta 1981. Su estudio frente al puerto, recuerda la ciudad de Montevideo, y este motivo Augusto lo pintará reiteradamente de diversas maneras. Su distanciamiento de las salas de exposiciones encuentra en este período una pausa, sucediéndose exposiciones en las galerías Monzón de Madrid, Dau al Set de Barcelona y Galería Palatina, Buenos Aires. Lo invitan a participar en la Bienal de San Pablo en 1979; su hijo Marcos acompañó el envío, Augusto no fue a la Bienal.
  
Realiza dos proyectos de mural para la ciudad de Barcelona, ambos por encargo del arquitecto Bonet. El primero, en madera (35) y el segundo en cerámica (36). Se edita un libro, “Augusto Torres”, escrito por Guido Castillo, que se presenta en el Museo Miró de Barcelona en 1988. La exposición en la Americas Society Arte Gallery de Nueva York es la muestra más importante que protagoniza Augusto. Se suceden exposiciones en el Santa Barbara Museum of Art y colectivas en Japón (37) y Dusseldorf (38), junto a Elsa Andrada, Matto y Alpuy.
  
Cuando Augusto regresa a Montevideo en 1982, en su trabajo se pronuncian las relaciones entre forma y color. El cambio que se continúa hasta 1992 resume, de alguna manera, varios de los recursos desarrollados hasta el momento. La etapa de Barcelona, líneas horizontales determinan el fraccionamiento de los espacios recreados libremente. La metafísica de los objetos, la luz independiente de la realidad, la luz propia de los objetos, la exaltación de los opuestos, inerior-exterior, luz-sombra, norte-sur, tan característicos de las obras del 60, la síntesis geométrica que evidencia su influencia del arte primitivo y un personalísimo uso del color donde el rojo es predominante. Este cambio de paleta, en el que no abandona los grises, lo inició en Barcelona en 1979. Es la etapa donde Augusto extrema sus bases funcionales, es la obra más concreta y más abstracta, es la síntesis entre la abstracción y la realidad.
  
Notas
  
12) Ángel Kalenberg. “Arte uruguayo y Otros”. Edición Galería Latina, 1990.
13) María del Corral, Directora del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, CARS.
14) “Círculo y Cuadrado”, Nro. 3
15) “Lo Aparente y lo Concreto en el Arte”, Joaquín Torres García.
16) Maricamen Ramírez. Conservadora de Arte Latinoamericano, Gallery University de Austin, Texas
17) Ángel Kalenberg. “Arte uruguayo y Otros”.
18) “Estructura”, Joaquín Torres García.
19) “Historia de mi vida”, no será publicado hasta 1939.
20) El 1 de mayo de 1936 sale publicado el primer volumen en español, el último volumen es de mayo del 43
21) Joaquín Torres García, “Metafísica de la prehistoria indoamericana”, Montevideo, Asociación de Arte Constructivo, 1939, pág. 3.
22) “La Recuperación del Objeto”, Lección IV, pág. 44.
23) Uno de los murales fue trasladado a la Facultad de Arquitectura.
24) Antonio Bonet, aquitecto español (1913-1985).
25) “Removedor”, Revista del Taller Torres García. Órgano redactado y editado exclusivamente por alumnos del T.T.G. Se editan 28 números entre los años 1945 y 1961.
26) Museo de Arte Moderno, San Pablo, Brasil, 1953.
27) Este mural constructivo, “Universal”, se encuentra ubicado en el segundo piso del Palacio Sindical “Dr. Carlos María Fosalba”.
28) Alumno de Giandrone.
29) Alumno de Augusto Torres.
30) Paris, 1954.
31) Stedelijk Museum, Amsterdam, 1956.
32) Galería Montevideo, Montevideo, 1962.
33) Salón Comisión Nacional de Bellas Artes, Montevideo, 1964.
34) Galería Kouros, Nueva York, “Torres García & his Legacy”, 1986.
35) Mural en madera, 2,75 por 14,74 mts. Barcelona.
36) Mural en cerámica, 2,72 por 16,5 mts. Barcelona.
37) Hillside Gallery og Toio, “9 artistas uruguayos”, 1987.
38) E. P. Gallery, Düsseldorf. “4 artistas uruguayos”. Alpuy, Andrada, Matto, Torres. 1986.

1 comentario:

David dijo...

Me gusta mucho apreciar el arte y la literatura. En Sudamerica hay muy buenos ejemplos para conocer. En este momento estoy buscando Vuelos a Buenos Aires para irme de vacaciones y luego voy a seguir con mi pasión sobre el arte

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