domingo

CIRCE MAIA - “ESA HOJITA DE SAUCE SOSTENIDA POR UNA TELARAÑA”



por Miguel Ángel Olivera Prietto

   

(reportaje recuperado del Semanario Acción Informativa de Tacuarembó)

  
Hablame, Circe, de uno de los poemas de Caraguatá, por favor, de esa hoja que gira, el significado de esa poesía que capta un instante y que parecería que en ese instante hay una cuestión de tiempo, como que es eterno….
 Eso es exacto, lo que estás diciendo, el hecho de que los instantes se eternicen, que la poesía logre algo que es tan fugaz, y de golpe está la posibilidad de que cuando lo leemos, vuelve a vivir, hay como una especie de rara amplitud, nada que ver con la universalidad de un concepto lógico, no sólo tiene que ver con lo racional… Es esa posibilidad de que un instante pueda eternizarse… Si lo decís así, con esas palabras, es una fría expresión, de fondo filosófico, todo lo que quieras, lo podés vincular a enfoques, pero es frío, en cambio si podés lograr una imagen, como la que tú dices que te gustó, no estás directamente pensando en esa idea, te resuena en la imagen concreta, tiene esa resonancia, que no se agota en sí misma, es una experiencia tuya, yo la vi, me llamó muchísimo la atención, me pareció un misterio pequeño, esa hojita de sauce sostenida por una telaraña. No te puedo de verdad explicar mi experiencia, siento que ahí tengo que cortar, ahí termina, que no hay que decir nada más, es como una apertura para que tú puedas seguir…
 Claro, una apertura para que el lector pueda continuar…
 …que se imagine la hojita si no la vio, o por ejemplo tú me dices que has visto otras, entonces, el poema continúa entre el que escribió y el que lee, siempre creo que la poesía es una de las formas de comunicación más intensas…
 Y convertís en poesía al tipo que está leyendo.
 El que está leyendo no precisa convertirse, no creo que sea un tipo especial de persona, ni el que escribe tampoco… Hay estímulos, estímulos que despiertan posibilidades que todos tenemos a veces, dormidas, a veces creemos que no tenemos aptitud, para la música, por ejemplo, yo no la tengo. Pero sin embargo a veces suena una melodía, un acorde, y ahí despierta un placer, una felicidad intensa, y entonces ahí descubrís que aquello te abrió un camino…
 Pero también hay cosas que te instigan, por ejemplo, cuando hablás en un poema de los ruidos de la casa, de las voces de la otra sala, que vos escuchás…
 Sí, cuando estoy arriba y siento las voces de mis hijos acá abajo, sentís que está vivo, que la casa está viva. En esos poemas, en especial, el tema está como escondido, el tema está en que ya no se produce más, las voces ya no están, entonces yo hablo al revés, hablo desde el momento en que sí estaban y la casa estaba viva… Tengo un libro en prosa que se llama Destrucciones, en realidad tengo la percepción demasiado intensa de ver lo que se destruye, por ejemplo lo que sucede ahora y dentro de unos instantes ya no es, la percepción de la destrucción del tiempo es demasiado intensa en mí y a veces lo pinto en un instante, que como tú decís, por suerte el lector lo saca de ese fluir, de desaparecer y lo deja vivo, el que lee lo mantiene en la vida, vuelve a vivir, se imagina la casa, los ruidos y entonces la casa, los ruidos no desaparecen del todo, es lo que tú dijiste…
 Las cosas que te atrapan, los símbolos que vos pintás como un pintor, ese instante, cosas que quedan colgadas ahí…, que a nosotros, tus lectores, quizá por saber que hay un trasfondo filosófico nos impacta… Circe, ¿cuánto tiene que ver tu poesía con la filosofía?
 Desde muy jovencita el gusto por las ideas, de estudiar la historia de las ideas me atraía mucho. Pero la literatura también me atrajo mucho, cuando llegabas a preparatorios tenías que elegir. Y me pareció que para eso tan precioso que es la relación con los alumnos era para mí más fácil explicar una idea, en cambio la literatura tiene como un goce secreto para disfrutar y mostrar tal vez, lo de las corrientes literarias, teorías y todo eso no me atraía tanto. Me parecía a veces que un excesivo análisis de un poema parecía que lo destruía, le temía a la enseñanza de la literatura, justamente porque la quería mucho, quería mucho el disfrute literario, leer un cuento y disfrutar, si lo empiezo a explicar, a partir en pedazos… hay todo un talento para hacer eso, pero hay también el temor, hay que hacerlo muy bien para no destruir, o que el disfrute desaparezca. Me lo ha confesado alguna profesora de literatura que al tomar una rima de Bécquer y después de darla demasiado y analizarla mucho, da la impresión que el placer en vez de aumentar ha desaparecido, es todo un tema ese…
 Entonces dije bueno, en cambio en la filosofía se puede a la misma idea quizá, de distintas maneras, se le puede dar mil vueltas, el poema en cambio, tiene algo de intocable, si le cambias una palabra ya es otro poema, como esa experiencia que dijimos con el lector que lee y lo hace propio, es difícil que haya alguna forma…, no sé, la enseñanza de lo literario se me hacía muy cuesta arriba… preferí la filosofía.
 Después que entré en la filosofía encontré conexiones, por ejemplo cuando estudiábamos una corriente filosófica, como ya lo dijo el Bocha, en los presocráticos, que a mí me encantan, había poesía.
 Es extraordinario. Explicando una idea, Parménides sale con un carro en el que va una diosa que habla, es cierto que lo que habla ya es lógica pura, pero las imágenes son poéticas. Un filósofo que rechazó a los poetas cuando le tocaba hablar institucionalmente, porque le parecían unos mentirosos, fue Platón, sin embargo, él mismo tenía imágenes y mitos creados para explicar sus ideas, de valor poético sin duda. La poesía está en todos nosotros, pero tiene una existencia transitoria.
 Un texto, por ejemplo, que estás leyendo y de pronto viene un soplo poético, y sentís… y disfrutás… pero es pasajero, incluso los poemas, hay momentos del poema que sentís que pasa el soplo de la poesía.
 En el teatro, sin darse cuenta el personaje está en una conversación común, y de pronto cuando queda solo siente como la necesidad de hablar consigo mismo… Un personaje de Shakespeare, por ejemplo, los monólogos son verdaderos poemas extraordinarios. En el liceo cuando intentábamos hacer alguna escenita, en Las Brujas, el compañero que venía con Macbeth y se dirige a las brujas, les dice algo, que el muchacho lo decía sin darse cuenta que era un poema, un poema precioso… Hay dichas que nos da o el dibujo, o la poesía, todo lo creativo nos da una felicidad muy grande, lo creativo lo tenemos todos en algún momento…, por eso digo que tiene una existencia…, bueno, los poemas son objetos, los hacemos vivir en el momento que los leemos…
 Claro, pero con esa fugacidad… ¿qué esperás que provoque en las personas que te leen? ¿Esperás algo de ellas?
 No, lo que he notado es la felicidad que te da cuando sentís que la otra persona lee y siente…., porque uno nunca está seguro, no estás escribiendo concretamente para alguien en particular, mi poesía en general tiene mucho de intento de conversación, siempre trato de que esté abierta, aunque sea un tema filosófico, pero que el tono conversacional se mantenga. Por ejemplo cuando trato de imaginar tiempos remotos, muy, muy remotos, en que nada sabemos de ellos, y me digo, los gestos del agua no han de variar mucho verdad, entonces logro poner una expresión prosaica de eso, me da placer ese diálogo, uno no está pensando en el que lee, pero al final uno espera que se lea y se establezca ese diálogo. La poesía muy intimista, en la que se mira a sí mismo es la que no me atrae. Cuando sólo se expresan sentimientos personales, que por desgracia los jóvenes piensan muy rápidamente que pueden escribir poesía expresando directamente una emoción, pero lo peor es que quedan las palabras pero el que lee no llega a entender…
 El amor… cuando se enamoran…
 Claro, claro, cuando se enamoran y ya piensan que podrían…
 Pero es un comienzo ¿no?
 Sí claro, claro, se nota la necesidad, y bueno, ya ves…
 (Interviene Ana María): Muchas veces es un diálogo consigo mismos… Tal vez por sus propias inseguridades muchas veces escribir los va centrando…
 Si es cierto, sí es cierto lo que dice Ana María, siempre es diálogo, en ese caso consigo mismos. Necesitan hacerlo, muchas veces me traen cosas que han escrito y me preguntan si pueden seguir escribiendo. Les digo que sí, si sienten esa necesidad, escribir es muy bueno… pero no siempre es literatura…
 Un poco es como la narrativa, todas las personas tienen mil historias, y esas historias pueden convertirse en cuentos, el asunto es cómo se hace, dónde está el arte…
 Claro… la gente tiende a confundir el cuento en sí con el argumento, muchas veces quieren saber de qué se trata el cuento, la historia… y bueno, eso que pasó puede ser escrito de múltiples maneras, y la historia es la misma, pero cuando alguien la escribe, sobre la misma historia pueden haber varios cuentos, contados de diferente forma. En la pintura pasa lo mismo, cuando alguien pinta una fruta, puede ser la fruta tal cual, o de repente la pinta Van Gogh o Cézanne y sin dejar de ser la fruta, la interpretación es otra…
 Pero a veces el tema de un pintor es el sepia… por ejemplo.
 Claro, pero la gente no piensa eso, piensa en qué representa, son falsas oposiciones también. Cuando uno mira las obras de los viejos maestros, yo por ejemplo ahora que no veo bien y miro esas obras de otra manera, por ejemplo ahora veo la armonía que hay en el uso del color, como veo menos nítido puedo apreciar eso. El tema en sí es secundario…
 ¿Cómo se encuentra el arte en la poesía, cómo se busca, cómo se construye la poesía?
 Tus preguntas son difíciles, Miguel (sonríe), uno en realidad no construye…
 Pero vos tenés una base… tenés un tema…
 No, sabés que no. El tema no es previo, lo que hay previo puede ser una imagen que desencadena el poema, a medida que lo vas escribiendo se va dando, van apareciendo asociaciones, durante la creación, como cuando vas dibujando… se asoman, van apareciendo. A veces hay adjetivos débiles, hay que tachar, yo corrijo mucho tachando, hay muchos poemas breves que a veces en su comienzo eran más extensos…
 Tú le das mucha importancia a la música en las palabras, una especie de melodía poética…
 Es cierto, cada poema, cada ritmo tiene su propia música, no hay duda, el idioma tiene cualidades casi materiales, el ritmo, el sonido… tienen que ver con la voz, eso es muy importante en poesía, conviene leerla en voz alta, hay gente que lee muy bien, otros no, leer mal lo destruye. Y eso no tiene que ver con la filosofía, en filosofía tú pasas de una frase a otra, en otros idiomas traducir la poesía es todo un desafío… cada palabra tiene una connotación diferente en cada lengua.
 Ayer leyó María Stella (en la presentación del libro) una imagen bonita, en la que tú dices que cada idioma es como una casa…
 Una casa llena de recuerdos y secretos que sólo los comunica a los hablantes de esa lengua, el extranjero aprende una lengua, pero es como un visitante que sólo ve el comedor y al fondo no entra, esto lo dijo un lingüista famoso, Steiner (Después de Babel), yo lo aclaro ahí. El traductor sabe eso, pero como cada lengua tiene también recursos metafóricos, cuando el traductor traduce a su lengua descubre recursos metafóricos, que el hablante de pronto ya los había perdido, son como pequeñas alegrías del traductor, esas metáforas escondidas… Lo que se dice en algunas lenguas de una manera en otras se dice de otra y eso es todo un desafío…
 Debe ser muy trabajoso traducir poesía…
 Es muy trabajoso, es todo un desafío, te das cuenta que a veces hay exigencias absurdas, “esto no es igual”, bueno, no puede ser igual, en cada lengua las asociaciones son diferentes, pero si produce un efecto similar en los lectores está bien, es lo que se busca. El otro día me quedé contenta al ver cómo escuchaban esos poemas que leí en griego, esas imágenes de la búsqueda de las ventanas y lo de los muros… llegaba a los que estaban allí…
 Será porque escuchábamos la música, esa especie de sonoridad, sonidos acompasados…
 En lo que yo leía, lo que tiene importancia es la imagen, la imagen es visual, no es lingüística, en ese poema vos te imaginas una fila de velitas encendidas y te imaginás que los días del futuro son eso… ahí no importa en realidad el sonido de las palabras, claro, es importante la armonía de los sonidos, pero la imagen pasa de un idioma a otro, si te imaginás el cuarto donde las personas buscan ventanas, no importa tanto el sonido de las palabras…

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