(reportaje recuperado de Posdata / junio de 1996)
A comienzos de mayo Luis Eduardo Aute anduvo otra vez por nuestras tontovideanas latitudes. Tuvimos una larga conversación, ya entrada la noche, en un hotel del Centro. Aquí decidimos reservar las palabras del cantautor “manidrileño” para cuando viniera a cantar. Y como el martes próximo, el 18 de junio, lo tendremos en el teatro Solís, aquí va lo que Eduardo dijo…
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He encontrado en tu formulación textual, por los tratamientos que das a tus obras tocantes con lo amoroso o lo erótico, una referencia al Cantar de los Cantares. ¿Estoy muy equivocado?
Lo llevas muy alto y muy lejos. Yo me circunscribiría a una época más moderna; para mí el maestro de la poesía erótica fue John Donne, poeta inglés, cura anglicano… creo que no hay nada más moderno que Donne.
Al fin y al cabo, Donne, un hombre del siglo XVII, no debería desconocer los Cantares bíblicos…
Pues claro, en él la mezcla de misticismo religioso y erotismo se daba en su propia esencia, y bueno, creo que más próximo históricamente a nosotros es Paul Eluard, que es un gran poeta erótico… En cuanto a la épica erótica del Cantar, me parece maravillosa, y te quiero mucho por asociarme con ella, pero… no doy la talla. Me rebasa.
¿Qué hay de aquel primer fonograma y su nombre campea, Rodrigo y Ximena, vos, castellano de Manila?
Sí, conquistador y conquistado… (risas). En realidad ese trabajo se basaba en la versión de Corneille. Era un intento de ponerte a buscar raíces, porque yo siempre me sentí muy desarraigado. Fíjate, nazco en una ex-colonia con una educación en inglés en el colegio, y el tagalo en la calle con los amigos. Me llevaron a los once años a España. Y yo no me sentía ni español, ni filipino, ni americano… Y hacer esa especie de zarzuela, de opereta, con el Cid y con Ximena era como ir a la búsqueda de una cultura, de una lengua, de las raíces como te decía. Pero al final el proyecto me salió frustrado, porque quise hacer una zarzuela y me salió un bodrio… (risas).
Autocríticas aparte, tu segundo trabajo como solista, 24 canciones breves, a mí y a mi generación nos hizo dar un respingo, nos conmocionó. Lo breve, o brevísimo también era posible…
Fue un trabajo difícil de hacer. Un esfuerzo de síntesis muy grande. En un minuto, minuto y medio, y con la mayor economía de medios contarlo todo o casi todo lo que quería contar en ese texto. Pero más difícil que eso fue convencer a la compañía de que quería grabar un disco. Y lo logré a trancas y barrancas, porque les resultaba muy barato… el acompañamiento era guitarra, cello y contrabajo; viendo esto me dejaron pasar el proyecto. Lo grabé como una especie de despedida de las grabaciones. Mi primer etapa fue muy breve, desde el 66 al 68, y luego cinco años totalmente alejado de todo lo que tuviera que ver con discos y discográficas. Si dediqué esos cinco años a aprender a escribir canciones, o por lo menos lo que yo entendía por escribir canciones, que era escribiéndolas y escribiéndolas y escribiéndolas… Y… pues las 24 canciones… queda ahí, es un disco imperfecto, por suerte, imperfecto.
¿Qué disco es un disco perfecto para vos?
Ninguno, ninguno…
Pero de otros autores ¿hay?
No perfecto, imposible, pero digamos rozando la perfección, y… Sgt. Pepper’s, otro que anda rozándola es, para mí, So de Peter Gabriel, también un disco de Brel, que no tiene título, se llama sólo Jacques Brel, en especial el volumen dos; y creo que anda alguna cosa más por ahí que de momento se me escapa… claro, he estado hablando de discos grabados en un estudio, en el siglo XX.
Vuelvo otra vez atrás. Te conocí como compositor a través de Massiel, en particular Massiel es diferente, así se llamaba el disco de la RCA.
Sí, no lo recuerdo bien, pero el título del disco me da una pista: allí estaban Aleluya, Rosas en el mar… y…
Hasta mañana…; la cantás poco ¿no?
Sí, Hasta mañana. Bueno, acaso el motivo por el que no he cantado estas canciones es porque las cantaba Massiel, ella las popularizó extremadamente, tan extremadamente que ya no eran mías, eran de ella, entonces me resultaba muy difícil hacérmelas mías, eran de ella, y Aleluya y Rosas en el mar no las he vuelto a cantar hasta el año pasado, y este año. Debe haber sido porque aquello de Massiel están tan distante en el tiempo que puedo ahora sentirlas mías. Y las canto en la versión más próxima a como realmente las hice. Eran canciones sencillas, muy elementales.
¿Te parece que Aleluya es una canción elemental…? Una canción in crescendo, acumulativa, riquísima en imágenes poéticas…
Verdad, sí, es un crescendo, es una canción que tiene su tensión, pero no la concebí con tantos violines, tanta parafernalia, no era una opereta en ningún momento y terminó convirtiéndose en eso. En cuanto a Hasta mañana no tanto porque no la canto tanto.
Los chiquilines que estábamos en Secundaria en aquel tiempo recordamos esa canción con mucho afecto. Su clima, su brevedad, sus ondulaciones, su rara sencillez.
Recuerdo que ya me lo habías mencionado la vez anterior.
Y lo haré hasta que me muera, nunca la escuché por vos.
Bueno… vamos a rascar en la memoria, tienes razón, no hay nada más complicado que escribir sencillo, te prometo hacer algo por ella, por la canción (risas). La tan manida como verdadera, difícil sencillez. Si puedo contar con una palabra lo que me llevaría cuarenta, pues mejor media palabra, y con la música igual.
En Animal, tu libro (poemario), disco (un CD) y exposición se nota esa devoción por la síntesis, sobre todo en los poemas…
No son poemas… yo los he llamado “poemigas”, son… no sé lo que son, les puse “poemigas” porque son como migas poéticas.
Pienso que un catedrático los llamaría epigramas…
Epigramas, aforismos, greguerías, por ahí navega.
Greguerías, Gómez de la Serna… ultraísmo, la vanguardia española.
Ramón Gómez de la Serna es un personaje atemporal. Es tremendamente vigente. La denominación de greguerías no es mía sino de la gente que ha leído los textos y pueden ser de la familia de la greguería pero sin serlo, para nada…
Dejemos las categorías, seguiré llamando poemas a los textos impresos en esa obra. Por aquí por el Cono Sur, tenemos por ejemplo a Nicanor Parra, allí en Chile.
Sí, confieso que me ha influido la lectura de Antipoemas de Nicanor, algo de eso hay. En verdad yo veo esa experiencia mía como cierto tutti-frutti que en sí no es nada. Por eso los bautizo como “poemigas” para que se incluyan en algún tipo de algo…
No será que algunos músicos tienen una reverencia excesiva hacia la poesía, y viceversa, algunos poetas o escritores continuamente están mencionando a los compositores…
Es que es lo mismo. Esa discriminación entre poema y música, es puramente formal. Un poema, en esencia es música. Música escrita con palabras no difiere de la que se escribe en un pentagrama. Creo que el espíritu de ambas expresiones es indivisible y único… es… la magia.
Los Homeros cantaban y escondían los versos hace tanto, con el pie marcando el ritmo.
Pues sí, claro, ahí está el centro: la poesía escrita nació cantada. Primero es música y después texto… De modo que la disensión poema-música no es lícita, yo creo. Y por eso probablemente esa tendencia respetuosa del poeta hacia el músico y del músico hacia el poeta. Porque se reconocen, son uno y lo mismo, se huelen.
Se relinchan.
A veces se apestan…
Viendo la tapa de tu último CD Alevosía, esa hermosa, incitante mujer, con su desnudo y su misterio, debajo de tu firma…
Induce a equívocos… (risas). ¿Será mi alter ego? (más risas).
Manes de las tapas y los equívocos (risas). Pero en las entrevistan que acompañan, la prensa que acompaña, en tus respuestas aparece seguido como declaración tuya el tema “del bien y el mal”: la sociedad y el tiempo en que nos tocó vivir inducen hacia el mal y no hacia el bien, ¿te definirías como un maniqueísta?
Creo que sí, como un San Agustín cualquiera, en el fondo estoy descubriendo que lo soy. En cualquier caso no dejo de sospechar que pueda serlo. Sí que he hablado del bien y del mal… pero cuando hago esas reflexiones sobre la sociedad en que vivimos, que padecemos en realidad, en cuanto a que cultiva “el mal”, no me refiero al mal, contrapunto de “el bien”, maniqueo, sino al mal alevoso, el cinismo como representación del mal. El cinismo, creo que es el peor mal, sobre todo el cinismo puesto en práctica. El cinismo teórico es creativo, aquel cinismo de los griegos.
Diógenes… haciendo de perro.
Exactamente. El cinismo funcional que se ejerce en la sociedad contemporánea, no tiene nada que ver con cualquier creatividad, ni con esa escuela filosófica. Me refiero a esa representación del mal ejerciendo su “eficacia”, en la sociedad, en la relación entre las personas, en la relación con uno mismo. Por lo menos es lo que yo siento y lo que presiento… y rechazo, no me resigno a asumir esa funcionalidad de la supervivencia contemporánea. Hay que ejercer ese cinismo hoy, para sobrevivir… antes había que ser malo, o criminal, ahora no hace falta, da con ser un cínico light. Ese es mi punto de vista.
Posmodernidad, o mejor el mal del fin de siglo, del cansancio del siglo, las uotpías que no se dieron…
Sí. Sí… Cansancio, mucho cansancio.
Sos un “contemporáneo secular” de Baudelaire, de Verlaine, de Mallarmé…
Cuanta Flor del Mal me echas en la oreja… (risas). (Hace una pausa)… Ojalá, ojalá que “ese” mal fuera el que estuviéramos viviendo en este caso… pero creo que no, que es la vulgaridad absoluta. Ese cansancio te lleva a la vulgaridad, y la vulgaridad te lleva al cansancio.
(Abro al azar el librillo del CD Alevosía, y le leo los versos de ‘Mojándolo todo’ …Los labios que con tus dedos dilatas delatas para mí…”) ¿Te parece que esos versos son una obscenidad, vulgaridad…?
No, no, todo lo contrario, he intentado un lenguaje blanco, sobre un acto… visto como perverso por la sociedad puritana. Podría verse un gusto vulgar en el acto. No lo hay realmente.
Estamos hablando de sexo oral.
Exactamente.
¿Qué perversión hay en ello?
Pues no, ninguna, pero claro que no… Es un hecho, no obstante, que la sociedad puritana cataloga como vulgar, para esas mentalidades un misil no es “vulgar”, el sexo oral sí lo es.
Entonces, ¿no creés que hay mantenedores de la belleza y de la delicadeza en el mundo, y que vos so uno de ellos?
Intento, sí… (hace una pausa, fuma y toma un trago de ron)… Intento agarrarme todavía a ciertos flecos, que pueden todavía recordar que la belleza existe, intento, no sé si moriré en el intento o no. En el fondo creo que aun se puede apostar a la belleza.
Dados los últimos resultados electorales en España, ¿aun es posible la belleza?
No, no… pero el no tampoco es rotundo ¿no? Siento que no hay que dejarse llevar por la mediocridad y, si estoy vivo, creo que vivir es lo más hermoso. Y esperanza en la hermosura que supone vivir. Resistiendo. Resistiendo, e invocando los posibles restos de belleza que pueda haber. Y manifestándolo en esto que llamamos canciones, poesía, arte. Si alguna función tiene el ejercicio de la creación artística es agarrarse a esa posiblemente utópica imagen de que todavía hay alguna posibilidad.

























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