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LO BELLO Y LA NATURALEZA EN LA POESÍA DE JULIO HERRERA Y REISSIG


JORGE LUIS CASTILLO

Introducción: Herrera y Reissig, poeta bucólico

Para bien o para mal, el prestigio de Herrera y Reissig como poeta dentro de las letras hispanoamericanas depende en buena medida de la presencia destacada de su poesía bucólica en la mayoría de las antologías consagradas a su obra o a la lírica modernista. Dentro de los confines de esta poesía, los sonetos de “Los éxtasis de la montaña” sin duda superan en popularidad a las dos otras dos muestras representativas de la musa bucólica del uruguayo: los poemas “Ciles alucinada” y “La muerte del pastor”. (1) Entre la crítica, la poesía pastoral o bucólica de Herrera y Reissig fue siempre unas de las vertientes más celebradas (2). Con todo, no existe un claro consenso que clarifique la relación de “Ciles alucinada”, “La muerte del pastor” y, sobre todo, “Los éxtasis de la montaña” con el paradigma de la tradición pastoril (los “Sonetos vascos” constituyen un caso aparte). Propongo evitar este escollo estableciendo los vínculos y diferencias de “Ciles alucinada” y “La muerte del pastor” con la tradición pastoril y sugiriendo, para “Los éxtasis de la montaña”, la adopción del modelo del idilio de aldea, tópico a través del cual la sensibilidad romántica reinterpreta la tradición pastoril y procura adaptarla a las exigencias poéticas de la modernidad.

La poesía bucólica de Herrera y Reissig cultiva tanto los ambientes, personajes y temas propios de la tradición pastoril, cuyos paradigmas son Teócrito y Virgilio, como otros pertenecientes al ámbito aldeano o campesino y al mundo de los trabajos agrícolas, cuyo canon literario se forma a partir de Hesíodo. Una definición más estricta del género bucólico podría incluir los poemas largos “Ciles alucinada” (1902) “La muerte del pastor (Balada eglógica)” (1907) de Herrera y Reissig; pero no así la mayoría de los sonetos que componen las dos series de “Los éxtasis de la montaña (Eglogánimas)”, poemario que se prolonga desde 1902 hasta la muerte del poeta. Los primeros relatan los amores frustrados de sus dos respectivas pastoras y el vínculo de empatía que guardan estas con el mundo natural, soslayando las características y las faenas propias de la vida rural. “Los éxtasis de la montaña” consiste, por otra parte, de un conjunto muy diverso de poemas donde convergen elementos provenientes de la poesía pastoril clásica (pastores enamorados, ambiente idílico, naturaleza benévola, vida simple y ociosa) con otros propios de la poesía rural y aldeana, propiamente un fenómeno de aparición más tardía (a pesar de sus orígenes remotos) y que añade a la cosmovisión pastoril del mundo de las duras faenas campesinas cantado por Hesíodo en “Los trabajos y los días”. En “Los éxtasis de la montaña”, Herrera y Reissig elabora, en suma, una síntesis entre la vida ardua de los labradores al sembrar la tierra o de los pastores al arrear el ganado y la placidez campesina, los amores y conflictos de sus habitantes y también los tedios pacíficos generados por el ámbito provinciano o la vida de aldea (3).

La decisión de incluir “Los éxtasis de la montaña” dentro del paradigma bucólico de este trabajo obedece a que, pese a la presencia de elementos ajenos al mundo pastoril, este poemario comparte con toda la poesía bucólica de Herrera y Reissig varias características fundamentales con el género, en su expresión clásica. Aparte de la presencia, como trasfondo, de la visión pitagórica, platónica y neoplatónica de una naturaleza animada y en sintonía con los sentimientos humanos, en estos sonetos sobresalen varios rasgos característicos de la tradición bucólica. Entre ellos se cuentan un discurso poético ajeno a la moral, la ausencia de descripciones del mundo natural y, hasta cierto punto, la “mimesis” de la naturaleza en el discurso lírico sin que medie entre ambos la voz poética de un sujeto.

Si nos atenemos al precedente de Teócrito, la poesía pastoral carece de propósito moral o filosófico alguno. Teócrito describe en sus “idilios” un mundo de fantasía habitado por pastores, cabreros, ninfas y gigantes que cuentan sus cuitas amorosas mediante el verso y el canto. El universo poético de la bucólica clásica es simplemente un espacio idealizado de manera un tanto imprecisa y desvaída, pero ajeno a otra influencia que no sea la del amor en su expresión más simple y pura, y desprovisto de cualquier exceso emotivo. Los “Idilios” bucólicos de Teócrito se escriben en forma de diálogos o monólogos que relatan quejas de amadores despreciados, a menudo de personajes grotescos -cíclopes, cabreros-, mediante un lenguaje de estudiada bastedad que reproduce estilizándola el habla rústica de estos personajes (Teócrito utiliza la primera persona con estos fines, guardando siempre una distancia entre la “mimesis” de personajes y las efusiones de la voz poética); la supuesta “mimesis” del discurso y las incongruentes acciones de estos zafios y desmedidos personajes constituyen modos de provocar la hilaridad (“bathos”) de una audiencia urbana, ajena, en el espacio y el tiempo, al mundo allí recreado. Por lo demás, los “Idilios” son poemas concentrados en recrear una escena o un diálogo entre pastores sin ninguna aspiración trascendente (aunque existen lecturas alegóricas) y de la cual se ausentan problemas del mundo real o del devenir histórico. (4) Virgilio, por el contrario, amplía las fronteras de la pastoral para incluir en ellas el turbulento mundo de la política y la historia contemporánea al poeta, (5) si bien estos aspectos, ajenos hasta aquel entonces del ámbito pastoril, no ocupan sino una parte menor de su obra. Y, dada la avasalladora influencia de Virgilio a la hora de establecer las convenciones del género bucólico en las literaturas de Occidente, (la influencia de Virgilio supera ampliamente a la de cualquier otro autor, inclusive a la del mismo Teócrito, a quien imitó), la incorporación a la bucólica de los temas contemporáneos al poeta, el uso de la pastoral como texto alegórico e incluso el empleo de la primera persona de manera “sentimental” (es decir, como expresión directa de una voz poética distanciada de su entorno) pasan a formar parte importante de la tradición pastoril, aunque todavía hay críticos que disputan su validez (6).

La poesía bucólica de Herrera y Reissig parece seguir el ejemplo de Teócrito al abstenerse de mencionar en su bucólica eventos de la historia contemporánea y de la sociedad que le tocó vivir, para procurar la creación de un mundo que aspira casi a la atemporalidad, a una especie de “stasis” ya sugerida en el título mismo de “Los éxtasis de la montaña”. (7) Sí comparte Herrera y Reissig con el Mantuano la concepción del amor como una fuerza indómita y peligrosa, aunque no llega a referirse a ella como “un mal error” y prefiere regodearse en sus perturbadores efectos dentro del mundo idílico de sus pastores. Con todo, tanto “Ciles alucinada” como “La muerte del pastor” y “Los éxtasis de la montaña” están escritos de modo tal que no se muestran susceptibles a una lectura alegórica, la cual es definitivamente capaz de iluminar muchas de las “Églogas” de Virgilio (notablemente la celebérrima “Egloga IV”, en la cual algunos padres de la Iglesia creyeron ver profecías referentes al nacimiento de Cristo).

A pesar de ser la bucólica una poesía que exalta la naturaleza y describe la unión entre esta y el ser humano, la pastoral evita las descripciones extensas y objetivas del mundo natural. El paisaje natural figura en la obra de Teócrito o Virgilio tan sólo como un trasfondo implícito al coloquio bucólico: hay pasajeras y específicas menciones de árboles, flores, fuentes y nubes, todo ello a un nivel concreto, circunstancial e inmediato sin que el mismo entorno natural se constituya en objeto de reflexiones, generalizaciones o abstracciones de tipo metafísico. Las extensas descripciones de los esplendores del mundo natural y la detallada recreación del paisaje bucólico surgen a partir de la poesía latina posterior al Mantuano (i. e. Petronio y Ovidio). En la poesía medieval, las prolijas descripciones de la naturaleza ganan extrema popularidad al convertirse en uno de los tópicos favoritos de los ejercicios de retórica, hecho que contribuye a que ya formen parte de la tradición pastoril cuando esta se redescubre durante el Renacimiento. (8)

La poesía bucólica de Herrera y Reissig se atiene una vez más a los modelos clásicos dejando sentir la presencia y las fuerzas de la naturaleza sin redundar nunca en dilatadas descripciones del paisaje rural. La renuencia de Herrera y Reissig a aludir en sus poemas al paisaje de una determinada región geográfica o al empleo del llamado color local ayuda a poner de relieve las aspiraciones universales de su poesía bucólica. El mundo físico descrito en sus poemas se metamorfosea en un arquetipo de la naturaleza y la misma en un ideal del pensamiento humano; y a la creación de este arquetipo contribuyen tópicos como el amor, la paz de la vida retirada y la muerte, allí tratados junto a la belleza misma del entorno natural. Aunque alegadamente inspirados en los paisajes rurales de la región de Minas donde Herrera y Resissig pasó varias temporadas, “Los éxtasis de la montaña” difícilmente se circunscriben al paisaje uruguayo; de igual modo, el mundo físico aludido en la poesía de Teócrito y Virgilio refleja poco de los verdaderos paisajes de sus respectivos países.

El distanciamiento entre la voz poética y el texto pastoril queda logrado a través de la identificación de aquella con un discurso en la tercera persona gramatical que prescinde del uso de la primera persona. Teócrito, poeta a quien la tradición atribuye la iniciación de la poesía pastoril como género, sólo recurre a la primera persona para lograr un efecto de “mimesis” y reproducir el habla de un personaje, como queda demostrado en sus “Idilios” bucólicos. (9) Virgilio es menos escrupuloso, y en su “Égloga” X la voz del poeta utiliza la primera persona para dirigirse al lector o al oyente.

Herrera y Reissig es aun más estricto que el mismo Teócrito y ni siquiera utiliza la primera persona para recrear el habla de sus pastores y campesinos. Ahora bien, el distanciamiento entre la voz poética y el mundo poetizado en la poesía bucólica de Herrera y Reissig es más aparente que real: pese a que gramaticalmente el poeta procura mantener una distancia respecto a la naturaleza poetizada, en el plano retórico (como se verá), la subjetividad del poeta emerge a lo largo de todas sus escenas bucólicas.

En términos temáticos, la poesía pastoril de Herrera y Reissig comparte con los “Idilios” de Teócrito y con las “Bucólicas” de Virgilio una concepción mítica y sobrenatural de la naturaleza, con la cual establecen los pastores una total empatía (ya que esta si insinúa como fuerza divina, benévola y protectora del ser humano), la recreación de la vida sencilla y rústica del campo y sus habitantes más la adopción del pastor como tipo literario. En los poemas pastoriles de Herrera y Reissig, los aspectos sobrenaturales de la naturaleza ocupan un plan prominente y predomina de forma explícita una visión panteísta del universo (implícita, pero no patente ni en Teócrito ni en Virgilio), la cual, a su vez, da lugar a una realidad con frecuencia idealizada, pero también teñida de elementos prosaicos y hasta groseros, relacionados a aspectos poco elevados de la vida campesina y, excepto en las sátiras dirigidas contra el género, por lo común, ausentes de la literatura pastoril. Contrario a la poesía de Teócrito, los rasgos rústicos cultivados por el lenguaje bucólico de Herrera y Reissig no aparecen en boca de ningún deforme cíclope o de un obtuso cabrero sino que emanan de la voz poética misma, contagiando a los poemas de una desconcertante comicidad que a veces borda en la autoparodia; en otras palabras, la voz poética se apropia del “bathos” que la tradición bucólica suele poner en boca de sus zafios personajes. Desaparecen, además, los diálogos entre pastores, al dominar por completo esa misma voz poética, que mantiene una aparente distancia de la anécdota descrita pero se manifiesta a nivel retórico o discursivo. Quizás siguiendo en esto a Virgilio, el amor aparece como una fuerza ciega, instintiva, a veces inocente, a menudo destructiva y a veces, teñida de un oscuro sensualismo, cuyo potencial destructivo experimentan tanto la pastora Ciles en su desvarío como aquella que llora “La muerte del pastor” Armando.

La existencia de dichas características, tanto en “Ciles alucinada” y “La muerte del pastor” como en “Los éxtasis de la montaña” permite la inclusión de estos textos bajo la categoría de literatura bucólica. “Semejante deslinde contribuye también a aclarar el caso de la decena de poemas que constituye los “Sonetos vascos”. Aunque dichos poemas exhiben, en efecto, muchos de los rasgos formales de “Los éxtasis de la montaña”, contrario a la poesía bucólica de Herrera y Reissig, los “Sonetos vascos” no problematizan la relación entre el sur humano y la naturaleza (supuesto fundamental de la tradición bucólica), ni hacen suyos otros elementos propios de la literatura pastoril.

Dejando a un lado la filiación genérica, llama la atención que la poesía bucólica de Herrera y Reissig carezca de un estudio que aborde la problemática principal planteada en estos textos, es decir, el enfrentamiento de la idea platónica de la belleza, fundamento de la tradición pastoril, con una concepción de lo bello ajena a los principios filosóficos y religiosos del platonismo. El presente ensayo sostiene que la poesía bucólica de Herrera y Reissig propone una reescritura de la tradición pastoril a partir de los múltiples cambios experimentados por la imagen de la belleza desde finales de la ilustración hasta la consolidación de la modernidad a fines del siglo XIX; tales cambios, por lo demás, no sólo ponen en tela de juicio la conexión platónica entre lo bello y lo bueno, sino que crean una tensión entre la “mimesis” de la naturaleza, otro de los fundamentos de la tradición pastoril, y una poética revolucionaria que rechaza el concepto de la imitación y plantea la relación entre la naturaleza, el arte y el sujeto poético de una manera que favorece claramente a estos últimos.

La abolición del principio mimético se relaciona, a su vez, no sólo a la creciente autonomía o dignidad ontológica que el lenguaje artístico va adquiriendo durante la época sino a la preponderancia a una perspectiva subjetiva o “sentimental” en la génesis y en el ejercicio del acto poético. A diferencia de sus modelos clásicos, la poesía bucólica de Herrera y Reissig no adopta una perspectiva ingenua sino “sentimental”, según la famosa distinción acuñada por Schiller y que tan larga huella deja en la estética decimonónica. El carácter “sentimental” de la poesía bucólica de Herrera y Reissig no se manifiesta mediante las intervenciones de un hablante poético narcisista o egocéntrico sino gracias a la escritura de un lenguaje heterogéneo (o dialógico) reñido con el concepto platónico de la belleza y donde la alternancia de discursos incongruentes crea una pluralidad discursiva cuya función es múltiple: convertir la escritura de un texto bucólico en el producto de las facultades creadoras del poeta y no de la mera imitación servil del mundo físico, y, mediante la misma pluralidad discursiva, modernizar el discurso de la bucólica transformándolo en un instrumento de crítica y de autocrítica; en otras palabras, crear una bucólica “sentimental” capaz de criticar y parodiar temas y lugares comunes de la tradición pastoril para así reescribirlos desde la perspectiva irónica de un poeta romántico que, cuando utiliza el lenguaje para acercarse a la naturaleza, pondera críticamente la insalvable distancia entre su conciencia y el mundo físico.

Notas


* Diseño fotografía Moure-Clouzet 012

1) La palabra “bucólica” proviene del griego “boukolos” (vaquero). Sin embargo, la tradición le ha adjudicado al término una acepción mucho más amplia de la que le correspondería etimológicamente: lo mismo sucede con el vocablo “pastoral”. En este ensayo, las palabras “bucólica” y “pastoral” se usan como sinónimos para hablar de la vida rústica y sus habitantes, sean estos pastores propiamente dichos y o aldeanos y campesinos, ya que la tradición literaria también convierte los términos “búcolica”, “égloga” y “pastoral” en entidades prácticamente indistintas. El adjetivo “idílico” se utiliza para referir el estado de ánimo característico de la vida sencilla y feliz de los hombres y mujeres que están en armonía con el mundo natural, circunstancia típica de la literatura pastoril. Véase Thomas G. Rosenmeyer. “The Green Cabinet. Theocritus and the European Pastoral Lyric (Berkeley Universty of California Press, 1973), p. 8.
2) Según atestiguan los numerosos estudios dedicados a resaltar diversos elementos de esta impronta, tales como su temática y su versificación, su relación con la tradicional pastoril, la índole de su paisaje, su escenario prosaico y la proyección sentimental del poeta en el mismo. Me refiero a los siguiente artículos y estudios: Raúl Blengio Brito: “La poesía pastoril en Herrera y Ressig”, “Revista Nacional” 8, 1963; 528-538 y “Aproximación a la poesía de Herrera” (Montevideo, La casa del estudiante, 1967), Hugo Emilio Pedemonte, “Las eglogánimas de Herrera y Reissig”, “Cuadernos Hispanoamericanos” 60-61 (1964-1965): 487-501 y 78-100; Susana de Jaureguy, “El paisaje en ‘Los éxtasis de la montaña’”, “Revista de Biblioteca Nacional” 13 (1976); 63-69. Gwen Kirpatrick, “The Frenzy of Modernismo”, “The Dissonant Legacy of Modernismo” (Berkeley University of California Press, 1989) 170-202 y Carlos Ronchi March, “Julio Herrera y Reissig. ‘Los éxtasis de la montaña’”, “Nosotros” 18 (1942) 285-293.
3) En las Fuentes clásicas de la poesía bucólica de Herrera y Reissig han reparado varios estudios: Pedemonte, en un citado ensayo; Rogelio Mirza, “Julio Herrera y Reissig, Antología y Estudio Crítico” (Montevideo, Arca, 1975), pp. 40-44; y Raúl Blengio Brito, “Herrera y Reissig: del romanticismo a la vanguardia”. (Montevideo, Universidad de la Republica, 1978), pp. 78-79.
4) A. W. Bulloch, “Helenistic Poetry”, en el volumen I, parte 4 (”The Hellenistic and the Empire”) de “The Cambridge History of Classical Literature”, P. E. Easterling y B. M. W. Knox eds. (Cambridge: Cambridge University Press, 1989), pp. 30-46.
5) A. W. Bulloch, pp. 45-46.
6) Cf. Rosenmeyer, p. 16.
7) Diego Pérez Pintos: “Dos líneas fundamentales en la poesía de Julio Herrera y Reissig, en ‘Homenaje a Julio Herrera y Reissig’, Concejo Departamental de Montevideo, Dirección de Artes y Letras, 1963, p. 101.
8) Cf. Ernst Robert Curtius, “European Literature and the Latin Middle Ages”, trad. Willard R. Trask (Princeton: rinceton University Press 1963), pp. 191-198.
9) La clasificación de los treinta “Idilios” de Teócrito que sobreviven ha dado lugar a controversia: diez son con toda seguridad bucólicos (I, III, XI), pero pueden incluirse bajo esta categoría los idilios II (“La hechicera”, imitado por Virgilio) y XXI (“Los pescadores”).
10) Coincide en este punto Blengio Brito: “La poesía pastoril en Herrera y Reissig”, pág. 534.

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