
por HUGO GIOVANETTI VIOLA
un webguión seccionado en 40 episodios y escrito como base para una miniserie que producirá elMontevideano / Laboratorio de Artes
DECIMOSÉPTIMA ENTREGA
EPISODIO XVII
Primera parte del concierto de guitarra y canto lírico que ofrecen Selva Primavera y Julia en la Casa de Comedias, a sala llena y con asistencia del propio Lecor.
PRIMERA HISTORIA 1 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera terminan de retocarse el maquillaje y el peinado de tirabuzones bananeros entre cuatro candelabros de un camarín de la Casa de Comedias, y después vichan el poblamiento de la sala por el costado del telón de boca.
Julia (cuando vuelven a sentarse frente a los espejos del camarín): No lo puedo creer. Esto se va a llenar de bote a bote, mamita.
Selva Primavera: Y cómo no. Es la primera función dada por orientales desde que se fue la patria.
Julia (reafinando obsesivamente la guitarra estrellera): ¿Vendrá Lecor?
Selva Primavera: Y con el séquito, guapa. Poder echarles el ojo a todas las bonitiñas cisplatinas juntas es un manjar del cielo para los portugos. Y de paso hacen morir de envidia a los currutacos con los anteojos de teatro que dizque se usan en Río.
Julia: Pensar que en Maldonado ya ni se hacen tertulias. ¿Cómo podía soñar que iba a estar tocando aquí tan pronto?
Selva Primavera: La vida nos cumple sueños que ni siquiera supimos inventar.
En ese momento alguien llama detrás del cortinado y un mozo les entrega un ramo de rosas con una tarjeta que dice: “Ser feliz o no ser feliz. Esa es la cosa”. Edward Harley.
Julia (enrojeciendo a través del albayalde): Pero esto es Hamlet mal traducido, madre.
Selva Primavera: Queda mejor así.
SEGUNDA HISTORIA 1 / INT. NOCHE
un webguión seccionado en 40 episodios y escrito como base para una miniserie que producirá elMontevideano / Laboratorio de Artes
DECIMOSÉPTIMA ENTREGA
EPISODIO XVII
Primera parte del concierto de guitarra y canto lírico que ofrecen Selva Primavera y Julia en la Casa de Comedias, a sala llena y con asistencia del propio Lecor.
PRIMERA HISTORIA 1 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera terminan de retocarse el maquillaje y el peinado de tirabuzones bananeros entre cuatro candelabros de un camarín de la Casa de Comedias, y después vichan el poblamiento de la sala por el costado del telón de boca.
Julia (cuando vuelven a sentarse frente a los espejos del camarín): No lo puedo creer. Esto se va a llenar de bote a bote, mamita.
Selva Primavera: Y cómo no. Es la primera función dada por orientales desde que se fue la patria.
Julia (reafinando obsesivamente la guitarra estrellera): ¿Vendrá Lecor?
Selva Primavera: Y con el séquito, guapa. Poder echarles el ojo a todas las bonitiñas cisplatinas juntas es un manjar del cielo para los portugos. Y de paso hacen morir de envidia a los currutacos con los anteojos de teatro que dizque se usan en Río.
Julia: Pensar que en Maldonado ya ni se hacen tertulias. ¿Cómo podía soñar que iba a estar tocando aquí tan pronto?
Selva Primavera: La vida nos cumple sueños que ni siquiera supimos inventar.
En ese momento alguien llama detrás del cortinado y un mozo les entrega un ramo de rosas con una tarjeta que dice: “Ser feliz o no ser feliz. Esa es la cosa”. Edward Harley.
Julia (enrojeciendo a través del albayalde): Pero esto es Hamlet mal traducido, madre.
Selva Primavera: Queda mejor así.
SEGUNDA HISTORIA 1 / INT. NOCHE
Edward Harley le paga a un mozo que le trae al palco una bandeja con yemas y bizcochos bañados.
Josef (vestido con un trajecito flamante): ¿Y cuánto puedo comer?
Edward Harley: Todo lo que te plazca. Pero despacio, hijo.
Josef (metiéndose una yema entera en la boca y hablando con dificultad): Y dicen que en Purificación a veces no hay ni huevos.
Edward Harley: A tu padre lo llenaría de orgullo verte aquí. Y mejor sacá tu silla de abajo del aparato luminoso porque vas a salir con una charretera de sebo.
Josef (empujándose el bocado para tragar más rápido y señalando el telón): ¿Cómo se llaman esos caballos con alas?
Edward Harley: Pegasos.
Josef: Entonces mis hermanitas deben venir a visitarnos montadas en esos ángeles. ¿Y cómo se llama el romance que vas a regalarme?
Edward Harley: Robinson Crusoe.
Josef: ¿De qué va?
Edward Harley: De un hombre que queda completamente solo en una isla y tiene que aprender a dominar su miedo sin que nadie lo ayude.
PRIMERA HISTORIA 2 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera vuelven de vichar por segunda vez la sala donde ya hierven los murmullos y no pueden retener risitas de nerviosismo.
Julia: Aquí va a arder Troya, madre. ¿La viste a Magdalena?
Selva Primavera: Es que la ve hasta un muerto. Se compró la basquiña y la zagaleja más caras del Portón, y se atoró tanto con las ballenas del corpiño que si estornuda tendremos ciruelas a la vista.
Julia: Pero no está Paloma. Y en la cazuela no entra un alfiler.
Selva Primavera: Pero tampoco vide a Porto en el séquito. Me huele a escapadilla romeo-julietesca en el balconcito.
Julia: Qué elegante es Lecor.
Selva Primavera: Parece un yaguareté.
Julia: ¿Y cómo va a enlazar Rosita Herrera con un Barón tan vetusto? En la casa se resisten.
Selva Primavera: Lo mejor es preocuparse primero de que haya felicidad en casa.
Julia: Ahora me estás hiriendo.
Selva Primavera: Harley debe estarle enseñando a Josef a soñar con realidades.
SEGUNDA HISTORIA 2 / INT. NOCHE
Paloma y Porto conversan frente a una de las tres ventanas con barrotes que funcionan como balcones de la cazuela.
Porto: ¿Y qué fue lo que rezaste cuando nos miramos por primera vez en la catedral? Porque algo murmurabas.
Paloma: Recité dos estrofas del poema más hermoso del mundo. Porque sentí que me mirabas como el Maestro con mayúscula.
Porto: Meu coisiña. ¿Y quién es el autor del poema?
Paloma: Algunos se lo atribuyen a Santa Teresa de Jesús, pero nunca se va a saber quién lo escribió.
Porto: ¿Es literatura oral o se perdió el manuscrito?
Paloma (cerrando los ojos): Le cayó del cielo a alguien que no quiso firmarlo. Es un soneto. No me mueve mi Dios para quererte / el cielo que me tienes prometido / ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte. / Tú me mueves, Señor, muéveme el verte / clavado en una cruz y escarnecido. / Muéveme ver tu cuerpo tan herido / muévenme tus afrentas y tu muerte. / Muéveme en fin tu amor y en tal manera / que aunque no hubiera cielo yo te amara / y aunque no hubiera infierno te temiera. / No me tienes que dar porque te quiera / porque aunque lo que espero no esperara / lo mismo que te quiero te quisiera.
Porto: ¿Tan dolido me ves?
Paloma: Dolido por mi alma.
PRIMERA HISTORIA 3 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera vichan por tercera vez la sala y vuelven al camarín.
Julia: Hala. Ya caté que Artecona desenrollaba el folio del programa para subir a presentarme.
Selva Primavera: ¿Pero viste que Abreu estaba tan urgido en orinar que se dio el tupé de cruzar hasta el zaguán del norte?
Julia (reafinando las cuerdas de tripa hasta la exasperación): Abreu no orina. Mea.
Selva Primavera: Tate. El perro a su cucha. Maldito el momento en que lo nombré.
Julia: Supongo que cuando vuelva de cambiarle la caña a los nísperos al menos entrará por la puerta del frente.
Selva Primavera: No se hable más del perro. Y recuerda tañer como si estuviera yo sola escuchándote, igual que en San Fernando. Eso te reconcentra.
Julia: Ahora también hay un patilludo cortejándome desde un palco.
Selva Primavera: El patilludo te mandó unas flores y unos versos preciosos, pero todavía no tuvo tiempo de besarte la nieve del corazón.
Julia: Es verdad.
Selva Primavera: El amor es eso, Julia.
SEGUNDA HISTORIA 3 / INT. NOCHE
Artecona repasa el folio donde está escrito el programa y se incorpora en el palco que comparte con Juan Mendoza.
Artecona (sonriendo): Ya volvió Palomita a la cazuela, compadre.
Juan Mendoza: Y Porto volvió al palco lusitano.
Artecona: Y Abreu nos fue a regar el zaguán de la salida de la platea. Jamás entenderé por qué a don Cipriano de Mello no le alcanzó el esmero para construir dos aujeros con cortinillas, vamos. Tripas tranquilas, corazón contento.
Juan Mendoza: Si fuera así de fácil.
Artecona: El Siglo de las Luces se propone que todo nos sea fácil, compadre.
Juan Mendoza: Y ahora la que abandonó la cazuela es mi esposa. Hoy se le ocurrió disfrazarse de vampira.
Artecona: No piense en el amor. El mundo nuevo se está construyendo sobre las tres únicas ordenanzas sagradas del supremo raciocinio: libertad, igualdad y fraternidad.
Juan Mendoza: Y a los otros mandamientos se los manducó la guillotina.
Artecona: Es que se sufría mucho.
Juan Mendoza (cuando queda solo): Esto es amor. Quien lo vivió, lo sabe.
PRIMERA HISTORIA 4 / INT. NOCHE
Artecona espera que termine de levantarse el telón de boca y saluda al Barón de la Laguna, a los Cabildantes y al público en general con aparatosas reverencias.
Artecona: Os recibo en el nombre de la pacificación cisplatina que hoy se orna con la primera presentación concertística en este coliseo de una de las modernas guitarras de seis cuerdas concebida a fines del siglo pasado por el padre Basilio en nuestra España, y una segunda parte de canto lírico adaptado a melodías de Wolgfang Amadeus Mozart, el ya mundialmente insigne músico austríaco que, según comentó su Majestad Luis XV de la Francia, nació sabiendo música. Os presento, en primer término, a la eximia guitarrista fernandina Julia Torres Pena.
Julia (después de entrar y saludar con varias reverencias al aplauso cerrado que le ofrece la sala de velas ya bastante menguadas): Buenas noches, gobernantes y vecinos de la Muy Fiel y Reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Lo que voy a ejecutar en esta primera parte son cuatro estudios del compositor catalán Fernando Sor, ya conocido en toda Europa como el Beethoven de la guitarra.
Fragmentación de escenas con Julia tocando y el público aplaudiendo entusiasmado. Cuando la muchacha se retira, Harley corre hasta el escenario y le entrega una rosa.
Nuevo corte de escena. Julia se abraza con Selva Primavera en el camarín y corren de la mano a vichar el cambio de las velas que realizan los peones después de aflojar con cuerdas los aparatos luminosos provistos de candeleros de lata.
Julia (sin soltar la rosa recogida en el escenario): ¿Sabés por qué quería ver esto?
Selva Primavera: Adivina adivinador.
Julia: Porque siento que acaban de encenderse los fuegos de mi felicidad.
SEGUNDA HISTORIA 4 / EXT. NOCHE
Magdalena espera que el mariscal Abreu salga acomodándose la bragueta por la puertita norte y se arregla la chalina sobre el ensanchadísimo escote.
Abreu: Qué sorpresa mais dulce.
Magdalena (tapándose los ojos): ¿Enfundásteis el trabuco, gorrino?
Abreu (carcajeando): Ya veo que Sade os resucitó, bonitiña. Viva o novo mesías y que se acaben las flagelaciones sin prazer.
Magdalena: Ya me enteré de las penalidades que le hicisteis sufrir a mi esclava, calavera. Lo deberéis pagar.
Abreu: A seus órdenes, futura suegra.
Magdalena: Vais a hacer penitencia en la Casa de Ejercicios Espirituales. Y yo os guiaré en el suplicio.
Abreu: No sabéis cuánto he soñado con refocilarme entre esos vitrales sucios.
Magdalena: Ahora usía vuelva a entrar por el lado de la escalera que da al Fuerte.
Abreu (mientras adentro empieza a resonar el discurso de Artecona): Primero una caricia.
Magdalena (pegándole un rodillazo en la entrepierna después que él le mete la mano en el escote): Así me gusta, mariscal. Pecar y arrodillarse. La pasaremos de órdago.
Josef (vestido con un trajecito flamante): ¿Y cuánto puedo comer?
Edward Harley: Todo lo que te plazca. Pero despacio, hijo.
Josef (metiéndose una yema entera en la boca y hablando con dificultad): Y dicen que en Purificación a veces no hay ni huevos.
Edward Harley: A tu padre lo llenaría de orgullo verte aquí. Y mejor sacá tu silla de abajo del aparato luminoso porque vas a salir con una charretera de sebo.
Josef (empujándose el bocado para tragar más rápido y señalando el telón): ¿Cómo se llaman esos caballos con alas?
Edward Harley: Pegasos.
Josef: Entonces mis hermanitas deben venir a visitarnos montadas en esos ángeles. ¿Y cómo se llama el romance que vas a regalarme?
Edward Harley: Robinson Crusoe.
Josef: ¿De qué va?
Edward Harley: De un hombre que queda completamente solo en una isla y tiene que aprender a dominar su miedo sin que nadie lo ayude.
PRIMERA HISTORIA 2 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera vuelven de vichar por segunda vez la sala donde ya hierven los murmullos y no pueden retener risitas de nerviosismo.
Julia: Aquí va a arder Troya, madre. ¿La viste a Magdalena?
Selva Primavera: Es que la ve hasta un muerto. Se compró la basquiña y la zagaleja más caras del Portón, y se atoró tanto con las ballenas del corpiño que si estornuda tendremos ciruelas a la vista.
Julia: Pero no está Paloma. Y en la cazuela no entra un alfiler.
Selva Primavera: Pero tampoco vide a Porto en el séquito. Me huele a escapadilla romeo-julietesca en el balconcito.
Julia: Qué elegante es Lecor.
Selva Primavera: Parece un yaguareté.
Julia: ¿Y cómo va a enlazar Rosita Herrera con un Barón tan vetusto? En la casa se resisten.
Selva Primavera: Lo mejor es preocuparse primero de que haya felicidad en casa.
Julia: Ahora me estás hiriendo.
Selva Primavera: Harley debe estarle enseñando a Josef a soñar con realidades.
SEGUNDA HISTORIA 2 / INT. NOCHE
Paloma y Porto conversan frente a una de las tres ventanas con barrotes que funcionan como balcones de la cazuela.
Porto: ¿Y qué fue lo que rezaste cuando nos miramos por primera vez en la catedral? Porque algo murmurabas.
Paloma: Recité dos estrofas del poema más hermoso del mundo. Porque sentí que me mirabas como el Maestro con mayúscula.
Porto: Meu coisiña. ¿Y quién es el autor del poema?
Paloma: Algunos se lo atribuyen a Santa Teresa de Jesús, pero nunca se va a saber quién lo escribió.
Porto: ¿Es literatura oral o se perdió el manuscrito?
Paloma (cerrando los ojos): Le cayó del cielo a alguien que no quiso firmarlo. Es un soneto. No me mueve mi Dios para quererte / el cielo que me tienes prometido / ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte. / Tú me mueves, Señor, muéveme el verte / clavado en una cruz y escarnecido. / Muéveme ver tu cuerpo tan herido / muévenme tus afrentas y tu muerte. / Muéveme en fin tu amor y en tal manera / que aunque no hubiera cielo yo te amara / y aunque no hubiera infierno te temiera. / No me tienes que dar porque te quiera / porque aunque lo que espero no esperara / lo mismo que te quiero te quisiera.
Porto: ¿Tan dolido me ves?
Paloma: Dolido por mi alma.
PRIMERA HISTORIA 3 / INT. NOCHE
Julia y Selva Primavera vichan por tercera vez la sala y vuelven al camarín.
Julia: Hala. Ya caté que Artecona desenrollaba el folio del programa para subir a presentarme.
Selva Primavera: ¿Pero viste que Abreu estaba tan urgido en orinar que se dio el tupé de cruzar hasta el zaguán del norte?
Julia (reafinando las cuerdas de tripa hasta la exasperación): Abreu no orina. Mea.
Selva Primavera: Tate. El perro a su cucha. Maldito el momento en que lo nombré.
Julia: Supongo que cuando vuelva de cambiarle la caña a los nísperos al menos entrará por la puerta del frente.
Selva Primavera: No se hable más del perro. Y recuerda tañer como si estuviera yo sola escuchándote, igual que en San Fernando. Eso te reconcentra.
Julia: Ahora también hay un patilludo cortejándome desde un palco.
Selva Primavera: El patilludo te mandó unas flores y unos versos preciosos, pero todavía no tuvo tiempo de besarte la nieve del corazón.
Julia: Es verdad.
Selva Primavera: El amor es eso, Julia.
SEGUNDA HISTORIA 3 / INT. NOCHE
Artecona repasa el folio donde está escrito el programa y se incorpora en el palco que comparte con Juan Mendoza.
Artecona (sonriendo): Ya volvió Palomita a la cazuela, compadre.
Juan Mendoza: Y Porto volvió al palco lusitano.
Artecona: Y Abreu nos fue a regar el zaguán de la salida de la platea. Jamás entenderé por qué a don Cipriano de Mello no le alcanzó el esmero para construir dos aujeros con cortinillas, vamos. Tripas tranquilas, corazón contento.
Juan Mendoza: Si fuera así de fácil.
Artecona: El Siglo de las Luces se propone que todo nos sea fácil, compadre.
Juan Mendoza: Y ahora la que abandonó la cazuela es mi esposa. Hoy se le ocurrió disfrazarse de vampira.
Artecona: No piense en el amor. El mundo nuevo se está construyendo sobre las tres únicas ordenanzas sagradas del supremo raciocinio: libertad, igualdad y fraternidad.
Juan Mendoza: Y a los otros mandamientos se los manducó la guillotina.
Artecona: Es que se sufría mucho.
Juan Mendoza (cuando queda solo): Esto es amor. Quien lo vivió, lo sabe.
PRIMERA HISTORIA 4 / INT. NOCHE
Artecona espera que termine de levantarse el telón de boca y saluda al Barón de la Laguna, a los Cabildantes y al público en general con aparatosas reverencias.
Artecona: Os recibo en el nombre de la pacificación cisplatina que hoy se orna con la primera presentación concertística en este coliseo de una de las modernas guitarras de seis cuerdas concebida a fines del siglo pasado por el padre Basilio en nuestra España, y una segunda parte de canto lírico adaptado a melodías de Wolgfang Amadeus Mozart, el ya mundialmente insigne músico austríaco que, según comentó su Majestad Luis XV de la Francia, nació sabiendo música. Os presento, en primer término, a la eximia guitarrista fernandina Julia Torres Pena.
Julia (después de entrar y saludar con varias reverencias al aplauso cerrado que le ofrece la sala de velas ya bastante menguadas): Buenas noches, gobernantes y vecinos de la Muy Fiel y Reconquistadora ciudad de San Felipe y Santiago. Lo que voy a ejecutar en esta primera parte son cuatro estudios del compositor catalán Fernando Sor, ya conocido en toda Europa como el Beethoven de la guitarra.
Fragmentación de escenas con Julia tocando y el público aplaudiendo entusiasmado. Cuando la muchacha se retira, Harley corre hasta el escenario y le entrega una rosa.
Nuevo corte de escena. Julia se abraza con Selva Primavera en el camarín y corren de la mano a vichar el cambio de las velas que realizan los peones después de aflojar con cuerdas los aparatos luminosos provistos de candeleros de lata.
Julia (sin soltar la rosa recogida en el escenario): ¿Sabés por qué quería ver esto?
Selva Primavera: Adivina adivinador.
Julia: Porque siento que acaban de encenderse los fuegos de mi felicidad.
SEGUNDA HISTORIA 4 / EXT. NOCHE
Magdalena espera que el mariscal Abreu salga acomodándose la bragueta por la puertita norte y se arregla la chalina sobre el ensanchadísimo escote.
Abreu: Qué sorpresa mais dulce.
Magdalena (tapándose los ojos): ¿Enfundásteis el trabuco, gorrino?
Abreu (carcajeando): Ya veo que Sade os resucitó, bonitiña. Viva o novo mesías y que se acaben las flagelaciones sin prazer.
Magdalena: Ya me enteré de las penalidades que le hicisteis sufrir a mi esclava, calavera. Lo deberéis pagar.
Abreu: A seus órdenes, futura suegra.
Magdalena: Vais a hacer penitencia en la Casa de Ejercicios Espirituales. Y yo os guiaré en el suplicio.
Abreu: No sabéis cuánto he soñado con refocilarme entre esos vitrales sucios.
Magdalena: Ahora usía vuelva a entrar por el lado de la escalera que da al Fuerte.
Abreu (mientras adentro empieza a resonar el discurso de Artecona): Primero una caricia.
Magdalena (pegándole un rodillazo en la entrepierna después que él le mete la mano en el escote): Así me gusta, mariscal. Pecar y arrodillarse. La pasaremos de órdago.
























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