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DANTE, VIRGILIO Y BEATRIZ: TRES FIGURAS DE UNA TORMENTA EXISTENCIAL (5)


Pero Beatriz, además de figura de la Comedia, creada por Dante para un fin específico dentro de su obra, también debe considerarse en el mismo poema desde una óptica del personaje histórico que sí existió, la Beatriz de la vida real. Ángel Crespo nos dice:

“Beatriz, en efecto, tiene algo de alegoría de la sabiduría teológica y es figura del alma bienaventurada que Dante aspira a ser; y es precisamente esta última característica la que nos induce a considerar en ella un carácter realista dentro de las coordenadas de la Comedia. Etienne Gilson, discutiendo en un contexto diferente del que ahora nos ocupa, observa que no hay obstáculo en considerar que la Beatriz histórica, es decir la Bice Portinari a la que Dante amó en vida, sea la sabia Beatriz que le conduce a través de las esferas celestes, puesto que desde el punto de vista católico un bienaventurado puede, por concesión especial de Dios, entrar en contacto con los vivos para instruirlos o amonestarlos.


Y, por la misma razón, no es preciso considerar que su capacidad de resolver las cuestiones teológicas e incluso algunas de carácter filosófico planteadas por Dante haga de ella una alegoría de la sabiduría divina o la teología, y ello porque, siempre de acuerdo con la fe católica, un bienaventurado lo es, entre otras cosas, por contemplar a Dios y, en consecuencia, hacerse partícipe hasta cierto grado de su Sabiduría.


Beatriz actúa, por lo demás, como los otros bienaventurados a los que Dante se dirige y que siempre resuelven sus dudas con caritativo amor y conocimientos que no están al alcance de los teólogos. La misma Beatriz dice a Dante que escuche a las almas bienaventuradas del cielo de la Lun a como si fuesen dioses, pues sus palabras no pueden desviarse del camino de la verdad. Y todo esto está muy de acuerdo con la misión profética que Dante se atribuye y que le relaciona íntimamente, en cuanto personaje de su Comedia, con Virgilio y con Beatriz: con el primero, en cuanto poeta capaz de profetizar, y con la segunda, en cuanto ella es la fuente principal de sus revelaciones relativas al reino de los cielos y, en todo caso, su guía a través del mismo, y ello sin dejar de ser el alma de la joven florentina a la que amó en vida y a la que siguió amando después de muerta.


Y es precisamente esta riqueza de facetas de los personajes de que estamos hablando la que los convierte en creaciones insuperables de la poesía de todos los tiempos, debido a que el tratamiento poético de que son objeto es capaz de unificar todos los aspectos citados en un todo perfectamente individualizado y convincente desde el punto de vista de la caracterización de los personajes épicos”[12].


A manera de conclusión, tenemos que estas tres figuras -Dante, Virgilio y Beatriz- fueron creadas por Dante Alighieri siguiendo un propósito alegórico, que obliga a realizar análisis complejos. No solamente cumplieron el rol de alma atormentada buscando redención (Dante); símbolo de la sabiduría, guía, compañero y maestro (Virgilio); mensajera celestial, ángel, guía, confesora y redentora (Beatriz).


También esas mismas tres figuras fueron en la Comedia personajes reales, de carne y hueso, que existieron en períodos históricos específicos y cumplieron en ese mundo papeles significativos: Dante: como poeta y político. Virgilio: influyendo en la vida de una nación -el poeta de César Augusto que escribió La Eneida- y en la narrativa de la Iglesia Católica, como el profeta que vio con mucha anticipación la venida de Cristo. Beatriz: como la donna angelicata que cautivó el corazón de Dante, el poeta.


Se trata de un simbolismo que toca la fibra de la historia y tiene implicaciones políticas y religiosas muy sugestivas, sirviendo de Parodia para la sociedad medieval y sus instituciones.


Pero lo esencial es que Dante, Virgilio y Beatriz fueron las tres figuras principales que creó un hombre atormentado, para viajar hasta lo más helado del infierno; luego ascender por las siete gradas del Purgatorio y finalmente “volar” los cielos hasta el Empíreo, donde el amor resplandece para encontrarse con Dios. Un viaje que más que alegórico es existencial.


Culminado el trayecto, no tenemos cómo saber si el humano pesar de Dante -el poeta- fue aliviado con el viaje de su otro Dante, esa figura simbólica que protagoniza la Divina Comedia. Lo que sí podemos afirmar, sin temor a dudas, es que el Dante de carne y hueso, al igual que su figura en la Comedia -sí alcanzó la Inmortalidad con ese viaje.


Y nosotros le estaremos eternamente agradecidos. 

Notas

[12] Ídem. Págs. 121-122

 FUENTES consultadas para ensayo:

Libros

Dante’s Divine Comedy with Illustrations by Gustav Doré– Charwell Books, Inc. 2010.
“Eneida”. Ediciones Cátedra. Novena edición. 2004.
“Odisea”. Editorial Gredos. 1era. Edición. 2014.
CRESPO, Ángel. “Dante y su obra”. Ediciones El Acantilado.
ELIADE, Mircea. “Mitos y realidad”. Editorial Kairós. Sexta edición. 2013.
AGAMBEN Giorgio. “Profanaciones”. A. Hidalgo Editora. Cuarta edición. 2013.
JUNG, Carl G. “Escritos sobre espiritualidad y trascendencia”. Editorial Trotta. 2016.
Apuntes de clase JCSA 2016-17. Profesor Einar Goyo. Literatura Medieval. Escuela de letras. UCAB

Páginas y blogs en Internet


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Comentario de Linda Sue Grimes / Traducido por Juan Carlos Sosa Azpúrua

El amor que Dante sintió por Beatriz nunca fue de naturaleza adúltero y tampoco el tipo de amor masoquista, donde una persona sufre por alguien que no le corresponde.

Beatriz, y la idea de Beatriz, representa un ideal espiritual para el poeta, un hecho que está suficientemente demostrado en su Paraíso, en donde Beatriz sirve de guía a Dante en el cielo, tal y como el poeta Virgilio le sirvió de guía en el Infierno.

El poder del símbolo de Beatriz se puede inferir por el hecho de que al poeta le fue presentada una persona llamada Beatriz solamente dos veces durante el transcurso de su vida: la primera vez, cuando tenía nueve años de edad; y posteriormente cuando contaba con dieciocho años.

A partir del segundo encuentro con Beatriz, el poeta señaló lo siguiente: “Ella me saludó, y tal fue la virtud de ese saludo que me pareció experimentar la más elevada de las dichas”. Aunque esta fue la segunda ocasión en que se encontró a Beatriz, fue la primera donde la dama le dirigió la palabra, lo cual le causó un estado de euforia.

El poeta afirma en la “Vida Nueva” que la sensación de semejante alegría le sobrecogió y sintió que estaba dando vueltas. Tuvo que correr hacia su cuarto, fuera de las miradas del público para poder contemplar la gracia del maravilloso ser que acababa de encontrarse.

A partir de ese momento, Beatriz se transformó y conservó para Dante como un impulso inspirador de fuerza vital y amor a lo largo de toda su carrera de escritor.

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