domingo

NOCHE OSCURA (53) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.


CAPÍTULO 17 (1)

Pónese el segundo verso y explícase cómo esa oscura contemplación sea secreta.


1 / Tres propiedades conviene declarar acerca de tres vocablos que contienen el presente verso. Las dos, conviene a saber, secreta (y) escala, pertenecen a la Noche oscura de contemplación que vamos tratando; la tercera, conviene a saber, disfrazada, pertenece al alma por razón del modo que lleva en esta Noche.

Cuanto a lo primero, a esta contemplación tenebrosa, por cuanto, según habemos tocado arriba, esta es la TEOLOGÍA MÍSTICA, que llaman los teólogos sabiduría (secreta, la) cual dice Santo Tomás que se comunica e infunde en el alma por amor; lo cual acaece secretamente a oscuras de la obra del entendimiento y de las demás potencias. De donde, por cuanto las dichas potencias no la alcanzan, sino que el Espíritu Santo (la) infunde y ordena en el alma -como dice la Esposa en los Cantares (2.4)-, sin ella saberlo ni entenderlo cómo sea, se llama secreta, pero nadie, ni el mismo demonio, por cuanto el Maestro que la enseña está dentro del alma sustancialmente, donde no puede llegar el demonio, ni el sentido natural ni entendimiento.

3 / Y no sólo por esto se puede llamar secreta, sino también por los efectos que hace en el alma; porque no solamente en las tinieblas y aprietos de la purgación, cuando esta sabiduría de amor purga el alma, mas también después en la iluminación, cuando más a las claras se le comunica esta sabiduría, le es el alma tan secreta para decir y ponerle nombre para decirlo, que, demás de que ninguna gana le dé al alma de decirla, no halla modo ni manera de símil que le cuadre para poder significar inteligencia tan subida y sentimiento espiritual tan delicado. Y así, aunque más gana tuviese de decirlo y más significaciones trajese, siempre se quedaría secreto y por decir. Porque, como aquella sabiduría interior es tan sencilla y tan general y espiritual, que no entró al entendimiento envuelta ni paliada con alguna especie o imagen sujeta al sentido, de aquí es que el sentido e imaginativa, como no entró por ellas ni sintieron su traje y color, no saben dar razón ni imaginarla para decir algo de ella; aunque claramente ve que entiende y gusta aquella sabrosa y peregrina sabiduría. Bien así como el viese una cosa nunca vista cuyo semejante tampoco jamás vio, que, aunque le entendiese y gustase, no le sabría poner nombre ni decir lo que es, aunque más hiciese; y esto con ser cosa que la percibió con los sentidos, ¡cuánto menos, pues, se podrá manifestar lo que no entró por ellos! Porque esto tiene el lenguaje de Dios, que, por ser muy íntimo al alma y espiritual, en que excede todo sentido, luego hace cesar y enmudecer toda la armonía y habilidad de los sentidos exteriores e interiores.

4 / De lo cual tenemos autoridades y ejemplos en la divina Escritura. Porque la cortedad de manifestarlo y hablarlo exteriormente mostró Jeremías, cuando, habiendo Dios hablado con Él, no supo qué decir, sino A, A, A (1,6). Y la cortedad interior, esto es, del sentido interior de la imaginación, y justamente la del exterior acerca de esto, también lo manifestó Moisés delante de Dios en la zarza (Éx. 4, 10), cuando no solamente dijo a Dios que después que hablaba con Él no sabía ni acertaba a hablar, pero ni aun -según se dice en los Actos de los Apóstoles (7,32)- con la imaginación interior no se atrevía a considerar, pareciéndole que la imaginación estaba muy lejos y muda no sólo para formar algo de aquello que entendía en Dios, pero ni aun capacidad para recibir algo de ello. De donde, por cuanto la sabiduría de esta contemplación es lenguaje de Dios al alma de puro espíritu a espíritu puro, todo lo que es menos que espíritu, como son los sentidos, no lo perciben, y así le es secreto y no lo saben ni pueden decir, ni tienen gana, porque no ven cómo.
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