domingo

NOCHE OSCURA (46) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.

CAPÍTULO 13 (3)

8 / A este talle, pues, son las ansias de amor que va sintiendo esta alma cuando ya va aprovechada en esta espiritual purgación; porque de noche se levanta (esto es, en estas tinieblas purgativas) según las afecciones de la voluntad, y con las ansias y fuerzas que la leona u osa va a buscar sus cachorros cuando se los han quitado y no los halla, anda esta herida alma a buscar a su Dios; porque, como está en tinieblas, siéntese sin Él, estando muriendo de amor por Él. Y este es el amor impaciente, en que no puede durar mucho el sujeto sin recibir o morir, según el que tenía Raquel a sus hijos cuando dijo a Jacob: Dame hijos; si no, moriré (Gen. 30,1).

9 / Pero es aquí de ver cómo el alma, sintiéndose tan miserable y tan indigna de Dios, como hace aquí en estas tinieblas purgativas, tenga tan osada y atrevida fuerza para ir a juntarse con Dios.

La causa es como ya el amor le va dando fuerzas con que ame de veras, y la propiedad del amor sea quererse unir y juntar e igualar y asimilar a la cosa amada, para perfeccionarse en el bien de amor, de aquí es que, no estando esta alma perfeccionada en amor por no haber llegado a la unión, el hambre y sed que tiene de lo que le falta, que es la unión, y las fuerzas que ya el amor ha puesto en la voluntad con que la ha hecho apasionada, la haga ser osada y atrevida según la voluntad inflamada; aunque según el entendimiento, por estar a oscuras y no ilustrado, se siente indigno y se conoce miserable.

10 / No quiero dejar aquí de decir la causa por que, pues esta luz divina es siempre luz para el alma, no la da, luego que embiste en ella, la luz, como lo hace después, antes le causa las tinieblas y trabajos que habemos dicho. Algo estaba ya dicho antes de esto. Pero a este particular se responde que las tinieblas y los demás males que el alma siente cuando esta divina luz embiste, no son tinieblas ni males de la luz, sino de la misma alma, y la luz alumbra para que las vea. De donde, desde luego, le da luz esta divina luz; pero con ella no puede ver el alma primero sino lo que tiene más cerca de sí, o por mejor decir, en sí, que son sus tinieblas o miserias, las cuales ve ya por la misericordia de Dios, y antes no las veía, porque no daba en ella esta luz sobrenatural. Y esta es la causa porque al principio no siente sino tinieblas y males; mas después de purgada con el conocimiento y sentimiento de ellos, tendrá ojos para que esta luz le muestra los bienes de la luz divina. Expelidas ya todas estas tinieblas e imperfecciones del alma, ya parece que van pareciendo los provechos y bienes grandes que va consiguiendo el alma en esta dichosa Noche de contemplación.

11 / Pues, por lo dicho, queda entendido cómo Dios hace merced aquí al alma de limpiarla y curarla con este fuerte lejía y amarga purga, según la parte sensitiva y la espiritual, de todas las afecciones y hábitos imperfectos que en sí tenía acerca de lo temporal y de lo natural, sensitivo y especulativo y espiritual, oscureciéndose las potencias interiores, y vaciándoselas, acerca de todo esto, y apretándole y enjugándole las afecciones sensitivas y espirituales, y debilitándole y adelgazándole las fuerzas naturales del alma acerca de todo ello (lo cual nunca el alma por sí misma pudiera conseguir, como luego diremos), haciéndola Dios desfallecer y desnudar en esta manera a todo lo que no es Dios naturalmente, para irla vistiendo de nuevo, desnudad y desollada ya ella de su antiguo pellejo; y así, se le renueve, como el águila, su juventud (Ps. 102,5), quedando vestida del nuevo hombre, que es criado, como dice al Apóstol, según Dios (Eph. 4,24). Lo cual no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con la lumbre sobrenatural, de manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino; y ni más ni menos, informarle la voluntad de amor divino, de manera que ya no sea voluntad menos que divina, hecha y unida en uno con la divina voluntad y amor; y la memoria, ni más ni menos; y también las afecciones y apetitos todos mudados y vueltos según Dios, divinamente. Y así, esta alma será ya alma del cielo, celestial, y más divina que humana.

Todo lo cual, según se ha dio viendo por lo que habemos dicho, va Dios haciendo y obrando en ella por medio de esta Noche, ilustrándole e inflamándola divinamente con ansias de sólo Dios, y no de otra cosa alguna. Por lo cual muy justa y razonablemente añade luego el alma el tercer verso de la canción, que dice:

¡Oh dichosa ventura!,

Salí sin ser notada.
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