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SIQUEIROS, EL MURAL Y LA NINFA URUGUAYA - Alberto Moroy


Esta vez Moroy nos lleva de viaje a un tiempo glorioso en el Río de la Plata, cuando coincidían los mejores plásticos y poetas del mundo,  reunidos y agasajados por el uruguayo Natalio Botana, fundador del nuevo periodismo en esta zona del mundo. Fue Botana quien contrató a Siqueiros porque necesitaba trabajo y dio la coincidencia de que entre tantas bellezas que rodeaban al pionero, se encontraba  Blanca Luz Brum, otra uruguaya que adoraba a los artistas y a los revolucionarios, quizás simultáneamente. Tanto ruido con Frida Kalho y ni una lágrima por Blanca Luz, que era mucho más linda.  Era un momento de ebullición, cuando Perón y Evita estaban calentando los motores, en una carrera disparatada que llegó a tener a  Adolfo Hitler y Mussolini… sin olvidar a Franco, en el pelotón que corría despegado, mientras tallaban fuerte el comunismo, el anarquismo y el nacionalismo, contaminando cualquier cosa que ocurriera.  ¡Qué momento!

En cuanto al mural de Siqueiros, cualquier parecido con el de Torres García en el Hospital Saint Bois o el de Carlos Páez Vilaró en la vieja terminal de autobuses de Arenal Grande, no es coincidencia ni mucho menos. Ni Siqueiros ni Botana pudieron imaginar lo que hace el erario público con las obras de arte por estas latitudes. Al menos el de Siqueiros parece orientarse hacia un buen final. De paso, es muy justo recordar a Natalio Botana, pero muy injusto sería que no recordáramos a Constancio Vigil, otro uruguayo que hizo roncha en Argentina y en el periodismo. Vamos ahora al artículo de Alberto Moroy.

Lo que ven en la portada son solo algunos de los murales de Siqueiros (José de Jesús Alfaro Siqueiro), abajo en los videos podrán ver otros mas. La historia de hoy tiene que ver con el que pintó en Buenos Aires, inspirado por la uruguaya Blanca Luz Brum, en la casa de otro uruguayo famoso, Natalio Félix Botana, en Buenos Aires, en 1933.
Cada uno de ellos por su historia, merecería un capitulo aparte, no obstante estamos hablando de arte, de un mural y la historia que lo rodea, donde los protagonistas  son nada menos que los antes mencionados y varios otros como, Pablo Neruda, Federico Garcia Lorca. Según relatos y el diario chileno La Tercera, publicó el 28/06/2009 con el sugestivo titulo de “El dia que Neruda amo a la mujer de Siqueiros”, balandronada que solo se tolera por ser Neruda quien era.
Como si esto fuese poco, para su realización, Siqueiros eligió un notable equipo de ayudantes: Lino Enea Spilimbergo, Carlos Castagnino, Antonio Berni (eximios pintores) y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro.
Lunes, 31 de mayo, 2010
Amores cruzados, tragedias y fervor político se unen en “El mural”, filme del argentino Héctor Olivera que  aborda el período en el cual el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros vivió en Buenos Aires, donde pintó el mural “Ejercicio plástico”. La coproducción argentino-mexicana desarrolla su acción en los años 30 del siglo XX.


Siqueiros, expulsado, llega al Río de la Plata
Enfrentado con el gobierno mexicano, a principios de los años 30, Siqueiros fue expulsado de su país. Así comenzó un periplo internacional que alrededor de 1932 lo traería al Río de la Plata. La situación local no era la más propicia para el artista exiliado. No pudo concretar ninguna de las obras que realmente quería hacer (pintar un silo del puerto); y la necesidad económica apremiaba.
Apareció, entonces, Botana, que primero le ofreció algunas colaboraciones en su diario (Crítica), y luego la realización de una obra plástica en su quinta de Don Torcuato (Los Granados) donde artistas y políticos, locales y extranjeros, se daban cita en los salones diseñados por Jorge Kalnay. No faltaban las habladurías sobre aquellos encuentros, en especial los rumores sobre fiestas libertinas que se habrían realizado, precisamente, en el sótano de la vivienda. Según un investigador (Daniel Schávelzon) ese lugar era, en realidad, “el sótano donde se jugaba al póquer, el reducto secreto y sagrado del imperio de Botana, el lugar donde jamás entraban las mujeres, donde se organizaban las borracheras y transcurrían las noches discutiendo de mujeres y política. La quinta de Botana contaban con colecciones de animales exóticos, incluyendo un león cachorro, llamas, alpacas, ciervos, un cóndor y 48 clases de faisanes.



Historias de escritores

Antes del peronismo, Natalio Botana era un hombre poderoso y amigo de los lujos. Su diario Critica (300.000 ejemplares diarios, 800.000 el día de la caída de Hipólito Yrigoyen),  combinaba el sensacionalismo con las plumas de escritores como Roberto Arlt y Jorge Luis Borges. Botana, más que seguro narró sus historias sobre Masoller a Borges: era su jefe y  seguro le gustaba que lo escuchen. Botana  fue herido en esa batalla, peleando bajo las ordenes de Aparicio Saravia. Borges luego escribio “La otra muerte”.
Algunos de los hombres más lúcidos y famosos de aquellos años solían congregarse a comer asados y a mirar películas en el microcine de Villa Los Granados. En sus memorias, Pablo Neruda dedica varios párrafos a una cena en lo de Botana, en la que también estuvo Federico García Lorca. Parece que lo más interesante ocurrió tras los postres, cuando ambos poetas se escaparon al jardín acompañados por una colega “alta, rubia y vaporosa”, según recuerda Neruda, que enseguida entró en confianza. “Ya comenzaba a desvestirla, cuenta el poeta chileno, cuando advertí los ojos de Federico que nos miraban.” La curiosidad indiscreta de su amigo rompió el clima y todo terminó en nada. (Confieso que he vivido)

“¡Ay, Blanca Luz!, me haces los días para cantar; me haces las noches para callar.”
Así dijo el poeta peruano Juan Parra del Riego y la raptó del convento en donde casi niña se educaba. Fue el romance estrepitoso en el Montevideo pueblerino de los años 20. La tuberculosis se llevó  a Parra (Montevideo 1925), dejando a Blanca Luz Brum con un hijo recién nacido de seis días. La familia de Parra, integrante de la alta burguesía peruana se llevó a Blanca y a su hijito a vivir a Lima. Criada en el ambiente europeísta uruguayo, Blanca se enfrentó por vez primera con la América mestiza.
Trabó amistad con José Carlos Mariatégui, fundador del partido socialista peruano. A los 17 años, Blanca revolucionaria crea la revista “Guerrilla” y publica el libro “Levante, arte social y combate”. Nada pudo hacer la situación de la familia Parra para evitar que Blanca fuera condenada al destierro por el gobierno peruano. De regreso en Montevideo, en 1928 era considerada por los círculos intelectuales como la “reina comunista”. La Internacional Sindical Roja organizó en Montevideo el Congreso Latinoamericano de Sindicalistas. Así fue como se conocieron Blanca Luz y el delegado mejicano, David Alfaro Siqueiros.
Estos dos seres apasionados se unieron en un amor violento que llevó a Blanca al México revolucionario, a sus noches compartidas con Rivera y Frida, a integrar la trilogía de las mujeres de la revolución mejicana, Frida Khalo, Tina Modotti y Blanca Luz Brum. Preso Siqueiros, Blanca escribe su libro “Penitenciaría – Niño Perdido” (trayecto del ómnibus que llevaba a Blanca desde su domicilio al penal donde David se encontraba detenido). La cárcel y el arresto domiciliario en Taxco hacen que el Sur resulte tentador a la pareja, y emprenden rumbo a Montevideo en 1933.  El viaje tiene motivos tanto artísticos como políticos, ya que la pareja toma inmediato contacto con los partidos comunistas de Uruguay y Buenos Aires. Siqueiros había sido expulsado del Partido Comunista Mexicano e intenta mediante su actividad proselitista en América del Sur recuperar el terreno perdido en el campo político.

El rescate del mural
Natalio Botana falleció en 1941, en un accidente automovilístico. Su imperio económico apenas sobrevivió unos años y en 1948 la quinta Los Granados con su tesoro oculto en el sótano, fue parcelada y rematada. A partir de ese año se sucedieron varios dueños y litigios ligados con cuestiones de compra-venta. Salvo alguna excepción, nadie tenía idea de la riqueza patrimonial que yacía bajo los salones de la casa.
Vertieron ácido sobre sus paredes, las cubrieron de cal, clausuraron con llave el sótano, lo dejaron a merced de la humedad y el deterioro del tiempo. La obra resistió, en buena parte debido a la técnica con la que había sido realizada. “Pintada al fresco con materiales tradicionales, hoy no existiría”, comenta Ana López Quijano.
A fines de la década del 80, se hablaba del remate judicial de la quinta que, a esas alturas yacía cubierta de malezas, totalmente abandonada. Es en ese momento cuando Héctor Mendizábal, un hombre de negocios, toma conocimiento de la existencia del mural y guiado por el inmobiliario a cargo lo visita. Iluminados apenas con la luz de una vela, ambos bajaron al sótano y vieron las filtraciones de agua, las ventanas rotas, las cenizas de un fuego hecho por algún vagabundo, la suciedad tras la cual se vislumbraban rostros, miradas, torsos femeninos, cabelleras suspendidas en el agua.
Mendizábal decidió armar una sociedad para comprar el inmueble, viajó a México, se contactó con el restaurador Manuel Serrano e inició un nuevo y polémico capítulo: la extracción del mural. La compleja obra de ingeniería implicó la demolición del salón que estaba sobre el sótano y la delicada remoción de las superficies que albergaban la obra. Mientras que algunas voces cuestionan esta intervención, otras insisten en defenderla. “Cuando se lo separó de la humedad de la tierra, se detuvo su deterioro -afirma el restaurador Eduardo Guitima, presente en los trabajos realizados en aquel momento e integrante del más reciente equipo que trabajó con el Siqueiros. Así se lo comenzó a salvar”.
En 1991, desmontado en seis partes, el mural se guardó en contenedores. Iba a permanecer unos meses allí. Terminaron siendo 17 años. Entretanto, hubo denuncias de que se lo quería sacar del país, intervenciones mediáticas, acumulación de deudas, complicaciones legales, una quiebra, una nueva venta, conflictos con acreedores, abogados, discusiones sobre la propiedad de la obra.
Un descomunal atolladero jurídico y económico que amenazaba devorarse al mural. Para sacarlo del letargo fueron necesarios el acuerdo entre dos presidentes -el mexicano Felipe Calderón y la argentina Cristina Fernández de Kirchner, el aporte económico de empresas privadas mexicanas y argentinas (unos 800.000 dólares), el nombramiento de una comisión asesora, la participación de restauradores mexicanos, profesionales del taller Tarea de la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad Tecnológica Nacional y lo que los funcionarios describen como una férrea voluntad para resolver el intrincado conflicto de intereses.
En diciembre del 2010 autorizan a  pagar $ 12 millones por el mural de Siqueiros. El Gobierno Argentino dispuso ese gasto en concepto de indemnización por la expropiación de la obra.  Actualmente, el mural Ejercicio Plástico forma parte del Museo del Bicentenario, emplazado en la Aduana Taylor (hacia el lado este de la Casa Rosada), y puede ser disfrutado por todos sus visitantes, según se informa en http://www.museobicentenario.gob.ar/exposiciones-mural-historia.php
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