domingo

NOCHE OSCURA (36) - SAN JUAN DE LA CRUZ


LIBRO SEGUNDO

DE LA NOCHE OSCURA, TRÁTASE DE LA MÁS ÍNTIMA PURGACIÓN, QUE ES LA SEGUNDA NOCHE (PASIVA) DEL ESPÍRITU.

CAPÍTULO 8 (2)

3 / Y, para que más claramente se entienda, pondremos aquí una semejanza de la luz natural y común. Vemos que el rayo de sol que entra por la ventana, cuando más limpio y puro es de átomos, tanto menos claramente se ve, y cuanto más de átomos y motas tiene el aire, tanto parece más claro al ojo. La causa es porque la luz no es la que por sí misma se ve, sino el medio con que se ven las demás cosas que embiste; y entonces ella, por la reverberación que hace en ellas, también se ve, y si no diese en ellas, ni ellas ni ella se verían; de tal manera que si el rayo de sol entrase por la ventana de un aposento y pasase por otra de la otra parte por medio del aposento, como no topase en alguna cosa ni hubiese en el aire átomos en qué reverberar, no tendría el aposento más luz que antes ni el rayo se echaría de ver; antes, si bien se mirase, entonces hay más oscuridad por donde está el rayo, porque priva y oscurece algo de la otra luz, y él no se ve, porque, como habemos dicho, no hay objetos visibles en que pueda reverberar.

4 / Pues ni más ni menos hace este divino rayo de contemplación en el alma, que embistiendo en ella con su lumbre divina, excede la natural del alma, y en esto la oscurece y priva de todas las aprehensiones y afecciones naturales que antes, mediante la luz natural, aprehendía; y así, no sólo la deje oscura, sino también vacía según las potencias y apetitos, así espirituales como naturales, y, dejándola así, vacía y a oscuras, la purga e ilumina con divina luz espiritual, sin pensar el alma que la tiene, sino que está en tinieblas, como habemos dicho del rayo, que, aunque está en el medio del aposento, si está puro y no tiene en qué topar, no se ve. Pero en esta oscura luz espiritual de que está embestida el alma, cuando tiene en qué reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual y de perfección o de imperfección -por mínimo átomo que sea, o juicio de lo que es falso o verdadero-, luego lo ve y entiende mucho más claramente que antes que estuviese en estas oscuridades; y, ni más ni menos, conoce la luz que tiene espiritual para conocer con facilidad la imperfección que se le ofrece; así como cuando el rayo que habemos dicho está oscuro en el aposento, aunque él no se ve, si se ofrece pasar por él una mano o cualquier cosa, luego se ve la mano y se conoce que estaba allí aquella luz del sol.

5 / Donde, por ser esta luz espiritual tan sencilla, pura y general, no afectada ni particularizada a ningún particular inteligible, natural ni divino -pues acerca de todas estas aprehensiones tiene las potencias del alma vacías y aniquiladas-, de aquí es que con grande generalidad y facilidad conoce y penetra el alma cualquier cosa de arriba o de abajo que se ofrece; que por esto dijo el Apóstol que el espíritu todas las cosas penetra, hasta los profundos de Dios (I Cor. 2,10). Porque de esta sabiduría general y sencilla se entiende lo que (por) el Sabio dice el Espíritu Santo, es a saber: Que toca hasta doquiera por su pureza (Sap. 7,24); es a saber, porque no se particulariza a ningún particular inteligible ni afección.

Y esta es la propiedad del espíritu purgado y aniquilado acerca de todas las particularidades afecciones e inteligencias que, en este no gustar nada ni entender nada en particular, morando en su vacío y tiniebla, lo abraza todo con grande disposición. Para que se verifique en él lo de San Pablo: Nihil habentes, et omnia possidentes (2 Cor. 6,10). Porque tal bienaventuranza se debe a la pobreza de espíritu.
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